¡De huevos!


Mónaco

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Un anciano fue repudiado “en pandilla” el pasado domingo 26 en el mercado del Mónaco, por reclamar el vuelto de los huevos que compró.

Un amigo que estaba presente en ese centro comercial de la Víbora, dijo que el señor dio 35 pesos —$1,45 en moneda dura cubana— por el cartón (30 huevos) que cuesta 33 (a $1,10 cada uno). Contó además que el sujeto, después de cambiar el alimento para una bolsa de nailon, le pidió el correspondiente cambio a la vendedora y ella adujo que no tenía. Ante la insistencia del hombre de la tercera edad, que no creyó la excusa, la mujer replicó molesta y en voz alta que no era su culpa, que le reclamara al banco o al estado, que es el dueño de ambos establecimientos y que no le da fondo suficiente para cumplir debidamente con esa parte de su trabajo. La querella fue subiendo el tono, mientras las personas que estaban al sol en la cola (fila) con igual propósito, comenzaban a impacientarse.

El testigo ocular involuntario que narró el incidente —entre sorprendido e indignado—, dijo que la mayoría de los que estaban en espera para comprar comenzaron a ofender al adulto mayor, a pedirle que abandonara el lugar y a acusarlo de egoísta, saboteador, “de viejo arteriosclerótico”, mezquino, “que nadie reclama dos miserables pesos”, etc.

Cuba es un país con un alto nivel de población envejecida, cuya sociedad ha vivido en su mayoría dentro del modelo dictatorial familiar próximo a cumplir 56 años el 1 de enero de 2015. Los salarios de los cubanos son generalmente bajos —entre 400 y 500 pesos mensuales, que no alcanzan para comer treinta días—, con la excepción de los cuadros militares —que también tienen prebendas—, la seguridad social es casi simbólica y los sectores más vulnerables, junto a los niños y las mujeres, son precisamente los de la tercera edad.

El supermercado del Mónaco, que ya existía antes del triunfo de este modelo en 1959, se encuentra arruinado y lo están arreglando desde hace tiempo. Algunos vecinos del lugar dicen que por primera vez y otros que por segunda, en más de once lustros. A pesar de eso, eventualmente suministran algún producto y los trabajadores improvisan un mostrador en la puerta —para evitar que alguien entre— y ahí lo despachan. Los residentes del área alegan que es mejor que de cuando en cuando vendan algo de comida antes que lo tengan cerrado sin realizar ninguna actividad beneficiosa para la comunidad.

Al otrora comercio de mi infancia, con los años, la confiscación, el abandono y la varita trágica y destructiva del estado, le desaparecieron el torniquete, los anaqueles, parte de los cristales, los carritos de compra y su antiguo esplendor de Minimax. Debido a la carencia de productos para llenarlo y ante tanto espacio creado con la pérdida de los estantes, a algún directivo municipal o provincial se le ocurrió la idea de fabricar en él —como en otros— varios mostradores contra las paredes —en forma de U cuadrada— para convertirlos en varias bodegas y ahorrar combustible en la distribución de alimentos. Así resolvieron un problema habitacional de unas cuantas familias que ocuparon las bodegas originales y las convirtieron en viviendas. Debido al contraarte de la chapucería y a la incapacidad gubernamentales lo que fue un exitoso supermercado terminó siendo una ciudadela comercial.

Se prevé que para el 2025 la tercera parte de los moradores actuales en Cuba ya hayan arribado a la ancianidad. Por esa razón, las autoridades debieran ir bosquejando políticas y estrategias educativas que favorezcan y propicien el respeto integral a los ciudadanos como sujetos de derechos, y en ellos deben estar comprendidos, ineludiblemente, los civiles y políticos de todos los cubanos como piedra angular en la formación de valores. Ello redundará sin dudas, en el respeto interpersonal entre los miembros de una nación, en la que el estado, como fuente de poder y referente social debe dar el ejemplo. Entonces, disminuirán ostensiblemente las situaciones en que un grupo de ciudadanos o un trabajador de los servicios irrespeten públicamente a un compatriota, mucho más si se trata de un anciano.

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Disentir de un gobierno y embargar a su pueblo


Como un típico brindis con la aromática bebida de ginebra, se repetirá una vez más en New York, como cada año, la votación que condena el estadounidense embargo comercial a Cuba.

El resultado seguramente será el de siempre, porque los participantes votan también por la extraterritorialidad de la ley Helms-Burton, que con el propósito de agudizar las sanciones y castigar a los gobernantes cubanos, los ha empoderado indefinidamente. Algunos en la cúpula de gobierno celebrarán “de mentiritas” con los dirigentes y personas intermedias que no apoyan esas políticas injerencistas de aislamiento a nuestro país y después, en la privacidad de algún sitio secreto, festejarán con su selecto y reducido grupo de estrategas —quizás con menos estrellas que los generales, pero con más autoridad y privilegios— que mientras tengan éxito intrigando a favor del mantenimiento del embargo, tendrán también garantizada la permanencia en sus puestos, con sus respectivas cuotas de poder.

Por supuesto, hay que dar por descontado que a los gobernantes ni a su familia y altos oficiales y amigos les falta nada. Sin embargo —y a pesar de él—, donan hospitales, los amueblan, equipan con todo tipo de aparatos —tecnología de punta— y suministran toneladas de medicamentos. Ante esas informaciones que publica la propia televisión oficialista, junto a otros ejemplos de desprendimiento gubernamental, —demasiado le ha costado a este país y a esta sociedad la política exterior de la dictadura— muchos se preguntan dónde está el llamado bloqueo y por qué no destinan esos recursos o parte de ellos a la población cubana y a su ruinoso sistema de salud.

