Tenores del alba


Seguido de un agudo silbatazo con una mezcla “cubanísima” de singular y plural, un vendedor grita ¡taamaleee! todos los días, antes de las siete de la mañana. No le importa si alguien está acabado de acostar después de una jornada laboral nocturna o si una madre y su hijo recién nacido se recuperan de otra mala noche, para “cantar” la jugada económica que pondrá un tentempié —no un nutritivo banquete— en la mesa de su familia. Mortifica pensar en las personas que despertará su pregón, en los ancianos que duermen tras una madrugada de insomnio y en las que disocia de su actividad; pero lo que más molesta es que esa y otras actitudes sociales que ha incorporado la sociedad, se ejercen con naturalidad cotidiana a pesar de que desconocen e irrespetan los derechos de los demás.

Irrita asimismo, que a falta de ofertas laborales del estado, alguien salga a luchar el sustento diario y la policía lo sofoque con amenazas para obtener una mascadita, o que en el peor de los casos le decomisen con la mercancía, el plato del día.

El estado cubano, dueño y compañero —no señor— de los medios de comunicación desde hace más de cincuenta y cinco años, es el responsable de la falta de valores en Cuba. Las expresiones públicas vulgares de algunos de sus líderes históricos a lo larguísimo de este sistema, las diatribas, el mensaje de intolerancia al que piensa diferente —con la vileza adicional de mandar turbas a golpear, vituperar y amedrentar a opositores pacíficos—, sumado al esquema dictatorial de partido único, entre otros males, han conformado gradualmente las actitudes que horadan la médula cívica y moral de nuestra sociedad.

Del mismo modo que los dirigentes permanentes del país nos han estafado durante décadas, muchos de nuestros compatriotas se sienten con el derecho de timarnos también con la venta y mala calidad de sus mercancías.

En lo adelante, cuando un vendedor ambulante pase voceando por nuestra cuadra cuando aún está amaneciendo, más que «pensar en su mamá» o detenernos a analizar la sintaxis de su pregón, debemos reflexionar por qué en este modelo de “no se puede”, no pueden establecer al menos —aunque es algo que solo afecta al pueblo—, un horario adecuado para realizar esa actividad.

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Maleconazo


Este 5 de agosto de 2014 recordamos el vigésimo aniversario de la manifestación antigubernamental espontánea más grande ocurrida en Cuba después de 1959. Es una fecha que oprobiosamente, entre muchas otras, ha sido borrada del almanaque histórico cubano por la dictadura. Menos de un mes antes de ese día, el 13 de julio, habían asesinado a 41 compatriotas —de ellos 10 menores de edad— por intentar huir a los Estados Unidos en un remolcador estatal. Este hecho, sumado a rumores y otros asaltos a embarcaciones que se produjeron en poco tiempo, fue el que suscitó que cientos de personas se lanzaran al litoral habanero buscando la manera de «montarse en lo que fuera» para escapar del sistema político imperante.

Las autoridades por su parte, multiplicaron la concentración en su práctica tradicional de oponer al pueblo contra sí mismo para apagar cualquier manifestación popular antagónica. No les importó incrementar para la historia el número de congregados inconformes con el modelo, sino obtener la victoria final. En eso son muy eficientes y también ha sido su abecé estratégico a la hora de combatir a la oposición pacífica. En ómnibus y camiones desembarcaron destacamentos de personas en varios puntos del malecón para coaccionar a los asistentes e implosionar la multitud. Eso, unido a la acción coercitiva de los órganos policiales y a múltiples detenciones, lograron poner fin a los disturbios, que se prolongaron por varias horas.

El gobierno cubano se ha cuidado mucho de evitar que la sociedad tome las calles en una iniciativa que no sea concebida y dirigida por ellos a través de sus organizaciones políticas y de masas. Indiscutiblemente, le temen a una multitudinaria protesta —como las que se producen en los países democráticos y que tanto ellos publicitan— que promueva la solidaridad internacional y sirva de pretexto para una intervención foránea. Así lo han expresado sus voceros en los medios nacionales.

