Mejor en un banco del parque


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Maltratado un cliente del habanero Banco Metropolitano del Mónaco, en la Víbora, este jueves, cuando solicitó una operación bancaria y le brindaron otra.

Marcos gestionó, como otras veces, la extracción de dos mil quinientos pesos cubanos para comprar cien pesos convertibles —moneda dura o CUCs— la tarde del jueves 20 de noviembre. La joven empleada que lo atendió, después de llenar el conjunto de impresos establecidos por la burocracia estatal, le entregó la cantidad requerida ¡en sellos de timbre! Sorprendido, le aclaró que él no había pedido sellos, sino CUCs. La trabajadora eludió la responsabilidad diciendo que allí no se hacía esa transacción, por lo que mi amigo mostró su libreta de banco para evidenciar cuántas veces la había hecho en esa misma sucursal. Entonces la funcionaria se excusó por la confusión y dijo que “un error lo tiene cualquiera”, pero le aclaró que el trámite no se podía deshacer; que firmara los papeles para completar la labor financiera y que se llevara los sellos. Él se negó a firmalos, pues era aceptar el maltrato y obtener, en lugar de su dinero, algo que no fue a buscar y aceptar de hecho un servicio que no pidió; y con un cambio en su tono de voz requirió la presencia de alguien responsable.

A su encuentro acudió una señora que se identificó como gerente y que, cual solución salomónica, le dijo que firmara y se llevara los sellos, que debía hacer una solicitud de devolución de los mismos y que ese proceso duraba veinte o treinta días. ¿¡Tantos días de espera para que le dieran la moneda convertible que ya había pagado!?

El protagonista de esta historia —que más bien parecía antagonista— comenzó a protestar en voz alta y exigió que lo atendiera alguien con más jerarquía. La funcionaria lo invitó a que se sentara y le informó que hablaría con su jefe para que llamara al Banco Central a ver qué se podía hacer. Mientras esperaba, mi amigo sudaba copiosamente a pesar del aire acondicionado y pensaba que hubiera sido mejor estar sentado en un banco del parque, que en una silla de esa entidad bancaria. Piensa que de haber tenido un aneurisma, se le hubiera reventado ese día.

Dos horas después, la joven del error lo llamó a la ventanilla y muy calladamente le entregó el controvertido dinero que él fue a comprar.

En Cuba, todos los bancos son del estado, que es el único autorizado para realizar todo tipo de acciones y especulaciones financieras.

Más allá de los spots propagandísticos para la televisión, que aducen cuánto se han facilitado y viabilizado los trámites bancarios, está la realidad de casos como este, que testimonian la ineficiencia del personal, el maltrato y la apatía en los servicios que tienen que sufrir los cubanos en los bancos de la capital.

 

Nota: En el momento que revisaba en la cámara la imagen que publico en este trabajo, salió una trabajadora bancaria a decirme que no podía tirar fotos allí.

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15 y 16


Cuatro años del blogNo me refiero en el título a una dirección de El Vedado, Miramar u otro barrio habanero, sino a dos días importantes para mí a mediados de noviembre, pues mi ciudad y yo estamos de cumpleaños por estos días. Mi blog cumple cuatro añitos hoy 15 y La Habana conmemora cuatrocientos noventa y cinco (495) de fundada mañana 16, día de San Cristóbal.

Mucho cuenta mi Habana en su historia centeneria —casi quingentésima—, y mi bitácora también ha narrado —y aún le falta por relatar—, fragmentos de nuestra realidad que no aparecen en las vitrinas mediáticas de la propaganda oficilista. Cuatro años de ejercicio de libertad personal que para mi satisfacción y estímulo, han despertado en otras personas interés en seguir los temas que abordo. Mi cable a tierra se volvió una expresión independiente que disfruto doblemente: al desahogarme y al recibir la compensación de comentarios favorables por hacerlo.

Gracias a todas las lindas personas que han coadyuvado a que llegara hasta aquí y también ¿por qué no? a los policiales acosadores y violadores de derechos, que a su pesar y lejos de desalentarme, estimulan mi trabajo.

Agradezco a mis cibercómplices en primer lugar y a todos los que visitan o colaboran de alguna manera con «La rosa descalza», sin los cuales no hubiera tenido el impulso de perseverar en estas lides. ¡Felicitémonos!

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Dualidad de cola y moneda


Imagen de: http://www.ultimasnoticias.com.ve/ (Clic en la imagen para ampliarla).

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¡Ahora sí que estamo’ embarca’o! Expresó disgustada una cincuentona que entró a la tienda recaudadora de divisas (TRD) de Acosta y Juan Delgado, en la Víbora y vio la cola que había para pagar en la caja. Otra, que mandaron a pasar junto al grupo de tres y animada quizás por aquella, añadió: ¡Ño, ahora sí que se juntaron el hambre y la necesidad! Nadie dijo una palabra ni se volteó a mirarlas siquiera. Las mujeres, que ya habían hecho una fila bien larga para entrar, descubrieron —como todos los que estaban allí— que la de adentro era más larga que la de afuera.

