Reciprocidad


Desde hace un tiempo los artistas cubanos residentes en el archipiélago patrio ya pueden visitar casi sin prejuicios de las autoridades la otrora tierra prohibida: Miami. Interactúan con sus compatriotas que huyeron de Cuba —a los que humillaban las autoridades por querer emigrar—, los cuales se establecieron y triunfaron allí y los de aquí van y hacen shows en programas conducidos por algunos de aquellos, que también les sirven para promocionar sus presentaciones en centros nocturnos de esa bella ciudad. A mí me parece medianamente bien, si no fuera porque pienso en los artistas y cubanos en general residentes allá. ¿Por qué no pueden venir igualmente a cantar o actuar aquí? ¿Por qué los gobernantes de Cuba no les respetan a todos el derecho a entrar libremente a su país?

Quizás hay algunos a los que no les interesa venir. Otros no querrán hacerlo mientras estén en la pasarela política nacional los dirigentes que obligaron a su familia a marcharse definitivamente de Cuba. Muchos tienen sus razones de principios que son respetables. Es probable también que haya quienes teman a las críticas y represalias de amigos y personalidades de allá que son tan intolerantes como el gobierno cubano. Pero también es posible que algunos quieran venir a cantar o a actuar en la tierra que los vio nacer —aunque fueran minoría también tienen derechos— y eso también es honorable. ¿Por qué no permitir que aparezcan en la televisión nacional, se les entreviste, promocionen sus actuaciones en los cabarets habaneros y al igual que piden que liberen a “los cinco” algunos de aquí cuando van allá, los de allá aboguen por la liberación del estadounidense Alan Gross, encarcelado aquí?

Hasta el momento, el tramposo e irrespetuoso gobierno, que casi nunca juega limpio con sus conciudadanos, condiciona que se les permita entrar a Cuba solo a los artistas de bajo perfil de Miami o del sur de Florida o a los que muestren simpatías hacia el añejo modelo político cubano o hacia su líder histórico. Y el que no las sienta, que las actúe y sea consecuente en sus comparecencias públicas con “ese papel” y que reprima su opinión y viole su propio derecho a expresarse libremente. O sea, que stanislavskee su servilismo moral como todo un profesional de la actuación, o peor, que simule como otro de los millones de cubanos casi sin derechos que viven en Cuba.

Estos guerrilleros de la política y los medios que arribaron al poder mediante las armas, timaron a la sociedad con la abolición de las estructuras democráticas y nos impusieron esta realidad de cangrejo inamovible y desalentadora, que aún sigue siendo violenta y aplastante porque impide el ejercicio pleno de todos derechos por parte de la sociedad. Pero el futuro es esperanzador y nos muestra que muchos de los que emigraron de Cuba tienen la voluntad de reconstruir a nuestro país —sin discriminaciones políticas, como en este gobierno— junto a los cubanos de adentro, como médula del mismo pueblo, e instaurar las nuevas pautas de reciprocidad ciudadana basadas en el respeto mutuo, en los valores democráticos y una cultura de diálogo y de paz, que es la mejor forma de convivencia entre los hijos de una misma nación.

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Las cajas mágicas


Caja decodificadora de TV«Más vale tarde que nunca», me dije cuando escuché que el gobierno cubano iba a comenzar a digitalizar la señal televisiva con unas cajas decodificadoras externas procedentes de China. Justo cuando publicaron que el presidente de Venezuela estaba regalando a sus compatriotas las llamadas “cajitas” para digitalizar su señal, las autoridades cubanas, cuidadosas de su imagen a nivel internacional, anunciaron que lo harían también aquí. Entonces oímos por primera vez que el apagón analógico en nuestro país sería para el 2021.

Muchos saben que detrás de esos gestos “bondadosos y desprendidos” de los regímenes dictatoriales de izquierda, hay mucha manipulación y propaganda. Generalmente es más el ruido mediático que lo que dan físicamente, y en el caso que nos ocupa, de los decodificadores que distribuyeron de forma experimental, los designados a repartirlos e instalarlos los vendían por detrás del telón. ¿Será que las autoridades quisieron crear un mercado negro coyuntural de ese producto para calcular el precio a ponerles después?

Me imagino que Cuba sea vista por una parte del mundo, en sentido general, cual holografía en una película. Se sabe que está ahí, se le mira, se le sigue en sus dimensiones noticiosas, pero siempre es recomendable que se haga con una percepción independiente, porque si se observa como simpatizante del gobierno cubano puede suceder que se mienta inconscientemente —porque se crea y defienda de buena fe lo que dicen los voceros oficiales— o que se engañe a conciencia, que es la manera de ‘ir contra el tráfico’ de la modernidad y el desarrollo humano en sus posibilidades de plenitud material y espiritual. Por eso es mejor mirar a Cuba desprejuiciadamente desde una tercera posición para —como diría el lobo de Caperucita— verla mejor.