Sabemos de las campañas que el gobierno cubano ha desatado por el mundo en su papel de pobre David contra el gigante y bloqueador Goliat, pero detrás de la edición y postproducción de esa película hay muchos rollos que no nos dejan ver en Cuba, un guión manipulador del que solo conocemos una parte y que no plasma realmente la compleja y multifacética situación cubana.

Este año el gobierno ha desatado una gran campaña y presentará en las Naciones Unidas una larga resolución con un nombre también largo en el que exponen los daños que el embargo ha ocasionado a la sociedad cubana, cómo ha limitado su desempeño, la ha privado de tecnología, medicamentos, etc. Por supuesto, ni una sola mención al antropófago bloqueo nacional, al daño sociopolítico y antropológico que ha ocasionado la dictadura con su concentración absoluta de poder, que ha facilitado a un pequeño grupo de cubanos que ejerza el mando de forma arbitraria, inconsultamente y por tiempo indefinido. También, que se haya «tirado a Cuba por la ventana» en busca del apoyo político de diferentes países ante los organismos internacionales.

Mi posición antiembargos o antibloqueos —cubanos o extranjeros— ya está definida en escritos anteriores: me opongo a todo lo que limite o afecte la salud democrática de los pueblos y el ejercicio pleno de sus derechos y libertades. Nuestra sociedad es la que sufre las consecuencias del embargo estadounidense, no el gobierno cubano, cuya élite militar, familiares y amigos están bien posicionados en el presente y lo estarán en el futuro; con relaciones normales o no con nuestro vecino estadounidense.

Queda pues que los poderes del país norteño —como le corresponde realmente a un buen vecino— derriben el muro donde se exhiben las justificaciones del gobierno cubano y que le abra los brazos a la normalización de relaciones entre las sociedades de ambos países en un abrazo definitivamente esperanzador que nos tienda la mano en la reconstrucción y reconciliación de nuestra nación.

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Miriam para todos


Miriam

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La protagonista de esta historia no es una mujer, sino un dispositivo capaz de detectar decenas de tipos de cáncer con una gota de sangre y al que bautizaron con ese nombre femenino de origen hebreo. La brevísima información nos la da el diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el día 21, en su sección Hilodirecto, en la página 14. La nota no dice en qué país está ubicada la “nueva empresa” y si ya es comercializable esa —que devendrá indispensable— herramienta médica.

Un instrumento tan importante para la humanidad debiera tener mayor resonancia en la prensa cubana e internacional. Si ya se realizaron las pruebas de rigor y está listo para su comercialización, significaría un paso más allá del glucómetro para los diabéticos, ya que este detecta el cáncer en diferentes órganos, incluso en una etapa prematura.

Otro salto profiláctico e igualmente indispensable para la salud humana sería un aparato análogo a Miriam, pero que revele con una gota de sangre la existencia o no del virus del VIH. Ello ayudaría sin dudas a detener la propagación de ese flagelo que aún azota y diezma a la humanidad.

La omisión por parte de Granma del nombre del país y de la empresa que crearon el dispositivo, despierta suspicacia e induce a pensar que no fue en un estado cuyo presidente es amigo de los gobernantes de Cuba. De haber sido así, repetidas menciones y comparecencias habrían sobresaturado el espacio mediático cubano y el de su hermanastro Telesur con estrevistas al personal que trabajó en la creación del mismo, en la etapa incial de la investigación, cómo fue el proceso, cuáles fueron los primeros resultados de laboratorio, etc. Y todo, con la muletillosa sentencia de que gracias a la revolución tal, se obtuvo el resultado tal cual.

Ese utensilio requiere de una medicina de avanzada y bien equipada, cuyos profesionales tengan libre acceso a la información, a base de datos e intercambio de estos, a bibliografía internacional, interrelación directa y abierta en foros y eventos temáticos; y también a los diferentes métodos científicos mundiales y a medicamentos de última generación para el tratamiento de los casos que se presenten. De cualquier manera, este es un paso importantísimo que no debiera minimizarse circunscribiéndolo a la antepenúltima página de un diario. Mucho más es un país como el nuestro, donde no existe la libertad informativa y solo una minoría de la sociedad puede conectarse a internet para ahondar en un tema. El hecho de haber ideado este artilugio que según la nota “se basa en la biología molecular más moderna”, y trabajar en ese sentido es, per se, algo meritorio.

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Retos para un pensamiento analítico


Pirámide de MaslowEl modelo dictatorial de «partido único» ha conformado e impuesto igualmente un «pensamiento único» en el contexto social y político cubano y es por ello que después de casi 56 años, lega a la sociedad una lectura y resultados negativos en torno a muchos aspectos de la vida nacional.

En la actualidad no son pocos los que manifiestan públicamente su preocupación por la crisis de valores que signa a la sociedad, y así como una parte de la intelectualidad al interior de nuestro país analiza el consumo cultural, debiera debatirse también, en una misma mesa, el político. Porque la política además es cultura y es diversa, y al igual que las personas tienen derecho a consumir la expresión cultural de su preferencia —música, danza, literatura, audiovisuales, etc.—, lo tienen también de recepcionar y aceptar —o no— los proyectos políticos que les son afines de acuerdo a sus conceptos, educación, valores morales e intereses.

No es casual ni fruto de un diseño real y desinteresadamente progresista, sino más bien lo contrario, que en los regímenes dictatoriales hablen, “se preocupen” y ocupen tanto de la ‘formación’ de las personas, pues esta es la herramienta por excelencia para violarles a las sociedades el acceso a todos los temas a los que tiene derecho, adoctrinarlas, paralizarlas “por agradecimiento” y pretender cobrarles con obediencia toda la vida. Una deuda sobrevalorada que no se termina de pagar nunca de acuerdo a los intereses inmovistas y continuistas del gobierno cubano.