Cada vez que surten los comercios en divisas con algún producto de primera necesidad o de mucha demanda social a precios no tan excesivos a los que el estado nos tiene acostumbrados, se aglomeran las personas frente a los mismos para comprar, y cada quién con el dinero que tiene.

Desde que se dolarizó la economía en nuestro país en los 90, los cubanos comenzamos a vivir la calamidad financiera de la doble moneda. A más de veinte años de ese hecho, las autoridades, con el fin de tratar de combatir la discriminación que implica la existencia de dos dineros —el peso cubano (CUP) apenas tiene valor— y las críticas nacionales e internacionales que recibían por esa situación, autorizaron desde hace unos meses en algunas TRDs, la compra en ambas denominaciones monetarias.

Después que los consumidores escogen de los estantes los productos que desean, tienen que ir a la caja y ahí surge el gran problema: el pago en ambas monedas —peso cubano y peso cubano convertible— y el cambio que tiene que hacer la cajera para igualarles el precio a los que desembolsan CUPs y darles el cambio en el mismo dinero. Ese canje demora sobremanera la gestión de la cobradora y hace que se amontone el personal dentro y fuera de la tienda.

Por ahora “la machacadera” al cubano continúa con las carencias por un lado y el alto costo y sufrimiento adicionales para obtener algo, por otro. Eso ocurre porque el gobierno no quiere acabar de respetar verdaderamente todos los derechos de los cubanos, trabajar para crear un estado de bienestar y coadyuvar a que los ciudadanos tengan mejor remuneración por sus esfuerzos, después de casi cincuentiséis años de explotación y dictadura.

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XIV


…me puse a abrir palabras para ver que tenían dentro y descubrí la poesía.

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Halloween con ajiaco


Halloween

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Un Halloween cubano celebraron algunos residentes en comercios y casas particulares de la capital la noche de este 31 de octubre, en la que vestían ropas típicas de ese festejo que no es tradicional en nuestro país.

Muchos se sorprendieron al ver que algunos sectores sociales incorporan una festividad de origen celta, que nunca formó parte de nuestro acervo cultural. Como una iniciativa ciudadana, pero aún de manera incipiente, comienza a tomar forma esta conmemoración —Noche de Brujas, víspera del Día de Todos los Santos— que está arraigada mayormente en países anglosajones y en unos pocos latinoamericanos. Por segundo año consecutivo en algunas paladares y otros comercios gastronómicos habaneros, se proclamó el trato social independiente frente al truco estatal, quien debido a su confrontación con la iglesia cubana, abolió casi todas las fiestas católicas nacionales y las reemplazó mediante decretos dictatoriales por los aniversarios político-militares de «los brujos» que tomaron el mando en 1959.

Desde los primeros tiempos de este gobierno, el día de Los Reyes Magos, la Semana Santa, la Noche Buena y la Navidad fueron proscritos. Al mismo tiempo, aprovecharon la coincidencia histórica del 1 de enero, en que ellos se anclaron en el poder y transformaron la alegría popular por la llegada del año nuevo, en júbilo nacional por “otro aniversario del triunfo de la revolución”.

Muchas de las fechas que el gobierno promulgó como feriadas o no laborales, nada tenían de festivas. Consistían en asistir a actos públicos y manifestaciones en la Plaza Cívica —a la que renombraron Plaza de la Revolución—, para presenciar discursos de horas del máximo líder, que siempre transmitía en vivo la televisión nacional —por varios canales simultáneamente—, que a muchos nunca les interesaron —y aún hoy tampoco les importan— y a otros les parecen iguales una y otra vez.

Una fuente que pidió anonimato, le dijo a esta comunicadora que a ella le parece muy bien que las personas tomen la iniciativa de asimilar tradiciones de otros países o culturas, aunque sean paganas o importadas de gobiernos antagónicos al cubano como el de los Estados Unidos, cuyas divertidas festividades se contraponen a la tediosa marcialidad castrista.

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¡De huevos!


Mónaco

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Un anciano fue repudiado “en pandilla” el pasado domingo 26 en el mercado del Mónaco, por reclamar el vuelto de los huevos que compró.

Un amigo que estaba presente en ese centro comercial de la Víbora, dijo que el señor dio 35 pesos —$1,45 en moneda dura cubana— por el cartón (30 huevos) que cuesta 33 (a $1,10 cada uno). Contó además que el sujeto, después de cambiar el alimento para una bolsa de nailon, le pidió el correspondiente cambio a la vendedora y ella adujo que no tenía. Ante la insistencia del hombre de la tercera edad, que no creyó la excusa, la mujer replicó molesta y en voz alta que no era su culpa, que le reclamara al banco o al estado, que es el dueño de ambos establecimientos y que no le da fondo suficiente para cumplir debidamente con esa parte de su trabajo. La querella fue subiendo el tono, mientras las personas que estaban al sol en la cola (fila) con igual propósito, comenzaban a impacientarse.