Este mes comenzaron a vender las cajas en las tiendas recaudadoras de divisas al abusivo y aproximado precio de 38 y 48 CUCs respectivamente. No obstante, sacan pocas a la venta —según los dependientes— y por el precio y la escasez muchos se quedan con los deseos de mejorar la imagen de lo que ven en la caja mágica mayor que es su televisor. En Cuba la programación televisiva nacional desde hace mucho es mala y está sobrepolitizada. Además, solo hay seis canales y de ellos uno es para los deportes y otro para las “retransmisiones” de Telesur. Solo a su grupo de privilegiados y a algunos extranjeros les permiten tener antena satelital. Si a eso le sumamos que la señal tiene más acné que un púber, mucha llovizna y carece de la nitidez adecuada, es comprensible que muchos quieran adquirir la dichosa cajita no solo para modernizarse, que es su derecho, sino para mejorar la recepción de lo que les permiten ver.

Vale destacar que en mi país, en algunos organismos o empresas les pagan a sus trabajadores “un estímulo” de aproximadamente 10 CUCs al mes —que equivalen a 12 dólares—, siempre que en el transcurso de los 30 días el empleado no haya llegado tarde ni faltado un día al trabajo. O sea, que aun la asignación de ese importe sería una cantidad descomunal después de todo un mes de avatares personales y familiares, de estreses y de tortuosos sacrificios con el transporte público para correr detrás del palo y la zanahoria de una miserable dádiva, que más que un incentivo es una limosna y un chantaje.

Son muchos años de este alboroto teórico —azuzado, reflotado y realimentado por imitadores sudamericanos— del que todos sabemos el final que no acaba de llegar. Una conoce de los viajes no tripulados a Marte —mientras que estamos encallados en un miércoles que nos tiene casi detenidos en el tiempo—, de los drones, de internet y las NTICs en general, del coche autónomo de Google, de smartphones, tablets, relojes de pulsera con acceso al ciberespacio y en contraste, una siente que nos guían por un reloj de sol en materia tecnológica. O sea, que en muchos aspectos estamos desfasados con relación al resto del mundo.

Ojalá que para el 2021, cuando ocurra el apagón analógico en Cuba, ya haya sobrevenido el alumbrón sociopolítico y económico que nos permitirá tener libertad, un auténtico estado de derecho y recibir salarios justos por nuestro trabajo, no por los favores o decretos oportunistas y demagógicos de ninguna institución. Espero asimismo, que cuando finalmente las autoridades “les ajusten” antes de ese año el precio a los dichosos decodificadores y todos disfrutemos de transmisiones más nítidas y de mayor calidad, encendamos nuestras “cajas mágicas” sin tener que escuchar las mismas enajenantes consignas y propagandas ni oírle decir a un adulador de la prensa oficial que “gracias a la revolución” tenemos señal digitalizada de televisión.

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Sacudir lo conveniente


En los años recientes en Cuba tuvimos más noción y constancia manifiestas de la inmoralidad de las autoridades en la aplicación de las leyes cuando separaron de sus funciones a Ramón Balaguer, entonces ministro de salud pública para exonerarlo de su cuota de responsabilidad en los 28 pacientes que murieron de frío en el Hospital Siquiátrico de La Habana. Su “liberación oportuna” propició que fueran otros —la parte débil de la soga que no tiene padrinos en el gobierno— quienes pagaran los platos rotos.

Otro caso que trascendió fue el del general Rogelio Acevedo, presidente a la sazón del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba y al que dicen que sorprendieron con una maleta llena de dinero, que seguramente no era para repartir entre los pobres. El mismo incurrió en varios delitos económicos y hasta el presente, no ha trascendido que lo haya juzgado tribunal alguno. Lo depusieron de sus responsabilidades y aparentemente todo quedó en “un regañito cariñoso” por la travesura de uno de los guerrilleros de la Sierra Maestra.

Hace unos días las máximas autoridades venezolanas publicitaron una campaña para radicalizar el gobierno llamada Sacudón. Parece un feto estratégico engendrado en La Habana y cuyo proceso de parto ya se inició en Caracas. Es evidente que los mandamás cubanos quieren mantener el hocico pegado a la ubre petrolera suramericana, pero fundamentalmente pretenden crear las condiciones totalitarias para evitar que se repita el venezolanazo que estalló allí en febrero de este año —quitar el polvo del autoritario camino chavista—, que duró varios meses y cuyos capos políticos de allá, con sus abusivos extintores de la represión y los encarcelamientos injustos, lograron sofocar.

Fue gracias a Telezurda, perdón, a Telesur que supimos que el gobierno venezolano, al igual que el cubano, mueve a conveniencia su dominó. Rafael Ramírez, que fungía desde el 2004 como presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Ministro de Energía y Petróleo, fue nombrado titular de Relaciones Exteriores. Esa chapucera imitación de la dictadura cubana —no es coincidencia— apunta en el sentido de la misma inmoralidad, que eximirá a Ramírez, cual inocente palomo, de las pérdidas billonarias que hay en PDVSA. ¡Que un hijo de otro cargue con la culpa y la sentencia por corrupción, que los hombres del poder, siempre que no incurran en problemas de lealtad política, son intocables!