El estado totalitario en Cuba —dueño de los medios y centros educativos, entre otros— ha instruido a los ciudadanos acorde a su conveniencia desde 1959. La formación de las personas, que es también un proceso de diálogo, ha estado carente en nuestro país de la apertura y de los instrumentos legales que les garanticen la libertad y los derechos primero a los maestros y pedagogos para educar a un sujeto autónomo —con capacidad para discernir frente a los temas de su contexto sociopolítico y económico—, y después a la sociedad en su conjunto para ejercerlos. A los ciudadanos cubanos se les ha impuesto un modelo de partido único ignorando que aceptarlo o no es un acto de libertad en el cual las personas expresan también sus principios. Se ha desconocido así, deliberadamente, que no todos los individuos están dispuestos a aceptar el mismo proyecto político y a vivir en el mismo sistema. Desconocimiento que es a la vez, una violación de un derecho humano elemental.

Por eso se hace imprescindible la transición hacia un estado nacional democrático que garantice el ejercicio pleno de los derechos y libertades de los cubanos. Solo el pluralismo —con su libertad de expresión y de pensamiento— y la democracia —con su alternancia en el poder—, mueven a los actores comprometidos con la política a que aspiren y luchen por llegar a convencer a la mayoría de la viabilidad de sus proyectos políticos, y a los sujetos, a que elijan en elecciones al partido de su preferencia. La diversidad política es uno de los derechos que estimulan la capacidad de observación, la recepción y comparación de criterios contrastantes y el desarrollo del pensamiento analítico. Sin embargo en Cuba, durante décadas y hasta el presente sin consultas, diálogos ni consensos nacionales se ha anulado la voluntad popular y sustituido por decisiones totalitarias del grupo del poder.

Las ideas preelaboradas por las autoridades para el consumo de la población es una práctica reduccionista de la capacidad de observación social, una incongruencia con el elevado nivel de instrucción de los cubanos y una falta de respeto que disminuye a los individuos. Hay que formar a personas y entrenarlas en el uso de las herramientas cognitivas que les permitan encontrar la verdad sin limitaciones y a través de la interrogación constante. Para ello, el papel de las prensas —radial, televisiva y plana—, la familia y la escuela son fundamentales. Pero elevar el nivel de instrucción no equivale al desarrollo del pensamiento crítico. Creo que una de las tareas más urgentes del país es la promoción, estimulación y desarrollo del pensamiento crítico multidimensional —no solo al que tanto gusta a las autoridades cubanas para criticar a sus antagónicos— en los diferentes niveles del sistema educacional cubano.

Para salir de la profunda crisis sistémica en que se encuentra, Cuba necesita la contribución de todos los cubanos, algo que el gobierno no acepta, aunque —parafraseando a Martí—, sea para el bien nacional. En los últimos tiempos las autoridades parece que “promueven” la diversidad, pero sesgada o parcial —típica de los regímenes dictatoriales—, es decir, solo en lo sexual y lo cultural. Considero que hablar de diversidad sin tomar las medidas pedagógicas y antropológicas que favorezcan la formación y desarrollo de seres sociales activos, objetivos, responsables y con un cimentado pensamiento crítico —sin excluir a su contexto sociopolítico—, es una manipulación y una hipocresía.

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Entre el badajo y la nostalgia


Imagen descargada del sitio: http://www.esacademic.com/

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Carlos es un amigo naturalizado español, que regresó hace un año a Cuba luego de permanecer tres meses con la parte de su familia que reside en Florida, Estados Unidos. Volvió contento y renovado, pues gracias a la solidaria generosidad de sus parientes —cercanos y lejanos— y conocidos —viejos y nuevos— de ese estado y a su trabajo por la izquierda allá, contó como nunca antes en su vida con la cuota de tranquilidad espiritual que da tener una reserva económica. Arañó Miami y trajo todo lo que pudo de “ese maravilloso país” al que siempre quiso emigrar, pero que al fundar una familia, no poder irse con ella y pasar los años después, no le quedó más remedio que guardar ese sueño en la mochila de sus frustraciones.

Ahora está loco por regresar a la península de cuyos lugares que visitó quedó prendado por el excelente estado de sus calles, la diversidad de comercios, las gasolineras, el colorido, la limpieza y belleza al detalle de sus ciudades y la coquetería y encanto turísticos del sur de Florida en general. Dice que todo le parecía una película, un set de filmación o lo que él imaginó de niño, dada la propaganda gubernamental, que sería el comunismo. A la frase que acuñó José Martí —que vivió casi toda su vida adulta en los Estados Unidos— para referirse a ese país, «viví en el monstruo y le conozco las entrañas», Carlos le cambió el final y dice espontáneo: “lo extraño”.

Mi amigo, que está en sus cuarenta y tantos, regresó verde del badajo del monstruo, dejó el magisterio, invirtió parte del dinero que trajo y se volvió negociante. Se cansó de reuniones, sobrepolitización de las asignaturas a impartir y de la simulación. Dice que le va bien. Con su enclenque salario de maestro nunca pudo guardar un quilo prieto. Sin embargo, ya se compró un cacharro para botear, otra computadora —la primera la importó en su viaje—, un microwave, un refrigerador “tan alto y fuerte como un marine” —vendió el chino porque además de chiquito y amarillo parecía de juguete—, tiene aire acondicionado en el dormitorio y dice que ya no necesita de un familiar para ir de nuevo a los Estados Unidos; que cuenta con el dinero para pagarse el pasaje y la estancia allá. Que hasta New York no para. ¡Pero si tú no sabes inglés!, le recuerdo y él me impugna, “pero hablo los idiomas más universales de todos”. ¿Cuáles?, le pregunto y muy seguro de sí me responde: “¡el del dólar y el de señas!”