A 20 años de aquel evento, el gobierno cubano básicamente continúa sometiendo al pueblo a la misma rutina política: un revolucionismo monárquico que los mantiene en el poder con el pretexto de defender a la revolución que fue y se les fue cuando la institucionalizaron y convirtieron en el permanente medio de vida del grupo primigenio. Poco o casi nada ha cambiado. Lo más significativo ha sido precisamente, la ley migratoria, que después de 54 años les respeta a los ciudadanos el derecho a viajar, quizás para entregarle a sus sucesores una sociedad con menos estrechez y un poco de esperanza. También, para que parte de ella que viaje al exterior, regrese y traiga el patrimonio ganado en el capitalismo para sufragar su ineficiente, burocrático y fracasado modelo; y con la intención paralela de evitar que hechos como el del 5 de agosto se repitan.

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Papeles preciosos


PapelComo algunas piedras y metales y también debido a la escasez, hay papeles que aparentan ser muy preciados y por eso su precio en Cuba sube a cada rato. Lo que no entiendo es por qué si tienen tanta demanda, no aumentan su producción, por el contrario, se desaparecen del enrarecido mercado estatal cubano.

En los gobiernos militaristas de izquierda existe la tradición de que cíclicamente “se pierden” algunos productos básicos y la población se vuelca a las calles en un peregrinaje sucesivo de ilusionismo y miserias.

En reiteradas ocasiones Rafa y yo recorrimos sin éxito varias tiendas de nuestro municipio en busca de paquetes de hojas. Igualmente queríamos sustituir “la reservita” de papel sanitario y como cerca de casa no había, nos dimos a la tarea de rastrearlo por diferentes comercios de La Habana. ¡Nada!

Cuando nos disponíamos regresar a casa, montamos en un viejo auto de alquiler y allí había una señora con varios rollos de papel de baño. Le preguntamos dónde los había adquirido y nos dio la luz: en una de las tiendas dentro del hotel Habana Libre.

Sepultamos el hastío de lo corrosivo cotidiano y nos fuimos a conseguir al menos uno de los tipos de papel que necesitábamos. A dos pesos convertibles cada paquetico de cuatro unidades. La carencia nos obligó a comprar hasta donde nos alcanzó el dinero. Vale destacar que el papel toilette que venden aquí es de producción nacional, la lámina es sencilla —muy fina—, en lugar de doble y por lo tanto es menos absorbente. El rollo se ve con espacios alrededor del cilindro de cartón, que denotan cuán flojo está enrollado y nadie sabe su longitud. O sea, que desde la misma fábrica nos están timando. Después de estas descripciones generales, es lógico que la fábrica deseche como un lujo el decorarlos y mucho menos perfumarlos.

Regresamos al hogar cansados. Eso sí, en parte satisfechos porque resolvimos el papel para el baño, pero contrariados porque de continuar los Castro y la falta de hojas —entre otros rubros—, pronto escribiremos en piedra.

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Jugar con las leyes


Sistema judicial cubanoIl divo presidente de Cuba desde el 2006 por sucesión dinástica, usó públicamente hace algún tiempo la expresión «no tenemos derecho a equivocarnos» para referirse a que su administración debía pensar y repensar bien los pasos que diera en lo adelante y las medidas, disposiciones, leyes, etc., que debía implantar, por la tradición dictatorialmente improvisadora que nos significa desde 1959. El planteamiento “sonaba bien” en un país donde no existe el estado de derecho y las leyes se aplican, en muchos casos, en dependencia del interés del grupo en el gobierno, de la imagen política internacional que les gusta proyectar y hasta del estado anímico del caudillo de turno. En el caso del líder en jefe, un turno bien largo, por cierto. Cuarenta y siete años que solo interrumpió una grave enfermedad.

Muchos cubanos de buena voluntad respiramos aliviados ante el anticipo de que al fin soplarían nuevos vientos de cordura en la más alta dirección del país, pero después de un tiempo, nos estamos dando cuenta de que esa frase, como otras muchas, forman parte del acervo discursivo y demagógico del totalitarismo hereditario castrista. Todo parece indicar que en cuanto a gobernar no saben, no pueden o no les interesa hacerlo mejor.

También el gran hermano sustituto acusó la expresión «sin prisa, pero sin pausa» para destacar que el proyecto de lineamientos para reformar la economía cubana elaborado durante su gestión, debía marchar de forma constante, progresiva y con carácter definitivo. Ninguna de estas afirmaciones públicas se están cumpliendo a cabalidad hasta el momento.

En Cuba, muchas de las leyes se promulgan para el bien de la clase política, no para el bien común de la comunidad nacional (gobernados) ni de su diáspora.