El testigo ocular involuntario que narró el incidente —entre sorprendido e indignado—, dijo que la mayoría de los que estaban en espera para comprar comenzaron a ofender al adulto mayor, a pedirle que abandonara el lugar y a acusarlo de egoísta, saboteador, “de viejo arteriosclerótico”, mezquino, “que nadie reclama dos miserables pesos”, etc.

Cuba es un país con un alto nivel de población envejecida, cuya sociedad ha vivido en su mayoría dentro del modelo dictatorial familiar próximo a cumplir 56 años el 1 de enero de 2015. Los salarios de los cubanos son generalmente bajos —entre 400 y 500 pesos mensuales, que no alcanzan para comer treinta días—, con la excepción de los cuadros militares —que también tienen prebendas—, la seguridad social es casi simbólica y los sectores más vulnerables, junto a los niños y las mujeres, son precisamente los de la tercera edad.

El supermercado del Mónaco, que ya existía antes del triunfo de este modelo en 1959, se encuentra arruinado y lo están arreglando desde hace tiempo. Algunos vecinos del lugar dicen que por primera vez y otros que por segunda, en más de once lustros. A pesar de eso, eventualmente suministran algún producto y los trabajadores improvisan un mostrador en la puerta —para evitar que alguien entre— y ahí lo despachan. Los residentes del área alegan que es mejor que de cuando en cuando vendan algo de comida antes que lo tengan cerrado sin realizar ninguna actividad beneficiosa para la comunidad.

Al otrora comercio de mi infancia, con los años, la confiscación, el abandono y la varita trágica y destructiva del estado, le desaparecieron el torniquete, los anaqueles, parte de los cristales, los carritos de compra y su antiguo esplendor de Minimax. Debido a la carencia de productos para llenarlo y ante tanto espacio creado con la pérdida de los estantes, a algún directivo municipal o provincial se le ocurrió la idea de fabricar en él —como en otros— varios mostradores contra las paredes —en forma de U cuadrada— para convertirlos en varias bodegas y ahorrar combustible en la distribución de alimentos. Así resolvieron un problema habitacional de unas cuantas familias que ocuparon los comercios originales y las transformaron en viviendas. Debido al contraarte de la chapucería y a la incapacidad gubernamentales lo que fue un exitoso supermercado terminó siendo una ciudadela comercial.

Se prevé que para el 2025 la tercera parte de los moradores actuales en Cuba ya hayan arribado a la ancianidad. Por esa razón, las autoridades debieran ir bosquejando políticas y estrategias educativas que favorezcan y propicien el respeto integral a los ciudadanos como sujetos de derechos, y en ellos deben estar comprendidos, ineludiblemente, los civiles y políticos de todos los cubanos como piedra angular en la formación de valores. Ello redundará sin dudas, en el respeto interpersonal entre los miembros de una nación, en la que el estado, como fuente de poder y referente social debe dar el ejemplo. Entonces, disminuirán ostensiblemente las situaciones en que un grupo de ciudadanos o un trabajador de los servicios irrespeten públicamente a un compatriota, mucho más si se trata de un anciano.

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Disentir de un gobierno y embargar a su pueblo


Como un típico brindis con la aromática bebida de ginebra, se repetirá una vez más en New York, como cada año, la votación que condena el estadounidense embargo comercial a Cuba.

El resultado seguramente será el de siempre, porque los participantes votan también por la extraterritorialidad de la ley Helms-Burton, que con el propósito de agudizar las sanciones y castigar a los gobernantes cubanos, los ha empoderado indefinidamente. Algunos en la cúpula de gobierno celebrarán “de mentiritas” con los dirigentes y personas intermedias que no apoyan esas políticas injerencistas de aislamiento a nuestro país y después, en la privacidad de algún sitio secreto, festejarán con su selecto y reducido grupo de estrategas —quizás con menos estrellas que los generales, pero con más autoridad y privilegios— que mientras tengan éxito intrigando a favor del mantenimiento del embargo, tendrán también garantizada la permanencia en sus puestos, con sus respectivas cuotas de poder.

Por supuesto, hay que dar por descontado que a los gobernantes ni a su familia y altos oficiales y amigos les falta nada. Sin embargo —y a pesar de él—, donan hospitales, los amueblan, equipan con todo tipo de aparatos —tecnología de punta— y suministran toneladas de medicamentos. Ante esas informaciones que publica la propia televisión oficialista, junto a otros ejemplos de desprendimiento gubernamental, —demasiado le ha costado a este país y a esta sociedad la política exterior de la dictadura— muchos se preguntan dónde está el llamado bloqueo y por qué no destinan esos recursos o parte de ellos a la población cubana y a su ruinoso sistema de salud.

Sabemos de las campañas que el gobierno cubano ha desatado por el mundo en su papel de pobre David contra el gigante y bloqueador Goliat, pero detrás de la edición y postproducción de esa película hay muchos rollos que no nos dejan ver en Cuba, un guión manipulador del que solo conocemos una parte y que no plasma realmente la compleja y multifacética situación cubana.