Me alegro por el nuevo Carlos, por sus ganas de vivir, su renovado vigor y su optimista y recién adquirida costumbre de hacer proyectos vacacionales. El contraste con el viejo es alto y se nota hasta de verlo caminar. Antes, era uno más que se tornaba gris en la parada del P no sé cuánto —transporte público— para llegar a casa sudoroso dos o tres horas después de todo un día de dar clases con un refresco en el estómago nada más. Incluso a veces le asignaban en la escuela tareas extracurriculares, actividades políticas como preparar el matutino, mítines por la efeméride del día, lectura de la síntesis biográfica de algún mártir de la revolución, etc. Para colmo de fastidio, una vez al mes tenía que ingerir rápido el remedo de comida que al llegar a casa inventara junto a su esposa para asistir a las nueve a la reunión del comité y escuchar las mismas consignas, planes y sobrecumplimientos fantasmas que recitan en la televisión.

Es reconfortante ver que un ciudadano, que se asfixiaba en rutinas dictatoriales aplastantes y había perdido hasta sus ilusiones entre las letras ideológicas de los libros de texto escolares, se convirtió, por obra y gracia del estímulo comercial y su talento, en un pequeño empresario vendedor y comprador de los sueños familiares y ambicioso chofer económico de su vida.

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Reciprocidad


Desde hace un tiempo los artistas cubanos residentes en el archipiélago patrio ya pueden visitar casi sin prejuicios de las autoridades la otrora tierra prohibida: Miami. Interactúan con sus compatriotas que huyeron de Cuba —a los que humillaban las autoridades por querer emigrar—, los cuales se establecieron y triunfaron allí y los de aquí van y hacen shows en programas conducidos por algunos de aquellos, que también les sirven para promocionar sus presentaciones en centros nocturnos de esa bella ciudad. A mí me parece medianamente bien, si no fuera porque pienso en los artistas y cubanos en general residentes allá. ¿Por qué no pueden venir igualmente a cantar o actuar aquí? ¿Por qué los gobernantes de Cuba no les respetan a todos el derecho a entrar libremente a su país?

Quizás hay algunos a los que no les interesa venir. Otros no querrán hacerlo mientras estén en la pasarela política nacional los dirigentes que obligaron a su familia a marcharse definitivamente de Cuba. Muchos tienen sus razones de principios que son respetables. Es probable también que haya quienes teman a las críticas y represalias de amigos y personalidades de allá que son tan intolerantes como el gobierno cubano. Pero también es posible que algunos quieran venir a cantar o a actuar en la tierra que los vio nacer —aunque fueran minoría también tienen derechos— y eso también es honorable. ¿Por qué no permitir que aparezcan en la televisión nacional, se les entreviste, promocionen sus actuaciones en los cabarets habaneros y al igual que piden que liberen a “los cinco” algunos de aquí cuando van allá, los de allá aboguen por la liberación del estadounidense Alan Gross, encarcelado aquí?

Hasta el momento, el tramposo e irrespetuoso gobierno, que casi nunca juega limpio con sus conciudadanos, condiciona que se les permita entrar a Cuba solo a los artistas de bajo perfil de Miami o del sur de Florida o a los que muestren simpatías hacia el añejo modelo político cubano o hacia su líder histórico. Y el que no las sienta, que las actúe y sea consecuente en sus comparecencias públicas con “ese papel” y que reprima su opinión y viole su propio derecho a expresarse libremente. O sea, que stanislavskee su servilismo moral como todo un profesional de la actuación, o peor, que simule como otro de los millones de cubanos casi sin derechos que viven en Cuba.

Estos guerrilleros de la política y los medios que arribaron al poder mediante las armas, timaron a la sociedad con la abolición de las estructuras democráticas y nos impusieron esta realidad de cangrejo inamovible y desalentadora, que aún sigue siendo violenta y aplastante porque impide el ejercicio pleno de todos derechos por parte de la sociedad. Pero el futuro es esperanzador y nos muestra que muchos de los que emigraron de Cuba tienen la voluntad de reconstruir a nuestro país —sin discriminaciones políticas, como en este gobierno— junto a los cubanos de adentro, como médula del mismo pueblo, e instaurar las nuevas pautas de reciprocidad ciudadana basadas en el respeto mutuo, en los valores democráticos y una cultura de diálogo y de paz, que es la mejor forma de convivencia entre los hijos de una misma nación.

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Las cajas mágicas


Caja decodificadora de TV«Más vale tarde que nunca», me dije cuando escuché que el gobierno cubano iba a comenzar a digitalizar la señal televisiva con unas cajas decodificadoras externas procedentes de China. Justo cuando publicaron que el presidente de Venezuela estaba regalando a sus compatriotas las llamadas “cajitas” para digitalizar su señal, las autoridades cubanas, cuidadosas de su imagen a nivel internacional, anunciaron que lo harían también aquí. Entonces oímos por primera vez que el apagón analógico en nuestro país sería para el 2021.

Muchos saben que detrás de esos gestos “bondadosos y desprendidos” de los regímenes dictatoriales de izquierda, hay mucha manipulación y propaganda. Generalmente es más el ruido mediático que lo que dan físicamente, y en el caso que nos ocupa, de los decodificadores que distribuyeron de forma experimental, los designados a repartirlos e instalarlos los vendían por detrás del telón. ¿Será que las autoridades quisieron crear un mercado negro coyuntural de ese producto para calcular el precio a ponerles después?