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Bañar al rebaño


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En las tiendas cubanas que venden en moneda convertible están ofertando jabones provenientes de Brasil. Son tan grandes que casi no caben en una jabonera ni en la mano, y el papel que los envuelve no dice en ninguna parte que sean “de tocador”. Cada uno cuesta el nada módico precio de $0,95 —aproximadamente 1,10 dólares estadounidenses— del dinero con que no les pagan a los trabajadores, aunque ya, como un favor experimental habilitaron algunas tiendas en las que se pueden comprar con cualquiera de las dos monedas que circulan en Cuba. ¿Será jabón de lavar lo que nos venden los “buena gente” del ministerio de comercio interior para bañarnos a los que a veces compramos en esos comercios?

A lo mejor el jabón es multipropósito y también lo usan para bañar a las mascotas en el país sudamericano, pero estoy segura de que si así fuera, formaría parte de una amplia variedad de diferentes marcas y calidades. Aquí, sin embargo, el monopolio estatal lo expone en una limitada y casi nula oferta para los compradores. En Cuba todas las tiendas son del gobierno y como no hay competencia, somos víctimas de una política de precios oficial cuyo mercado está enrarecido, enfermo y también es abusivo.

El jabón apenas tiene perfume y su nombre es Anafont. No sé si en la fuente brasileña de Ana usarán ese madero ni cuál será su precio, lo que sí intuyo es que si aquí lo compraron en grandes cantidades, les debe haber salido más barato. ¿O acaso fue parte de un convoy comercial? ¿Por qué equiparan su valor al de otros de más calidad? Es posible que en el monto incluyan el exagerado y nada ergonómico tamaño que hace que se nos vaya de las manos. Puede ser también que sus dimensiones estén diseñadas para facilitarles los actos de sodomia a una parte de los reclusos en la cárceles cariocas.

Está establecido que la población pague cada CUC a 25 pesos cubanos en las casas de cambio estatales destinadas a ese fin —al menos existe la posibilidad— en este país vitrina donde los salarios son una alegoría. Es más lógico y probable que el objetivo final —como viene sucediendo en la práctica—, sea el de continuar azotando a los cubanos de adentro para extorsionar, exprimir y que envíen más remesas los que viven afuera.

Parece que en el comercio, igual que en otros aspectos, las autoridades totalitarias pretenden que los cubanos continuemos pasivamente agachándonos para ver como nos violan sistemáticamente nuestros derechos.

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Nueve once


Hay pérdidas en la historia de la humanidad de las cuales las personas no se recuperan en lo personal y familiar. Siguen adelante en la vida, pero la herida originada no cicatriza. También el dolor y consiguiente duelo que acarrea una agresión terrorista a un país es, en modo superlativo, uno de ellos. Este tipo de agresiones, además de la aflicción que conlleva, despiertan la indignación de la opinión pública mundial contra el ejecutor o los autores del hecho.

El nueve once, además de un sistema de llamadas de emergencia establecido en los Estados Unidos, es el numerónimo del 11 de septiembre de 2001 (9/11), día fúnebre para casi toda la humanidad en el que asesinaron a más de tres mil personas y el mundo comprobó lo que pueden el odio visceral, la manipulación y el oportunismo político y religioso de un grupo. Esa fecha marca el doble delito del secuestro de aviones primero —que fueron usados como misiles— y el derribo de las Torres Gemelas del World Trade Center (WTC) después, en la ciudad estadounidense de New York, por el atentado terrorista suicida del movimiento yihadista Al Qaeda. Los cuatro vuelos desviados violentamente por diecinueve integrantes de esa organización terrorista ocasionaron el caos, la muerte y el dolor, aunque de los dos restantes, el destinado al Pentágono, solo alcanzó dañar una sección del edificio y el que estaba dirigido al Congreso, cayó en un campo en Pensilvania.

Muchos padres, hermanos, hijos, amigos y otros familiares esperaban —como tantos— el regreso del ser querido en uno de los vuelos que secuestraron los depredadores islámicos. Otros, sencillamente, aguardaban el retorno de los suyos del WTC después de una jornada laboral más. Nadie imaginó que el luto vestiría la historia de ese día para la eternidad.

De vez en vez algunos humanos dejan de serlo y se ponen el traje de bestias por motivos políticos, religiosos, nacionalistas, étnicos, de dominación, de intereses, etc. En lugar de preocuparse por su crecimiento espiritual y ético o por el desarrollo y bienestar de su comunidad nacional, se hunden en la fosa de los odios y en los fundamentalismos de todo tipo. Van por la vida de verdugos de supuestos males que, como sabemos, guardan relación con sus concepciones torcidas sobre la moral, la ideología, la religión y el patriotismo.