Este año el gobierno ha desatado una gran campaña y presentará en las Naciones Unidas una larga resolución con un nombre también largo en el que exponen los daños que el embargo ha ocasionado a la sociedad cubana, cómo ha limitado su desempeño, la ha privado de tecnología, medicamentos, etc. Por supuesto, ni una sola mención al antropófago bloqueo nacional, al daño sociopolítico y antropológico que ha ocasionado la dictadura con su concentración absoluta de poder, que ha facilitado a un pequeño grupo de cubanos que ejerza el mando de forma arbitraria, inconsultamente y por tiempo indefinido. También, que se haya «tirado a Cuba por la ventana» en busca del apoyo político de diferentes países ante los organismos internacionales.

Mi posición antiembargos o antibloqueos —cubanos o extranjeros— ya está definida en escritos anteriores: me opongo a todo lo que limite o afecte la salud democrática de los pueblos y el ejercicio pleno de sus derechos y libertades. Nuestra sociedad es la que sufre las consecuencias del embargo estadounidense, no el gobierno cubano, cuya élite militar, familiares y amigos están bien posicionados en el presente y lo estarán en el futuro; con relaciones normales o no con nuestro vecino estadounidense.

Queda pues que los poderes del país norteño —como le corresponde realmente a un buen vecino— derriben el muro donde se exhiben las justificaciones del gobierno cubano y que le abra los brazos a la normalización de relaciones entre las sociedades de ambos países en un abrazo definitivamente esperanzador que nos tienda la mano en la reconstrucción y reconciliación de nuestra nación.

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Miriam para todos


Miriam

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La protagonista de esta historia no es una mujer, sino un dispositivo capaz de detectar decenas de tipos de cáncer con una gota de sangre y al que bautizaron con ese nombre femenino de origen hebreo. La brevísima información nos la da el diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el día 21, en su sección Hilodirecto, en la página 14. La nota no dice en qué país está ubicada la “nueva empresa” y si ya es comercializable esa —que devendrá indispensable— herramienta médica.

Un instrumento tan importante para la humanidad debiera tener mayor resonancia en la prensa cubana e internacional. Si ya se realizaron las pruebas de rigor y está listo para su comercialización, significaría un paso más allá del glucómetro para los diabéticos, ya que este detecta el cáncer en diferentes órganos, incluso en una etapa prematura.

Otro salto profiláctico e igualmente indispensable para la salud humana sería un aparato análogo a Miriam, pero que revele con una gota de sangre la existencia o no del virus del VIH. Ello ayudaría sin dudas a detener la propagación de ese flagelo que aún azota y diezma a la humanidad.

La omisión por parte de Granma del nombre del país y de la empresa que crearon el dispositivo, despierta suspicacia e induce a pensar que no fue en un estado cuyo presidente es amigo de los gobernantes de Cuba. De haber sido así, repetidas menciones y comparecencias habrían sobresaturado el espacio mediático cubano y el de su hermanastro Telesur con estrevistas al personal que trabajó en la creación del mismo, en la etapa incial de la investigación, cómo fue el proceso, cuáles fueron los primeros resultados de laboratorio, etc. Y todo, con la muletillosa sentencia de que gracias a la revolución tal, se obtuvo el resultado tal cual.

Ese utensilio requiere de una medicina de avanzada y bien equipada, cuyos profesionales tengan libre acceso a la información, a base de datos e intercambio de estos, a bibliografía internacional, interrelación directa y abierta en foros y eventos temáticos; y también a los diferentes métodos científicos mundiales y a medicamentos de última generación para el tratamiento de los casos que se presenten. De cualquier manera, este es un paso importantísimo que no debiera minimizarse circunscribiéndolo a la antepenúltima página de un diario. Mucho más es un país como el nuestro, donde no existe la libertad informativa y solo una minoría de la sociedad puede conectarse a internet para ahondar en un tema. El hecho de haber ideado este artilugio que según la nota “se basa en la biología molecular más moderna”, y trabajar en ese sentido es, per se, algo meritorio.

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Retos para un pensamiento analítico


Pirámide de MaslowEl modelo dictatorial de «partido único» ha conformado e impuesto igualmente un «pensamiento único» en el contexto social y político cubano y es por ello que después de casi 56 años, lega a la sociedad una lectura y resultados negativos en torno a muchos aspectos de la vida nacional.

En la actualidad no son pocos los que manifiestan públicamente su preocupación por la crisis de valores que signa a la sociedad, y así como una parte de la intelectualidad al interior de nuestro país analiza el consumo cultural, debiera debatirse también, en una misma mesa, el político. Porque la política además es cultura y es diversa, y al igual que las personas tienen derecho a consumir la expresión cultural de su preferencia —música, danza, literatura, audiovisuales, etc.—, lo tienen también de recepcionar y aceptar —o no— los proyectos políticos que les son afines de acuerdo a sus conceptos, educación, valores morales e intereses.