Me imagino que Cuba sea vista por una parte del mundo, en sentido general, cual holografía en una película. Se sabe que está ahí, se le mira, se le sigue en sus dimensiones noticiosas, pero siempre es recomendable que se haga con una percepción independiente, porque si se observa como simpatizante del gobierno cubano puede suceder que se mienta inconscientemente —porque se crea y defienda de buena fe lo que dicen los voceros oficiales— o que se engañe a conciencia, que es la manera de ‘ir contra el tráfico’ de la modernidad y el desarrollo humano en sus posibilidades de plenitud material y espiritual. Por eso es mejor mirar a Cuba desprejuiciadamente desde una tercera posición para —como diría el lobo de Caperucita— verla mejor.

Este mes comenzaron a vender las cajas en las tiendas recaudadoras de divisas al abusivo y aproximado precio de 38 y 48 CUCs respectivamente. No obstante, sacan pocas a la venta —según los dependientes— y por el precio y la escasez muchos se quedan con los deseos de mejorar la imagen de lo que ven en la caja mágica mayor que es su televisor. En Cuba la programación televisiva nacional desde hace mucho es mala y está sobrepolitizada. Además, solo hay seis canales y de ellos uno es para los deportes y otro para las “retransmisiones” de Telesur. Solo a su grupo de privilegiados y a algunos extranjeros les permiten tener antena satelital. Si a eso le sumamos que la señal tiene más acné que un púber, mucha llovizna y carece de la nitidez adecuada, es comprensible que muchos quieran adquirir la dichosa cajita no solo para modernizarse, que es su derecho, sino para mejorar la recepción de lo que les permiten ver.

Vale destacar que en mi país, en algunos organismos o empresas les pagan a sus trabajadores “un estímulo” de aproximadamente 10 CUCs al mes —que equivalen a 12 dólares—, siempre que en el transcurso de los 30 días el empleado no haya llegado tarde ni faltado un día al trabajo. O sea, que aun la asignación de ese importe sería una cantidad descomunal después de todo un mes de avatares personales y familiares, de estreses y de tortuosos sacrificios con el transporte público para correr detrás del palo y la zanahoria de una miserable dádiva, que más que un incentivo es una limosna y un chantaje.

Son muchos años de este alboroto teórico —azuzado, reflotado y realimentado por imitadores sudamericanos— del que todos sabemos el final que no acaba de llegar. Una conoce de los viajes no tripulados a Marte —mientras que estamos encallados en un miércoles que nos tiene casi detenidos en el tiempo—, de los drones, de internet y las NTICs en general, del coche autónomo de Google, de smartphones, tablets, relojes de pulsera con acceso al ciberespacio y en contraste, una siente que nos guían por un reloj de sol en materia tecnológica. O sea, que en muchos aspectos estamos desfasados con relación al resto del mundo.

Ojalá que para el 2021, cuando ocurra el apagón analógico en Cuba, ya haya sobrevenido el alumbrón sociopolítico y económico que nos permitirá tener libertad, un auténtico estado de derecho y recibir salarios justos por nuestro trabajo, no por los favores o decretos oportunistas y demagógicos de ninguna institución. Espero asimismo, que cuando finalmente las autoridades “les ajusten” antes de ese año el precio a los dichosos decodificadores y todos disfrutemos de transmisiones más nítidas y de mayor calidad, encendamos nuestras “cajas mágicas” sin tener que escuchar las mismas enajenantes consignas y propagandas ni oírle decir a un adulador de la prensa oficial que “gracias a la revolución” tenemos señal digitalizada de televisión.

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Sacudir lo conveniente


En los años recientes en Cuba tuvimos más noción y constancia manifiestas de la inmoralidad de las autoridades en la aplicación de las leyes cuando separaron de sus funciones a Ramón Balaguer, entonces ministro de salud pública para exonerarlo de su cuota de responsabilidad en los 28 pacientes que murieron de frío en el Hospital Siquiátrico de La Habana. Su “liberación oportuna” propició que fueran otros —la parte débil de la soga que no tiene padrinos en el gobierno— quienes pagaran los platos rotos.

Otro caso que trascendió fue el del general Rogelio Acevedo, presidente a la sazón del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba y al que dicen que sorprendieron con una maleta llena de dinero, que seguramente no era para repartir entre los pobres. El mismo incurrió en varios delitos económicos y hasta el presente, no ha trascendido que lo haya juzgado tribunal alguno. Lo depusieron de sus responsabilidades y aparentemente todo quedó en “un regañito cariñoso” por la travesura de uno de los guerrilleros de la Sierra Maestra.

Hace unos días las máximas autoridades venezolanas publicitaron una campaña para radicalizar el gobierno llamada Sacudón. Parece un feto estratégico engendrado en La Habana y cuyo proceso de parto ya se inició en Caracas. Es evidente que los mandamás cubanos quieren mantener el hocico pegado a la ubre petrolera suramericana, pero fundamentalmente pretenden crear las condiciones totalitarias para evitar que se repita el venezolanazo que estalló allí en febrero de este año —quitar el polvo del autoritario camino chavista—, que duró varios meses y cuyos capos políticos de allá, con sus abusivos extintores de la represión y los encarcelamientos injustos, lograron sofocar.

Fue gracias a Telezurda, perdón, a Telesur que supimos que el gobierno venezolano, al igual que el cubano, mueve a conveniencia su dominó. Rafael Ramírez, que fungía desde el 2004 como presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Ministro de Energía y Petróleo, fue nombrado titular de Relaciones Exteriores. Esa chapucera imitación de la dictadura cubana —no es coincidencia— apunta en el sentido de la misma inmoralidad, que eximirá a Ramírez, cual inocente palomo, de las pérdidas billonarias que hay en PDVSA. ¡Que un hijo de otro cargue con la culpa y la sentencia por corrupción, que los hombres del poder, siempre que no incurran en problemas de lealtad política, son intocables!