También este día, pero del año 1973, nuestro hemisferio se conmovió con el golpe de estado al socialista presidente constitucional de Chile, el Dr. Salvador Allende. El atentado militar que ignoró y pisoteó la voluntad popular, provocó que un civil, elegido democráticamente por los chilenos, se batiera durante horas, a pesar de la desventaja númerica y de conocimientos castrenses, con las armas de la valentía y del respeto al pueblo que lo eligió, contra los complotados en el golpe. Finalmente, se quitó la vida para evitar que sus contrarios hicieran un circo mediático de años de falsedades, manipularan a la opinión pública y enlodaran su nombre.

Aunque en una fecha distante, los cubanos tuvimos nuestro seis diez en el año 1976. Ese día explotó en el aire el vuelo 455 de Cubana de Aviación proveniente de Barbados en el que murieron 73 pasajeros, de ellos 57 eran cubanos, 11 guyaneses y 5 norcoreanos. Veinticuatro miembros del equipo nacional juvenil de esgrima —de los cuales varios no llegaban ni a los veinte años— regresaban a Cuba después de ganar todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe celebrado en Venezuela. Aún resplandece la gloria de sus medallas en el mar Caribe para homenajear a las víctimas inocentes y para recordarnos que forman parte del largo listado de efemérides luctuosas ensangrentadas por el terrorismo en nuestra historia continental.

No hay argumento que justifique los hechos terroristas de estado o de facciones independientes en cualquiera de sus manifestaciones —piratería, asesinato, secuestros, bombas, ciberterrorismo, etc.— para provocar alarma o caos social con fines políticos. Ni la intolerancia, la desigualdad, la injusticia, la ignorancia, la pobreza u opresión, muchos menos la religión, sirven de excusas. No hay terrorismo bueno o malo: es un látigo que nos azota a todos por igual. Ya sea el derribo de aeronaves, la colocación de bombas o el uso de aviones como armas son acciones deplorables que causan destrucción, dolor, terror e ira y deben ser castigados.

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Hablar claro y escuchar mejor


La periodista Talía González continúa conduciendo el programa de televisión “Cuba dice” que realizan para venderle la idea a una parte de la comunidad internacional de que aquí hay libertad de expresión. ¿Para qué quieren que “Cuba diga” si el gobierno no escucha ni resuelve los problemas que plantea la población?

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Bloquear los brindis


La televisora Telesur nos trajo con su dramatúrgica letanía contra los Estados Unidos, los países ricos y el capitalismo, la noticia de que Obama prorrogó un año más el embargo estadounidense a Cuba. Pienso en Castro I, en su “sesudo” y selecto equipo de asesores y algún que otro viejo dirigente del gobierno y me imagino que quizás brindaron con un whisky caro, con un espumoso champán francés, un coñac o un “quién sabe qué” traído en un vuelo especial secreto (misión alcohólica) para una ocasión como esa. La táctica del pretendido aislamiento económico de los Estados Unidos contra el gobierno de Castro afianzó su gestión ante sus cuadros y seguidores cubanos y foráneos, promovió su papel de víctimas del gigante norteño e impulsó la contraestrategia que le ha permitido culpar “al poderoso vecino” de su ineptitud y la de su equipo, de la devastación que han provocado en nuestro país y justificar su permanencia en el timón de Cuba por más de cincuenta y cinco años.

No han podido darnos más —¡pobrecitos!— por culpa del embargo americano. Como si los derechos que nos violaron por décadas y que aún nos pisotean, tuvieran alguna relación con las administraciones de la patria de Lincoln. ¿O es que el gobierno del norte influye en el caribeño? Nos castigan para chantajear al gigante norteamericano, un país con tradición liberal y amante de los valores democráticos. ¿Qué culpa tenía el bloqueo norteamericano de que el 85 por ciento de nuestros campos estuvieran llenos de marabú? La única responsabilidad de esa decisión fue del gobierno cubano. Hubo que esperar muchos años para que le dieran nuevamente la tierra a los campesinos y que la pusieran a producir. Por otra parte, parece que la carne de res también viene de allá —¿y la industria ganadera cubana?—, al igual que el pollo —¿qué pasó con las granjas avícolas nacionales?— y ni qué decir del pescado, pues aunque vivimos en un archipiélago, cualquiera pensaría que somos un país mediterráneo. ¿Se lo estarán enviando a Bolivia para apoyar la gestión del presidente de ese país, amigo de los Castro?

Los cubanos de a pie todavía sufrimos las consecuencias del bloqueo que con el pretexto del estadounidense, mantiene el gobierno antillano contra el pueblo, al que por décadas han tratado casi como a prisioneros de guerra. Pienso que por lo tanto, este afecta más a la sociedad que al gobierno, que tiene y controla los recursos del país y si algo le falta, viaja con el dinero del pueblo y lo trae del extranjero sin limitación aduanal ni requisa.