No es casual ni fruto de un diseño real y desinteresadamente progresista, sino más bien lo contrario, que en los regímenes dictatoriales hablen, “se preocupen” y ocupen tanto de la ‘formación’ de las personas, pues esta es la herramienta por excelencia para violarles a las sociedades el acceso a todos los temas a los que tiene derecho, adoctrinarlas, paralizarlas “por agradecimiento” y pretender cobrarles con obediencia toda la vida. Una deuda sobrevalorada que no se termina de pagar nunca de acuerdo a los intereses inmovistas y continuistas del gobierno cubano.

El estado totalitario en Cuba —dueño de los medios y centros educativos, entre otros— ha instruido a los ciudadanos acorde a su conveniencia desde 1959. La formación de las personas, que es también un proceso de diálogo, ha estado carente en nuestro país de la apertura y de los instrumentos legales que les garanticen la libertad y los derechos primero a los maestros y pedagogos para educar a un sujeto autónomo —con capacidad para discernir frente a los temas de su contexto sociopolítico y económico—, y después a la sociedad en su conjunto para ejercerlos. A los ciudadanos cubanos se les ha impuesto un modelo de partido único ignorando que aceptarlo o no es un acto de libertad en el cual las personas expresan también sus principios. Se ha desconocido así, deliberadamente, que no todos los individuos están dispuestos a aceptar el mismo proyecto político y a vivir en el mismo sistema. Desconocimiento que es a la vez, una violación de un derecho humano elemental.

Por eso se hace imprescindible la transición hacia un estado nacional democrático que garantice el ejercicio pleno de los derechos y libertades de los cubanos. Solo el pluralismo —con su libertad de expresión y de pensamiento— y la democracia —con su alternancia en el poder—, mueven a los actores comprometidos con la política a que aspiren y luchen por llegar a convencer a la mayoría de la viabilidad de sus proyectos políticos, y a los sujetos, a que elijan en elecciones al partido de su preferencia. La diversidad política es uno de los derechos que estimulan la capacidad de observación, la recepción y comparación de criterios contrastantes y el desarrollo del pensamiento analítico. Sin embargo en Cuba, durante décadas y hasta el presente sin consultas, diálogos ni consensos nacionales se ha anulado la voluntad popular y sustituido por decisiones totalitarias del grupo del poder.

Las ideas preelaboradas por las autoridades para el consumo de la población es una práctica reduccionista de la capacidad de observación social, una incongruencia con el elevado nivel de instrucción de los cubanos y una falta de respeto que disminuye a los individuos. Hay que formar a personas y entrenarlas en el uso de las herramientas cognitivas que les permitan encontrar la verdad sin limitaciones y a través de la interrogación constante. Para ello, el papel de las prensas —radial, televisiva y plana—, la familia y la escuela son fundamentales. Pero elevar el nivel de instrucción no equivale al desarrollo del pensamiento crítico. Creo que una de las tareas más urgentes del país es la promoción, estimulación y desarrollo del pensamiento crítico multidimensional —no solo al que tanto gusta a las autoridades cubanas para criticar a sus antagónicos— en los diferentes niveles del sistema educacional cubano.

Para salir de la profunda crisis sistémica en que se encuentra, Cuba necesita la contribución de todos los cubanos, algo que el gobierno no acepta, aunque —parafraseando a Martí—, sea para el bien nacional. En los últimos tiempos las autoridades parece que “promueven” la diversidad, pero sesgada o parcial —típica de los regímenes dictatoriales—, es decir, solo en lo sexual y lo cultural. Considero que hablar de diversidad sin tomar las medidas pedagógicas y antropológicas que favorezcan la formación y desarrollo de seres sociales activos, objetivos, responsables y con un cimentado pensamiento crítico —sin excluir a su contexto sociopolítico—, es una manipulación y una hipocresía.

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Entre el badajo y la nostalgia


Imagen descargada del sitio: http://www.esacademic.com/

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Carlos es un amigo naturalizado español, que regresó hace un año a Cuba luego de permanecer tres meses con la parte de su familia que reside en Florida, Estados Unidos. Volvió contento y renovado, pues gracias a la solidaria generosidad de sus parientes —cercanos y lejanos— y conocidos —viejos y nuevos— de ese estado y a su trabajo por la izquierda allá, contó como nunca antes en su vida con la cuota de tranquilidad espiritual que da tener una reserva económica. Arañó Miami y trajo todo lo que pudo de “ese maravilloso país” al que siempre quiso emigrar, pero que al fundar una familia, no poder irse con ella y pasar los años después, no le quedó más remedio que guardar ese sueño en la mochila de sus frustraciones.

Ahora está loco por regresar a la península de cuyos lugares que visitó quedó prendado por el excelente estado de sus calles, la diversidad de comercios, las gasolineras, el colorido, la limpieza y belleza al detalle de sus ciudades y la coquetería y encanto turísticos del sur de Florida en general. Dice que todo le parecía una película, un set de filmación o lo que él imaginó de niño, dada la propaganda gubernamental, que sería el comunismo. A la frase que acuñó José Martí —que vivió casi toda su vida adulta en los Estados Unidos— para referirse a ese país, «viví en el monstruo y le conozco las entrañas», Carlos le cambió el final y dice espontáneo: “lo extraño”.