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Bañar al rebaño


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En las tiendas cubanas que venden en moneda convertible están ofertando jabones provenientes de Brasil. Son tan grandes que casi no caben en una jabonera ni en la mano, y el papel que los envuelve no dice en ninguna parte que sean “de tocador”. Cada uno cuesta el nada módico precio de $0,95 —aproximadamente 1,10 dólares estadounidenses— del dinero con que no les pagan a los trabajadores, aunque ya, como un favor experimental habilitaron algunas tiendas en las que se pueden comprar con cualquiera de las dos monedas que circulan en Cuba. ¿Será jabón de lavar lo que nos venden los “buena gente” del ministerio de comercio interior para bañarnos a los que a veces compramos en esos comercios?

A lo mejor el jabón es multipropósito y también lo usan para bañar a las mascotas en el país sudamericano, pero estoy segura de que si así fuera, formaría parte de una amplia variedad de diferentes marcas y calidades. Aquí, sin embargo, el monopolio estatal lo expone en una limitada y casi nula oferta para los compradores. En Cuba todas las tiendas son del gobierno y como no hay competencia, somos víctimas de una política de precios oficial cuyo mercado está enrarecido, enfermo y también es abusivo.

El jabón apenas tiene perfume y su nombre es Anafont. No sé si en la fuente brasileña de Ana usarán ese madero ni cuál será su precio, lo que sí intuyo es que si aquí lo compraron en grandes cantidades, les debe haber salido más barato. ¿O acaso fue parte de un convoy comercial? ¿Por qué equiparan su valor al de otros de más calidad? Es posible que en el monto incluyan el exagerado y nada ergonómico tamaño que hace que se nos vaya de las manos. Puede ser también que sus dimensiones estén diseñadas para facilitarles los actos de sodomia a una parte de los reclusos en la cárceles cariocas.

Está establecido que la población pague cada CUC a 25 pesos cubanos en las casas de cambio estatales destinadas a ese fin —al menos existe la posibilidad— en este país vitrina donde los salarios son una alegoría. Es más lógico y probable que el objetivo final —como viene sucediendo en la práctica—, sea el de continuar azotando a los cubanos de adentro para extorsionar, exprimir y que envíen más remesas los que viven afuera.

Parece que en el comercio, igual que en otros aspectos, las autoridades totalitarias pretenden que los cubanos continuemos pasivamente agachándonos para ver como nos violan sistemáticamente nuestros derechos.

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Nueve once


Hay pérdidas en la historia de la humanidad de las cuales las personas no se recuperan en lo personal y familiar. Siguen adelante en la vida, pero la herida originada no cicatriza. También el dolor y consiguiente duelo que acarrea una agresión terrorista a un país es, en modo superlativo, uno de ellos. Este tipo de agresiones, además de la aflicción que conlleva, despiertan la indignación de la opinión pública mundial contra el ejecutor o los autores del hecho.

El nueve once, además de un sistema de llamadas de emergencia establecido en los Estados Unidos, es el numerónimo del 11 de septiembre de 2001 (9/11), día fúnebre para casi toda la humanidad en el que asesinaron a más de tres mil personas y el mundo comprobó lo que pueden el odio visceral, la manipulación y el oportunismo político y religioso de un grupo. Esa fecha marca el doble delito del secuestro de aviones primero —que fueron usados como misiles— y el derribo de las Torres Gemelas del World Trade Center (WTC) después, en la ciudad estadounidense de New York, por el atentado terrorista suicida del movimiento yihadista Al Qaeda. Los cuatro vuelos desviados violentamente por diecinueve integrantes de esa organización terrorista ocasionaron el caos, la muerte y el dolor, aunque de los dos restantes, el destinado al Pentágono, solo alcanzó dañar una sección del edificio y el que estaba dirigido al Congreso, cayó en un campo en Pensilvania.

Muchos padres, hermanos, hijos, amigos y otros familiares esperaban —como tantos— el regreso del ser querido en uno de los vuelos que secuestraron los depredadores islámicos. Otros, sencillamente, aguardaban el retorno de los suyos del WTC después de una jornada laboral más. Nadie imaginó que el luto vestiría la historia de ese día para la eternidad.

De vez en vez algunos humanos dejan de serlo y se ponen el traje de bestias por motivos políticos, religiosos, nacionalistas, étnicos, de dominación, de intereses, etc. En lugar de preocuparse por su crecimiento espiritual y ético o por el desarrollo y bienestar de su comunidad nacional, se hunden en la fosa de los odios y en los fundamentalismos de todo tipo. Van por la vida de verdugos de supuestos males que, como sabemos, guardan relación con sus concepciones torcidas sobre la moral, la ideología, la religión y el patriotismo.

También este día, pero del año 1973, nuestro hemisferio se conmovió con el golpe de estado al socialista presidente constitucional de Chile, el Dr. Salvador Allende. El atentado militar que ignoró y pisoteó la voluntad popular, provocó que un civil, elegido democráticamente por los chilenos, se batiera durante horas, a pesar de la desventaja númerica y de conocimientos castrenses, con las armas de la valentía y del respeto al pueblo que lo eligió, contra los complotados en el golpe. Finalmente, se quitó la vida para evitar que sus contrarios hicieran un circo mediático de años de falsedades, manipularan a la opinión pública y enlodaran su nombre.