La dirección militarizada del país nos ha privado de derechos políticos, económicos, sociales y culturales todo el tiempo que han permanecido en el poder. Los cincuentenarios sofismas de que no podíamos tener negocios particulares —ahora los admiten fundamentalmente en los servicios—, entrar y salir libremente de nuestro país, ir a los hoteles o tener celulares fueron revocados por ellos mismos, evidenciando cuán falsos e injustificados eran. Pienso como muchos, que si tuvieran la voluntad política igualmente pudieran “montarse” por encima del discurso del embargo estadounidense y permitir que ejerzamos nuestros derechos civiles y políticos con plenas garantías y libertades.

A “los jeques de Cuba” les regalaron el cake del embargo las administraciones estadounidenses. Cada año estas le añaden una vela más para que “Sus Majestades” cubanas celebren que todo continúa como hace cincuentidós años y brinden por cortesía de una política foránea que ha demostrado ser inefectiva e inoperante.

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Tras la huella


Tomado de Cubanet.org

Tomado de Cubanet.org

El policiaco made in Cuba “Tras la huella”, que transmite Cubavisión (canal 6) cada domingo después de las nueve de la noche, es “el coco” audiovisual para nuestra sociedad por el mensaje atemorizante implícito en algunos de los casos y situaciones que recrea. En esa serie la policía cubana, siempre eficiente y respetuosa de los derechos de los que infringen la ley, fundamenta cada proceso investigativo hasta concluir con la reclusión del ciudadano, de acuerdo a las evidencias. ¡Qué bonito! Nada de aquel viejo esperpento legal en que “por convicción”, técnicas de espionaje o por el chivatazo de alguien, acusaban y juzgaban a cualquiera sin contemplaciones.

La guerrilla que llegó al poder en 1959, aun después de 55 años, en muchos aspectos, continúa actuando como tal. En agosto pasado retransmitieron como parte de la programación de verano, un capítulo del policiaco de marras cuyo argumento contaba el caso de una cubana —interpretada por la actriz y presentadora Edith Massola— que tenía una antena satelital por la izquierda y acceso a internet. La llamada gubernamental “lucha contra las ilegalidades” me recuerda a tantos compatriotas que cumplieron injustas condenas por poseer dólares, los cuales con el paso del tiempo permitieron que los tuviéramos todos. No se debe criminalizar lo que en muchos países libres y democráticos —hasta en los que presiden los amigos del gobierno cubano— es normal. Sí debieran sancionar a los poderes opresivos que con vanos pretextos nos prohíben que ejerzamos nuestros derechos y nos vigilan y persiguen con el mismo fin.

Por su parte, las series policiacas estadounidenses que televisan aquí han mostrado a los escritores, actores y realizadores de los bodrios policiales cubanos —también a las fuerzas del orden y a la ciudadanía en general—, cómo los gendarmes “de los malos” países capitalistas e imperialistas, respetan los derechos de los que violan las leyes y los consideran inocentes mientras no se pruebe su culpabilidad. En ellos, la independencia de poderes de las sociedades democráticas, impide que un jefe de estado u otro alto dirigente participe —ni siquiera influya— en la imposición de sanción a un acusado, como ha sucedido varias veces a lo largo de esta dictadura cubana.

Cuando muchos piensan que ya no hace falta que aprovechen hasta los policiacos para recordarle reiteradamente a nuestro sufrido pueblo lo que es vivir en una dictadura; ellos se reafirman como los dueños absolutos de los medios, continúan coaccionándonos con programas televisivos intimidatorios, atentando contra nuestra dignidad y ratificándonos que aquí el derecho jurídico apenas existe y las garantías constitucionales son casi nulas. La élite del gobierno parece integrada por personas antideportivas que no admiten competencia. Así transcurre la vida para una parte de la sociedad cubana más allá de la propaganda: como mirando a través de barrotes, discriminada, un interminable juego de béisbol gubernamental de un solo equipo.

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Impotencia en la supuesta potencia


Unos días antes del viernes, Rafa y yo habíamos buscado naranjas agrias en varios agromercados de 10 de Octubre sin resultados. En ellos daban la alternativa de limones o naranjas dulces, que como estaban ácidas, las proponían como sustitutas de las agrias. En esos lugares también venden “un intrigante aliño” en botellas recicladas de cerveza, que vale diez pesos en la devaluada moneda cubana y que están añejadas de rechazo. Hacía días que tenía las yucas (mandiocas) peladas y guardadas en un nailon en el congelador, en espera del zumo ideal para sazonarlas según nuestra cultura culinaria y paladar.

Siempre servicial, mi hijo menor, Rodney averiguó con un amigo que tiene patio de tierra con un árbol del cítrico. El viernes, a las nueve de la noche, lo llamaron para que fuera a recoger las naranjas. El patio estaba oscuro y mi hijo, que calzaba chancletas de goma, se enterró un clavo en la planta del pie. Se lo quitó, fue adonde había luz y comprobó que estaba oxidado.