La administración del delfín castrista y su equipo de trabajo ya volvieron atrás con el decreto ley 259 referente a la entrega de tierras —modificado y condicionado por el 300— y este mes de julio anunciaron nuevas limitaciones aduaneras; reformas a la ley vigente desde diciembre de 2011, para reducir el monto de las importaciones personales de los turistas cubanos al país.

Lejos de establecer la confianza de la población en las leyes, el cincuentenario grupo en el poder crea inestabilidad y desconfianza sociales y tal parece que la lucha contra la corrupción es solo tema de discursos, porque ellos mismos la promueven o facilitan en muchos de sus cuadros. Quizás ante las carencias de inversiones extranjeras en Cuba en las cuales ‘colocar’ a sus partidarios, establecen los mecanismos para “estimular” a sus seguidores y así pagarles la incondicionalidad a su agotado modelo de gobierno.

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¿Opiniones liberadoras?


Leyes dictatorialesLa expresión “se cae de la mata” se usa mucho en Cuba para acuñar que algo se sobreentiende por lógica deducción. Es decir, que debido a la experiencia y a la reiteración de los códigos narrativos, muchos sabemos o suponemos el final antes de que nos terminen de contar la historia.

La periodista Talía González, de la cual se rumora que es la pareja del “presidente fraternal” Raúl Castro, conduce un programa de televisión llamado «Cuba dice», que al parecer su sentido fundamental es incitar a las personas a hablar de algunos de los temas acuciantes de la sociedad cubana. Ninguno crítico del gobierno, por supuesto. El fenómeno resulta interesante porque aparentan que quieren mutar el gen de la democracia —para dar la imagen de que aquí hay libertad de expresión— de cara a las relaciones gubernamentales con los países latinoamericanos, en los que aún hay cierta prensa libre y pluripartidismo, a pesar de la censura, los altibajos emotivos y las rabietas dictatoriales de algunos de sus caudillos.

Hace unos días llamó mi atención una emisión en la que hablaron de los problemas planteados en programas anteriores, que hasta el presente no se habían solucionado y que ni siquiera tenían respuesta de los organismos competentes. Una burócrata entrevistada —seguramente conocedora de la purga que a las autoridades les gusta llevar a cabo a los que están por debajo de la cúpula del poder— dijo que se debía sancionar o relevar del cargo a los funcionarios o entidades que no atienden ni se ocupan las dificultades que expresa la población en el espacio televisivo. No pensó en cuántos antes que ella quizás dijeron lo mismo a lo largo de once lustros y después fueron castigados con el mismo látigo moral. Otro consultado afirmó que en definitiva las empresas son del estado y que ese es el llamado a dar respuesta y a resolver lo citado en “Cuba dice”.

Estoy segura de que la mayoría de los televidentes coincidimos con este último. Se cae de la mata que si los dirigentes que cuentan con poder real y recursos no enfrentan ni solucionan los problemas de la sociedad de manera satisfactoria o no son capaces de hacerlo, es hora de que sean sustituidos por quienes sí lo hagan. También lo es que ningún pueblo elige a gobernantes ineptos que ignoran sus malestares y necesidades y dilapidan los recursos del país.

Es tanto el terror que le han impuesto a la sociedad que tienen que valerse de argucias televisivas para incitar a la población a que suelte la lengua, siempre que no la suelte demasiado. Pero en lugar de vergüenza, ese temor social es la herramienta de la que se vanaglorian y con la cual se consolidan los tiranos.

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Segundo aniversario


“Dale(s), Señor, el descanso eterno.
Y brille para él (ellos) la luz perpetua”.
Descanse(n) en paz.
Amén.”

Imagen descargada de: buenavistavcuba.blogspot.com

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Este 22 de julio se conmemora el 2º aniversario de la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero en un accidente automovilístico ocurrido en la oriental provincia de Granma. Payá y Cepero, miembros del opositor Movimiento Cristiano Liberación, viajaban en la parte trasera de un auto rentado y en la delantera iban dos ciudadanos europeos: uno español y otro sueco. El coche se estrelló contra un árbol y causó la muerte de los cubanos. Sin embargo, los extranjeros apenas sufrieron heridas leves. Para la familia de Payá y parte de la comunidad internacional las circunstancias en torno a la muerte de ambos luchadores pacíficos no están claras y desde entonces piden una investigación independiente. Aluden a un tercer coche que apareció en la escena del siniestro, que pertenecía a la policía política cubana y que no brindó el auxilio a los accidentados cubanos con la debida celeridad.