Mi amigo, que está en sus cuarenta y tantos, regresó verde del badajo del monstruo, dejó el magisterio, invirtió parte del dinero que trajo y se volvió negociante. Se cansó de reuniones, sobrepolitización de las asignaturas a impartir y de la simulación. Dice que le va bien. Con su enclenque salario de maestro nunca pudo guardar un quilo prieto. Sin embargo, ya se compró un cacharro para botear, otra computadora —la primera la importó en su viaje—, un microwave, un refrigerador “tan alto y fuerte como un marine” —vendió el chino porque además de chiquito y amarillo parecía de juguete—, tiene aire acondicionado en el dormitorio y dice que ya no necesita de un familiar para ir de nuevo a los Estados Unidos; que cuenta con el dinero para pagarse el pasaje y la estancia allá. Que hasta New York no para. ¡Pero si tú no sabes inglés!, le recuerdo y él me impugna, “pero hablo los idiomas más universales de todos”. ¿Cuáles?, le pregunto y muy seguro de sí me responde: “¡el del dólar y el de señas!”

Me alegro por el nuevo Carlos, por sus ganas de vivir, su renovado vigor y su optimista y recién adquirida costumbre de hacer proyectos vacacionales. El contraste con el viejo es alto y se nota hasta de verlo caminar. Antes, era uno más que se tornaba gris en la parada del P no sé cuánto —transporte público— para llegar a casa sudoroso dos o tres horas después de todo un día de dar clases con un refresco en el estómago nada más. Incluso a veces le asignaban en la escuela tareas extracurriculares, actividades políticas como preparar el matutino, mítines por la efeméride del día, lectura de la síntesis biográfica de algún mártir de la revolución, etc. Para colmo de fastidio, una vez al mes tenía que ingerir rápido el remedo de comida que al llegar a casa inventara junto a su esposa para asistir a las nueve a la reunión del comité y escuchar las mismas consignas, planes y sobrecumplimientos fantasmas que recitan en la televisión.

Es reconfortante ver que un ciudadano, que se asfixiaba en rutinas dictatoriales aplastantes y había perdido hasta sus ilusiones entre las letras ideológicas de los libros de texto escolares, se convirtió, por obra y gracia del estímulo comercial y su talento, en un pequeño empresario vendedor y comprador de los sueños familiares y ambicioso chofer económico de su vida.

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Reciprocidad


Desde hace un tiempo los artistas cubanos residentes en el archipiélago patrio ya pueden visitar casi sin prejuicios de las autoridades la otrora tierra prohibida: Miami. Interactúan con sus compatriotas que huyeron de Cuba —a los que humillaban las autoridades por querer emigrar—, los cuales se establecieron y triunfaron allí y los de aquí van y hacen shows en programas conducidos por algunos de aquellos, que también les sirven para promocionar sus presentaciones en centros nocturnos de esa bella ciudad. A mí me parece medianamente bien, si no fuera porque pienso en los artistas y cubanos en general residentes allá. ¿Por qué no pueden venir igualmente a cantar o actuar aquí? ¿Por qué los gobernantes de Cuba no les respetan a todos el derecho a entrar libremente a su país?

Quizás hay algunos a los que no les interesa venir. Otros no querrán hacerlo mientras estén en la pasarela política nacional los dirigentes que obligaron a su familia a marcharse definitivamente de Cuba. Muchos tienen sus razones de principios que son respetables. Es probable también que haya quienes teman a las críticas y represalias de amigos y personalidades de allá que son tan intolerantes como el gobierno cubano. Pero también es posible que algunos quieran venir a cantar o a actuar en la tierra que los vio nacer —aunque fueran minoría también tienen derechos— y eso también es honorable. ¿Por qué no permitir que aparezcan en la televisión nacional, se les entreviste, promocionen sus actuaciones en los cabarets habaneros y al igual que piden que liberen a “los cinco” algunos de aquí cuando van allá, los de allá aboguen por la liberación del estadounidense Alan Gross, encarcelado aquí?

Hasta el momento, el tramposo e irrespetuoso gobierno, que casi nunca juega limpio con sus conciudadanos, condiciona que se les permita entrar a Cuba solo a los artistas de bajo perfil de Miami o del sur de Florida o a los que muestren simpatías hacia el añejo modelo político cubano o hacia su líder histórico. Y el que no las sienta, que las actúe y sea consecuente en sus comparecencias públicas con “ese papel” y que reprima su opinión y viole su propio derecho a expresarse libremente. O sea, que stanislavskee su servilismo moral como todo un profesional de la actuación, o peor, que simule como otro de los millones de cubanos casi sin derechos que viven en Cuba.