Volvió a casa con los frutos del citrus aurantium y la noticia del pinchazo. Como al día siguiente era sábado, fuimos temprano con él a averiguar cuál era el procedimiento para inmunizarlo o reactivarle la vacuna contra el tétanos.

El consultorio del médico de la familia, aunque se suponía que estuviera abierto hasta el mediodía, como cada sábado, estaba cerrado. Fuimos entonces al policlínico Luis Augusto Turcios Lima, que está ubicado en Freyre de Andrade y Mayía Rodríguez. Allí nos dijeron que no podían ponerle la vacuna porque a ellos les suministran bulbos de diez dosis, que si abren uno para un caso solamente, se les echan a perder las nueve restantes; que después de abiertos tienen un periodo de validez de seis a ocho horas. Adujeron que el procedimiento habitual ante un incidente de este tipo, es que las enfermeras tengan el control de los pacientes del área que necesiten inyectarse y salgan a aplicarles una dosis del suero antitetánico a cada uno para aprovechar el contenido del recipiente. O sea, una prevención coyuntural de acuerdo a las disponibilidades del sistema de salud cubano. ¡Vaya ocurrencia!

Parece que ya no tienen unidosis —dosis única— o que ese tipo de ámpulas son destinadas al exterior, que es la prioridad del gobierno cubano para su propaganda de un sistema de salud en franca bancarrota. Es de esperar que en este país en el que han masificado hasta la desesperanza, no haya iniciativas más viables, lógicas y respetuosas con la sociedad para tratar a los ciudadanos necesitados de atención y medicación adecuadas.

Ante esta nueva insensatez de la autodenominada potencia —impotencia— médica debatimos a diferentes instancias del mismo centro y la respuesta fue siempre la misma. Nos dijeron que vayamos el lunes por la mañana, que aún hay tiempo. Preguntamos si podíamos adquirirla en farmacias, con cualquier moneda e igualmente la respuesta fue negativa. Me preocupa porque sé que estos casos son priorizables, pues es de conocimiento público que se debe aplicar la inmunización antes de las 72 horas. Les consultamos si sería viable obtenerla yendo a algún hospital y nos dijeron que perderíamos el tiempo, ya que solo los policlínicos la tienen.

En caso de complicaciones ¿a quién debo hacer responsable de la salud, el bienestar y la integridad física de mi hijo y el resto de mis familiares?

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Tenores del alba


Seguido de un agudo silbatazo con una mezcla “cubanísima” de singular y plural, un vendedor grita ¡taamaleee! todos los días, antes de las siete de la mañana. No le importa si alguien está acabado de acostar después de una jornada laboral nocturna o si una madre y su hijo recién nacido se recuperan de otra mala noche, para “cantar” la jugada económica que pondrá un tentempié —no un nutritivo banquete— en la mesa de su familia. Mortifica pensar en las personas que despertará su pregón, en los ancianos que duermen tras una madrugada de insomnio y en las que disocia de su actividad; pero lo que más molesta es que esa y otras actitudes sociales que ha incorporado la sociedad, se ejercen con naturalidad cotidiana a pesar de que desconocen e irrespetan los derechos de los demás.

Irrita asimismo, que a falta de ofertas laborales del estado, alguien salga a luchar el sustento diario y la policía lo sofoque con amenazas para obtener una mascadita, o que en el peor de los casos le decomisen con la mercancía, el plato del día.

El estado cubano, dueño y compañero —no señor— de los medios de comunicación desde hace más de cincuenta y cinco años, es el responsable de la falta de valores en Cuba. Las expresiones públicas vulgares de algunos de sus líderes históricos a lo larguísimo de este sistema, las diatribas, el mensaje de intolerancia al que piensa diferente —con la vileza adicional de mandar turbas a golpear, vituperar y amedrentar a opositores pacíficos—, sumado al esquema dictatorial de partido único, entre otros males, han conformado gradualmente las actitudes que horadan la médula cívica y moral de nuestra sociedad.

Del mismo modo que los dirigentes permanentes del país nos han estafado durante décadas, muchos de nuestros compatriotas se sienten con el derecho de timarnos también con la venta y mala calidad de sus mercancías.

En lo adelante, cuando un vendedor ambulante pase voceando por nuestra cuadra cuando aún está amaneciendo, más que «pensar en su mamá» o detenernos a analizar la sintaxis de su pregón, debemos reflexionar por qué en este modelo de “no se puede”, no pueden establecer al menos —aunque es algo que solo afecta al pueblo—, un horario adecuado para realizar esa actividad.