Aunque en una fecha distante, los cubanos tuvimos nuestro seis diez en el año 1976. Ese día explotó en el aire el vuelo 455 de Cubana de Aviación proveniente de Barbados en el que murieron 73 pasajeros, de ellos 57 eran cubanos, 11 guyaneses y 5 norcoreanos. Veinticuatro miembros del equipo nacional juvenil de esgrima —de los cuales varios no llegaban ni a los veinte años— regresaban a Cuba después de ganar todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe celebrado en Venezuela. Aún resplandece la gloria de sus medallas en el mar Caribe para homenajear a las víctimas inocentes y para recordarnos que forman parte del largo listado de efemérides luctuosas ensangrentadas por el terrorismo en nuestra historia continental.

No hay argumento que justifique los hechos terroristas de estado o de facciones independientes en cualquiera de sus manifestaciones —piratería, asesinato, secuestros, bombas, ciberterrorismo, etc.— para provocar alarma o caos social con fines políticos. Ni la intolerancia, la desigualdad, la injusticia, la ignorancia, la pobreza u opresión, muchos menos la religión, sirven de excusas. No hay terrorismo bueno o malo: es un látigo que nos azota a todos por igual. Ya sea el derribo de aeronaves, la colocación de bombas o el uso de aviones como armas son acciones deplorables que causan destrucción, dolor, terror e ira y deben ser castigados.

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Hablar claro y escuchar mejor


La periodista Talía González continúa conduciendo el programa de televisión “Cuba dice” que realizan para venderle la idea a una parte de la comunidad internacional de que aquí hay libertad de expresión. ¿Para qué quieren que “Cuba diga” si el gobierno no escucha ni resuelve los problemas que plantea la población?

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Bloquear los brindis


La televisora Telesur nos trajo con su dramatúrgica letanía contra los Estados Unidos, los países ricos y el capitalismo, la noticia de que Obama prorrogó un año más el embargo estadounidense a Cuba. Pienso en Castro I, en su “sesudo” y selecto equipo de asesores y algún que otro viejo dirigente del gobierno y me imagino que quizás brindaron con un whisky caro, con un espumoso champán francés, un coñac o un “quién sabe qué” traído en un vuelo especial secreto (misión alcohólica) para una ocasión como esa. La táctica del pretendido aislamiento económico de los Estados Unidos contra el gobierno de Castro afianzó su gestión ante sus cuadros y seguidores cubanos y foráneos, promovió su papel de víctimas del gigante norteño e impulsó la contraestrategia que le ha permitido culpar “al poderoso vecino” de su ineptitud y la de su equipo, de la devastación que han provocado en nuestro país y justificar su permanencia en el timón de Cuba por más de cincuenta y cinco años.

No han podido darnos más —¡pobrecitos!— por culpa del embargo americano. Como si los derechos que nos violaron por décadas y que aún nos pisotean, tuvieran alguna relación con las administraciones de la patria de Lincoln. ¿O es que el gobierno del norte influye en el caribeño? Nos castigan para chantajear al gigante norteamericano, un país con tradición liberal y amante de los valores democráticos. ¿Qué culpa tenía el bloqueo norteamericano de que el 85 por ciento de nuestros campos estuvieran llenos de marabú? La única responsabilidad de esa decisión fue del gobierno cubano. Hubo que esperar muchos años para que le dieran nuevamente la tierra a los campesinos y que la pusieran a producir. Por otra parte, parece que la carne de res también viene de allá —¿y la industria ganadera cubana?—, al igual que el pollo —¿qué pasó con las granjas avícolas nacionales?— y ni qué decir del pescado, pues aunque vivimos en un archipiélago, cualquiera pensaría que somos un país mediterráneo. ¿Se lo estarán enviando a Bolivia para apoyar la gestión del presidente de ese país, amigo de los Castro?

Los cubanos de a pie todavía sufrimos las consecuencias del bloqueo que con el pretexto del estadounidense, mantiene el gobierno antillano contra el pueblo, al que por décadas han tratado casi como a prisioneros de guerra. Pienso que por lo tanto, este afecta más a la sociedad que al gobierno, que tiene y controla los recursos del país y si algo le falta, viaja con el dinero del pueblo y lo trae del extranjero sin limitación aduanal ni requisa.

La dirección militarizada del país nos ha privado de derechos políticos, económicos, sociales y culturales todo el tiempo que han permanecido en el poder. Los cincuentenarios sofismas de que no podíamos tener negocios particulares —ahora los admiten fundamentalmente en los servicios—, entrar y salir libremente de nuestro país, ir a los hoteles o tener celulares fueron revocados por ellos mismos, evidenciando cuán falsos e injustificados eran. Pienso como muchos, que si tuvieran la voluntad política igualmente pudieran “montarse” por encima del discurso del embargo estadounidense y permitir que ejerzamos nuestros derechos civiles y políticos con plenas garantías y libertades.

A “los jeques de Cuba” les regalaron el cake del embargo las administraciones estadounidenses. Cada año estas le añaden una vela más para que “Sus Majestades” cubanas celebren que todo continúa como hace cincuentidós años y brinden por cortesía de una política foránea que ha demostrado ser inefectiva e inoperante.

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Tras la huella


Tomado de Cubanet.org

Tomado de Cubanet.org

El policiaco made in Cuba “Tras la huella”, que transmite Cubavisión (canal 6) cada domingo después de las nueve de la noche, es “el coco” audiovisual para nuestra sociedad por el mensaje atemorizante implícito en algunos de los casos y situaciones que recrea. En esa serie la policía cubana, siempre eficiente y respetuosa de los derechos de los que infringen la ley, fundamenta cada proceso investigativo hasta concluir con la reclusión del ciudadano, de acuerdo a las evidencias. ¡Qué bonito! Nada de aquel viejo esperpento legal en que “por convicción”, técnicas de espionaje o por el chivatazo de alguien, acusaban y juzgaban a cualquiera sin contemplaciones.