Estos guerrilleros de la política y los medios que arribaron al poder mediante las armas, timaron a la sociedad con la abolición de las estructuras democráticas y nos impusieron esta realidad de cangrejo inamovible y desalentadora, que aún sigue siendo violenta y aplastante porque impide el ejercicio pleno de todos derechos por parte de la sociedad. Pero el futuro es esperanzador y nos muestra que muchos de los que emigraron de Cuba tienen la voluntad de reconstruir a nuestro país —sin discriminaciones políticas, como en este gobierno— junto a los cubanos de adentro, como médula del mismo pueblo, e instaurar las nuevas pautas de reciprocidad ciudadana basadas en el respeto mutuo, en los valores democráticos y una cultura de diálogo y de paz, que es la mejor forma de convivencia entre los hijos de una misma nación.

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Las cajas mágicas


Caja decodificadora de TV«Más vale tarde que nunca», me dije cuando escuché que el gobierno cubano iba a comenzar a digitalizar la señal televisiva con unas cajas decodificadoras externas procedentes de China. Justo cuando publicaron que el presidente de Venezuela estaba regalando a sus compatriotas las llamadas “cajitas” para digitalizar su señal, las autoridades cubanas, cuidadosas de su imagen a nivel internacional, anunciaron que lo harían también aquí. Entonces oímos por primera vez que el apagón analógico en nuestro país sería para el 2021.

Muchos saben que detrás de esos gestos “bondadosos y desprendidos” de los regímenes dictatoriales de izquierda, hay mucha manipulación y propaganda. Generalmente es más el ruido mediático que lo que dan físicamente, y en el caso que nos ocupa, de los decodificadores que distribuyeron de forma experimental, los designados a repartirlos e instalarlos los vendían por detrás del telón. ¿Será que las autoridades quisieron crear un mercado negro coyuntural de ese producto para calcular el precio a ponerles después?

Me imagino que Cuba sea vista por una parte del mundo, en sentido general, cual holografía en una película. Se sabe que está ahí, se le mira, se le sigue en sus dimensiones noticiosas, pero siempre es recomendable que se haga con una percepción independiente, porque si se observa como simpatizante del gobierno cubano puede suceder que se mienta inconscientemente —porque se crea y defienda de buena fe lo que dicen los voceros oficiales— o que se engañe a conciencia, que es la manera de ‘ir contra el tráfico’ de la modernidad y el desarrollo humano en sus posibilidades de plenitud material y espiritual. Por eso es mejor mirar a Cuba desprejuiciadamente desde una tercera posición para —como diría el lobo de Caperucita— verla mejor.

Este mes comenzaron a vender las cajas en las tiendas recaudadoras de divisas al abusivo y aproximado precio de 38 y 48 CUCs respectivamente. No obstante, sacan pocas a la venta —según los dependientes— y por el precio y la escasez muchos se quedan con los deseos de mejorar la imagen de lo que ven en la caja mágica mayor que es su televisor. En Cuba la programación televisiva nacional desde hace mucho es mala y está sobrepolitizada. Además, solo hay seis canales y de ellos uno es para los deportes y otro para las “retransmisiones” de Telesur. Solo a su grupo de privilegiados y a algunos extranjeros les permiten tener antena satelital. Si a eso le sumamos que la señal tiene más acné que un púber, mucha llovizna y carece de la nitidez adecuada, es comprensible que muchos quieran adquirir la dichosa cajita no solo para modernizarse, que es su derecho, sino para mejorar la recepción de lo que les permiten ver.

Vale destacar que en mi país, en algunos organismos o empresas les pagan a sus trabajadores “un estímulo” de aproximadamente 10 CUCs al mes —que equivalen a 12 dólares—, siempre que en el transcurso de los 30 días el empleado no haya llegado tarde ni faltado un día al trabajo. O sea, que aun la asignación de ese importe sería una cantidad descomunal después de todo un mes de avatares personales y familiares, de estreses y de tortuosos sacrificios con el transporte público para correr detrás del palo y la zanahoria de una miserable dádiva, que más que un incentivo es una limosna y un chantaje.

Son muchos años de este alboroto teórico —azuzado, reflotado y realimentado por imitadores sudamericanos— del que todos sabemos el final que no acaba de llegar. Una conoce de los viajes no tripulados a Marte —mientras que estamos encallados en un miércoles que nos tiene casi detenidos en el tiempo—, de los drones, de internet y las NTICs en general, del coche autónomo de Google, de smartphones, tablets, relojes de pulsera con acceso al ciberespacio y en contraste, una siente que nos guían por un reloj de sol en materia tecnológica. O sea, que en muchos aspectos estamos desfasados con relación al resto del mundo.

Ojalá que para el 2021, cuando ocurra el apagón analógico en Cuba, ya haya sobrevenido el alumbrón sociopolítico y económico que nos permitirá tener libertad, un auténtico estado de derecho y recibir salarios justos por nuestro trabajo, no por los favores o decretos oportunistas y demagógicos de ninguna institución. Espero asimismo, que cuando finalmente las autoridades “les ajusten” antes de ese año el precio a los dichosos decodificadores y todos disfrutemos de transmisiones más nítidas y de mayor calidad, encendamos nuestras “cajas mágicas” sin tener que escuchar las mismas enajenantes consignas y propagandas ni oírle decir a un adulador de la prensa oficial que “gracias a la revolución” tenemos señal digitalizada de televisión.