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Maleconazo


Este 5 de agosto de 2014 recordamos el vigésimo aniversario de la manifestación antigubernamental espontánea más grande ocurrida en Cuba después de 1959. Es una fecha que oprobiosamente, entre muchas otras, ha sido borrada del almanaque histórico cubano por la dictadura. Menos de un mes antes de ese día, el 13 de julio, habían asesinado a 41 compatriotas —de ellos 10 menores de edad— por intentar huir a los Estados Unidos en un remolcador estatal. Este hecho, sumado a rumores y otros asaltos a embarcaciones que se produjeron en poco tiempo, fue el que suscitó que cientos de personas se lanzaran al litoral habanero buscando la manera de «montarse en lo que fuera» para escapar del sistema político imperante.

Las autoridades por su parte, multiplicaron la concentración en su práctica tradicional de oponer al pueblo contra sí mismo para apagar cualquier manifestación popular antagónica. No les importó incrementar para la historia el número de congregados inconformes con el modelo, sino obtener la victoria final. En eso son muy eficientes y también ha sido su abecé estratégico a la hora de combatir a la oposición pacífica. En ómnibus y camiones desembarcaron destacamentos de personas en varios puntos del malecón para coaccionar a los asistentes e implosionar la multitud. Eso, unido a la acción coercitiva de los órganos policiales y a múltiples detenciones, lograron poner fin a los disturbios, que se prolongaron por varias horas.

El gobierno cubano se ha cuidado mucho de evitar que la sociedad tome las calles en una iniciativa que no sea concebida y dirigida por ellos a través de sus organizaciones políticas y de masas. Indiscutiblemente, le temen a una multitudinaria protesta —como las que se producen en los países democráticos y que tanto ellos publicitan— que promueva la solidaridad internacional y sirva de pretexto para una intervención foránea. Así lo han expresado sus voceros en los medios nacionales.

A 20 años de aquel evento, el gobierno cubano básicamente continúa sometiendo al pueblo a la misma rutina política: un revolucionismo monárquico que los mantiene en el poder con el pretexto de defender a la revolución que fue y se les fue cuando la institucionalizaron y convirtieron en el permanente medio de vida del grupo primigenio. Poco o casi nada ha cambiado. Lo más significativo ha sido precisamente, la ley migratoria, que después de 54 años les respeta a los ciudadanos el derecho a viajar, quizás para entregarle a sus sucesores una sociedad con menos estrechez y un poco de esperanza. También, para que parte de ella que viaje al exterior, regrese y traiga el patrimonio ganado en el capitalismo para sufragar su ineficiente, burocrático y fracasado modelo; y con la intención paralela de evitar que hechos como el del 5 de agosto se repitan.

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Papeles preciosos


PapelComo algunas piedras y metales y también debido a la escasez, hay papeles que aparentan ser muy preciados y por eso su precio en Cuba sube a cada rato. Lo que no entiendo es por qué si tienen tanta demanda, no aumentan su producción, por el contrario, se desaparecen del enrarecido mercado estatal cubano.

En los gobiernos militaristas de izquierda existe la tradición de que cíclicamente “se pierden” algunos productos básicos y la población se vuelca a las calles en un peregrinaje sucesivo de ilusionismo y miserias.

En reiteradas ocasiones Rafa y yo recorrimos sin éxito varias tiendas de nuestro municipio en busca de paquetes de hojas. Igualmente queríamos sustituir “la reservita” de papel sanitario y como cerca de casa no había, nos dimos a la tarea de rastrearlo por diferentes comercios de La Habana. ¡Nada!

Cuando nos disponíamos regresar a casa, montamos en un viejo auto de alquiler y allí había una señora con varios rollos de papel de baño. Le preguntamos dónde los había adquirido y nos dio la luz: en una de las tiendas dentro del hotel Habana Libre.

Sepultamos el hastío de lo corrosivo cotidiano y nos fuimos a conseguir al menos uno de los tipos de papel que necesitábamos. A dos pesos convertibles cada paquetico de cuatro unidades. La carencia nos obligó a comprar hasta donde nos alcanzó el dinero. Vale destacar que el papel toilette que venden aquí es de producción nacional, la lámina es sencilla —muy fina—, en lugar de doble y por lo tanto es menos absorbente. El rollo se ve con espacios alrededor del cilindro de cartón, que denotan cuán flojo está enrollado y nadie sabe su longitud. O sea, que desde la misma fábrica nos están timando. Después de estas descripciones generales, es lógico que la fábrica deseche como un lujo el decorarlos y mucho menos perfumarlos.

Regresamos al hogar cansados. Eso sí, en parte satisfechos porque resolvimos el papel para el baño, pero contrariados porque de continuar los Castro y la falta de hojas —entre otros rubros—, pronto escribiremos en piedra.