La guerrilla que llegó al poder en 1959, aun después de 55 años, en muchos aspectos, continúa actuando como tal. En agosto pasado retransmitieron como parte de la programación de verano, un capítulo del policiaco de marras cuyo argumento contaba el caso de una cubana —interpretada por la actriz y presentadora Edith Massola— que tenía una antena satelital por la izquierda y acceso a internet. La llamada gubernamental “lucha contra las ilegalidades” me recuerda a tantos compatriotas que cumplieron injustas condenas por poseer dólares, los cuales con el paso del tiempo permitieron que los tuviéramos todos. No se debe criminalizar lo que en muchos países libres y democráticos —hasta en los que presiden los amigos del gobierno cubano— es normal. Sí debieran sancionar a los poderes opresivos que con vanos pretextos nos prohíben que ejerzamos nuestros derechos y nos vigilan y persiguen con el mismo fin.

Por su parte, las series policiacas estadounidenses que televisan aquí han mostrado a los escritores, actores y realizadores de los bodrios policiales cubanos —también a las fuerzas del orden y a la ciudadanía en general—, cómo los gendarmes “de los malos” países capitalistas e imperialistas, respetan los derechos de los que violan las leyes y los consideran inocentes mientras no se pruebe su culpabilidad. En ellos, la independencia de poderes de las sociedades democráticas, impide que un jefe de estado u otro alto dirigente participe —ni siquiera influya— en la imposición de sanción a un acusado, como ha sucedido varias veces a lo largo de esta dictadura cubana.

Cuando muchos piensan que ya no hace falta que aprovechen hasta los policiacos para recordarle reiteradamente a nuestro sufrido pueblo lo que es vivir en una dictadura; ellos se reafirman como los dueños absolutos de los medios, continúan coaccionándonos con programas televisivos intimidatorios, atentando contra nuestra dignidad y ratificándonos que aquí el derecho jurídico apenas existe y las garantías constitucionales son casi nulas. La élite del gobierno parece integrada por personas antideportivas que no admiten competencia. Así transcurre la vida para una parte de la sociedad cubana más allá de la propaganda: como mirando a través de barrotes, discriminada, un interminable juego de béisbol gubernamental de un solo equipo.

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Impotencia en la supuesta potencia


Unos días antes del viernes, Rafa y yo habíamos buscado naranjas agrias en varios agromercados de 10 de Octubre sin resultados. En ellos daban la alternativa de limones o naranjas dulces, que como estaban ácidas, las proponían como sustitutas de las agrias. En esos lugares también venden “un intrigante aliño” en botellas recicladas de cerveza, que vale diez pesos en la devaluada moneda cubana y que están añejadas de rechazo. Hacía días que tenía las yucas (mandiocas) peladas y guardadas en un nailon en el congelador, en espera del zumo ideal para sazonarlas según nuestra cultura culinaria y paladar.

Siempre servicial, mi hijo menor, Rodney averiguó con un amigo que tiene patio de tierra con un árbol del cítrico. El viernes, a las nueve de la noche, lo llamaron para que fuera a recoger las naranjas. El patio estaba oscuro y mi hijo, que calzaba chancletas de goma, se enterró un clavo en la planta del pie. Se lo quitó, fue adonde había luz y comprobó que estaba oxidado.

Volvió a casa con los frutos del citrus aurantium y la noticia del pinchazo. Como al día siguiente era sábado, fuimos temprano con él a averiguar cuál era el procedimiento para inmunizarlo o reactivarle la vacuna contra el tétanos.

El consultorio del médico de la familia, aunque se suponía que estuviera abierto hasta el mediodía, como cada sábado, estaba cerrado. Fuimos entonces al policlínico Luis Augusto Turcios Lima, que está ubicado en Freyre de Andrade y Mayía Rodríguez. Allí nos dijeron que no podían ponerle la vacuna porque a ellos les suministran bulbos de diez dosis, que si abren uno para un caso solamente, se les echan a perder las nueve restantes; que después de abiertos tienen un periodo de validez de seis a ocho horas. Adujeron que el procedimiento habitual ante un incidente de este tipo, es que las enfermeras tengan el control de los pacientes del área que necesiten inyectarse y salgan a aplicarles una dosis del suero antitetánico a cada uno para aprovechar el contenido del recipiente. O sea, una prevención coyuntural de acuerdo a las disponibilidades del sistema de salud cubano. ¡Vaya ocurrencia!

Parece que ya no tienen unidosis —dosis única— o que ese tipo de ámpulas son destinadas al exterior, que es la prioridad del gobierno cubano para su propaganda de un sistema de salud en franca bancarrota. Es de esperar que en este país en el que han masificado hasta la desesperanza, no haya iniciativas más viables, lógicas y respetuosas con la sociedad para tratar a los ciudadanos necesitados de atención y medicación adecuadas.

Ante esta nueva insensatez de la autodenominada potencia —impotencia— médica debatimos a diferentes instancias del mismo centro y la respuesta fue siempre la misma. Nos dijeron que vayamos el lunes por la mañana, que aún hay tiempo. Preguntamos si podíamos adquirirla en farmacias, con cualquier moneda e igualmente la respuesta fue negativa. Me preocupa porque sé que estos casos son priorizables, pues es de conocimiento público que se debe aplicar la inmunización antes de las 72 horas. Les consultamos si sería viable obtenerla yendo a algún hospital y nos dijeron que perderíamos el tiempo, ya que solo los policlínicos la tienen.

En caso de complicaciones ¿a quién debo hacer responsable de la salud, el bienestar y la integridad física de mi hijo y el resto de mis familiares?

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