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Sacudir lo conveniente


En los años recientes en Cuba tuvimos más noción y constancia manifiestas de la inmoralidad de las autoridades en la aplicación de las leyes cuando separaron de sus funciones a Ramón Balaguer, entonces ministro de salud pública para exonerarlo de su cuota de responsabilidad en los 28 pacientes que murieron de frío en el Hospital Siquiátrico de La Habana. Su “liberación oportuna” propició que fueran otros —la parte débil de la soga que no tiene padrinos en el gobierno— quienes pagaran los platos rotos.

Otro caso que trascendió fue el del general Rogelio Acevedo, presidente a la sazón del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba y al que dicen que sorprendieron con una maleta llena de dinero, que seguramente no era para repartir entre los pobres. El mismo incurrió en varios delitos económicos y hasta el presente, no ha trascendido que lo haya juzgado tribunal alguno. Lo depusieron de sus responsabilidades y aparentemente todo quedó en “un regañito cariñoso” por la travesura de uno de los guerrilleros de la Sierra Maestra.

Hace unos días las máximas autoridades venezolanas publicitaron una campaña para radicalizar el gobierno llamada Sacudón. Parece un feto estratégico engendrado en La Habana y cuyo proceso de parto ya se inició en Caracas. Es evidente que los mandamás cubanos quieren mantener el hocico pegado a la ubre petrolera suramericana, pero fundamentalmente pretenden crear las condiciones totalitarias para evitar que se repita el venezolanazo que estalló allí en febrero de este año —quitar el polvo del autoritario camino chavista—, que duró varios meses y cuyos capos políticos de allá, con sus abusivos extintores de la represión y los encarcelamientos injustos, lograron sofocar.

Fue gracias a Telezurda, perdón, a Telesur que supimos que el gobierno venezolano, al igual que el cubano, mueve a conveniencia su dominó. Rafael Ramírez, que fungía desde el 2004 como presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Ministro de Energía y Petróleo, fue nombrado titular de Relaciones Exteriores. Esa chapucera imitación de la dictadura cubana —no es coincidencia— apunta en el sentido de la misma inmoralidad, que eximirá a Ramírez, cual inocente palomo, de las pérdidas billonarias que hay en PDVSA. ¡Que un hijo de otro cargue con la culpa y la sentencia por corrupción, que los hombres del poder, siempre que no incurran en problemas de lealtad política, son intocables!

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Bañar al rebaño


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En las tiendas cubanas que venden en moneda convertible están ofertando jabones provenientes de Brasil. Son tan grandes que casi no caben en una jabonera ni en la mano, y el papel que los envuelve no dice en ninguna parte que sean “de tocador”. Cada uno cuesta el nada módico precio de $0,95 —aproximadamente 1,10 dólares estadounidenses— del dinero con que no les pagan a los trabajadores, aunque ya, como un favor experimental habilitaron algunas tiendas en las que se pueden comprar con cualquiera de las dos monedas que circulan en Cuba. ¿Será jabón de lavar lo que nos venden los “buena gente” del ministerio de comercio interior para bañarnos a los que a veces compramos en esos comercios?

A lo mejor el jabón es multipropósito y también lo usan para bañar a las mascotas en el país sudamericano, pero estoy segura de que si así fuera, formaría parte de una amplia variedad de diferentes marcas y calidades. Aquí, sin embargo, el monopolio estatal lo expone en una limitada y casi nula oferta para los compradores. En Cuba todas las tiendas son del gobierno y como no hay competencia, somos víctimas de una política de precios oficial cuyo mercado está enrarecido, enfermo y también es abusivo.

El jabón apenas tiene perfume y su nombre es Anafont. No sé si en la fuente brasileña de Ana usarán ese madero ni cuál será su precio, lo que sí intuyo es que si aquí lo compraron en grandes cantidades, les debe haber salido más barato. ¿O acaso fue parte de un convoy comercial? ¿Por qué equiparan su valor al de otros de más calidad? Es posible que en el monto incluyan el exagerado y nada ergonómico tamaño que hace que se nos vaya de las manos. Puede ser también que sus dimensiones estén diseñadas para facilitarles los actos de sodomia a una parte de los reclusos en la cárceles cariocas.

Está establecido que la población pague cada CUC a 25 pesos cubanos en las casas de cambio estatales destinadas a ese fin —al menos existe la posibilidad— en este país vitrina donde los salarios son una alegoría. Es más lógico y probable que el objetivo final —como viene sucediendo en la práctica—, sea el de continuar azotando a los cubanos de adentro para extorsionar, exprimir y que envíen más remesas los que viven afuera.

Parece que en el comercio, igual que en otros aspectos, las autoridades totalitarias pretenden que los cubanos continuemos pasivamente agachándonos para ver como nos violan sistemáticamente nuestros derechos.

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