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Jugar con las leyes


Sistema judicial cubanoIl divo presidente de Cuba desde el 2006 por sucesión dinástica, usó públicamente hace algún tiempo la expresión «no tenemos derecho a equivocarnos» para referirse a que su administración debía pensar y repensar bien los pasos que diera en lo adelante y las medidas, disposiciones, leyes, etc., que debía implantar, por la tradición dictatorialmente improvisadora que nos significa desde 1959. El planteamiento “sonaba bien” en un país donde no existe el estado de derecho y las leyes se aplican, en muchos casos, en dependencia del interés del grupo en el gobierno, de la imagen política internacional que les gusta proyectar y hasta del estado anímico del caudillo de turno. En el caso del líder en jefe, un turno bien largo, por cierto. Cuarenta y siete años que solo interrumpió una grave enfermedad.

Muchos cubanos de buena voluntad respiramos aliviados ante el anticipo de que al fin soplarían nuevos vientos de cordura en la más alta dirección del país, pero después de un tiempo, nos estamos dando cuenta de que esa frase, como otras muchas, forman parte del acervo discursivo y demagógico del totalitarismo hereditario castrista. Todo parece indicar que en cuanto a gobernar no saben, no pueden o no les interesa hacerlo mejor.

También el gran hermano sustituto acusó la expresión «sin prisa, pero sin pausa» para destacar que el proyecto de lineamientos para reformar la economía cubana elaborado durante su gestión, debía marchar de forma constante, progresiva y con carácter definitivo. Ninguna de estas afirmaciones públicas se están cumpliendo a cabalidad hasta el momento.

En Cuba, muchas de las leyes se promulgan para el bien de la clase política, no para el bien común de la comunidad nacional (gobernados) ni de su diáspora.

La administración del delfín castrista y su equipo de trabajo ya volvieron atrás con el decreto ley 259 referente a la entrega de tierras —modificado y condicionado por el 300— y este mes de julio anunciaron nuevas limitaciones aduaneras; reformas a la ley vigente desde diciembre de 2011, para reducir el monto de las importaciones personales de los turistas cubanos al país.

Lejos de establecer la confianza de la población en las leyes, el cincuentenario grupo en el poder crea inestabilidad y desconfianza sociales y tal parece que la lucha contra la corrupción es solo tema de discursos, porque ellos mismos la promueven o facilitan en muchos de sus cuadros. Quizás ante las carencias de inversiones extranjeras en Cuba en las cuales ‘colocar’ a sus partidarios, establecen los mecanismos para “estimular” a sus seguidores y así pagarles la incondicionalidad a su agotado modelo de gobierno.

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¿Opiniones liberadoras?


Leyes dictatorialesLa expresión “se cae de la mata” se usa mucho en Cuba para acuñar que algo se sobreentiende por lógica deducción. Es decir, que debido a la experiencia y a la reiteración de los códigos narrativos, muchos sabemos o suponemos el final antes de que nos terminen de contar la historia.

La periodista Talía González, de la cual se rumora que es la pareja del “presidente fraternal” Raúl Castro, conduce un programa de televisión llamado «Cuba dice», que al parecer su sentido fundamental es incitar a las personas a hablar de algunos de los temas acuciantes de la sociedad cubana. Ninguno crítico del gobierno, por supuesto. El fenómeno resulta interesante porque aparentan que quieren mutar el gen de la democracia —para dar la imagen de que aquí hay libertad de expresión— de cara a las relaciones gubernamentales con los países latinoamericanos, en los que aún hay cierta prensa libre y pluripartidismo, a pesar de la censura, los altibajos emotivos y las rabietas dictatoriales de algunos de sus caudillos.

Hace unos días llamó mi atención una emisión en la que hablaron de los problemas planteados en programas anteriores, que hasta el presente no se habían solucionado y que ni siquiera tenían respuesta de los organismos competentes. Una burócrata entrevistada —seguramente conocedora de la purga que a las autoridades les gusta llevar a cabo a los que están por debajo de la cúpula del poder— dijo que se debía sancionar o relevar del cargo a los funcionarios o entidades que no atienden ni se ocupan las dificultades que expresa la población en el espacio televisivo. No pensó en cuántos antes que ella quizás dijeron lo mismo a lo largo de once lustros y después fueron castigados con el mismo látigo moral. Otro consultado afirmó que en definitiva las empresas son del estado y que ese es el llamado a dar respuesta y a resolver lo citado en “Cuba dice”.

Estoy segura de que la mayoría de los televidentes coincidimos con este último. Se cae de la mata que si los dirigentes que cuentan con poder real y recursos no enfrentan ni solucionan los problemas de la sociedad de manera satisfactoria o no son capaces de hacerlo, es hora de que sean sustituidos por quienes sí lo hagan. También lo es que ningún pueblo elige a gobernantes ineptos que ignoran sus malestares y necesidades y dilapidan los recursos del país.

Es tanto el terror que le han impuesto a la sociedad que tienen que valerse de argucias televisivas para incitar a la población a que suelte la lengua, siempre que no la suelte demasiado. Pero en lugar de vergüenza, ese temor social es la herramienta de la que se vanaglorian y con la cual se consolidan los tiranos.

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