El gobierno castrista, que realizó una pesquisa, juzgó y sancionó al español que conducía el vehículo y se negó a aceptar la petición de una investigación independiente, que infiere dudas sobre el trabajo pericial realizado por sus expertos. Cabe destacar que en Cuba no hay una entidad autónoma que realice este tipo de tarea. Eso obliga a que el apoyo que se recaba sea el de una agencia extranjera dedicada a esa labor.

A dos años del deceso de estos demócratas cubanos, la sociedad se debate en el marasmo de tímidas reformas realizadas por el gobierno de los Castro, la imagen de un modelo oxidado de historia —cuya tozudez y retórica son el germen de su propia corrosión—, el fuguismo migratorio, la desesperanza y la ruina nacional.

A la sociedad hostigada y maltratada le reiteran hasta el cansancio como si se tratara de fechas patrias, los hechos de la guerrilla que —tras siete años de lucha— arribó al poder en 1959. Hitos que quizás se diluirán en el tiempo para las futuras generaciones de cubanos sin dictaduras, no así las desapariciones en circunstancias dudosas de estos dos prominentes líderes opositores.

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Rápidos y furiosos


Los presidentes latinoamericanos de la nueva ola caudillista catalogada de izquierda, se la pasan exaltados. Parece que es la estrategia discursiva fundamental del populismo en su lucha “contra el imperialismo” estadounidense, que según ellos es «el grande del aula» regional y como una suerte de bullying político, se la pasa molestando y abusando de sus compañeros de clase hemisférica.

Esa es la táctica política-base de los nuevos “izquierdistas” continentales, a la que llaman eufemísticamente ideología. Criticar a los países del primer mundo, a los que se alinean con ellos, a los que tienen desarrollo o algún despegue económico o a otros democráticos con los que por supuesto, no comulgan, y acusarlos de “injustas políticas neoliberales” para restarles contrastes con su gestión al frente de sus respectivos países, que siempre fracasa en ese sentido.

Todos son amigos de los vetustos gobernantes cubanos y tienen más o menos el mismo modus operandi al arribar a la presidencia, pues modifican y/o rehacen la constitución para eternizarse en el poder y violar —en lugar de defender, como corresponde—, los derechos y las libertades de sus pueblos. Por eso cuando tienen la más mínima sospecha o información —incluso en ciernes— de un supuesto brote prodemocracia en la epidermis social, no dudan en quitarse la picazón y vienen más rápido y preocupados que furiosos, a rascarse a La Habana.

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20 años de un crimen impune


Imagen de sociedadsecretadecubanoslibres.blogspot.com

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Hace veinte años, el 13 de julio de 1994, un grupo de 72 cubanos trataron de hallar la libertad y se apoderaron del estatal remolcador 13 de marzo con el fin de emigrar hacia los Estados Unidos. Era una embarcación pequeña para escapar de un archipiélago también chico, pero con una dictadura descomunal y senil, que trató de evitar esa fuga —como otras muchas— haciendo un uso abusivo y excesivo de la fuerza frente a ciudadanos —niños y adultos— desarmados. Los fusilaron con mangueras de agua a presión para saciar la sed de libertad del grupo y evitar su determinación de escapar del ‘paraíso’ propagandístico castrista. Dos navíos capitaneados por la infamia, la cobardía y el oportunismo embistieron el 13 de marzo a siete millas de nuestro litoral y ocasionaron el vergonzoso saldo de 41 muertos, de los cuales 10 eran menores de edad.

Las autoridades cubanas siempre supieron quiénes fueron los asesinos, pero tenían la orden de aplaudir el crimen con eufemismos y silencio. Con semejante confabulación se ovacionó y ratificó una vez más, un proceder acorde a la dudosa moral de un totalitarismo en decadencia que ha vampirizado a nuestro país por más de cinco décadas y media. Cuando el presidente de entonces decidió abordar públicamente el tema, llamó a la bajeza accidente y arropó a la abyección y al extremismo para su conveniencia y propaganda. El liderazgo histórico cubano, inmovilista y abusador, siempre gustó de gobernar infundiendo miedo para bajar la autoestima de la sociedad, paralizarla e inducirla a que actuara según sus cánones dictatoriales.

En Cuba, a la sazón, transitábamos por un periodo especial atroz, en el que culpaban —como es habitual— a las sucesivas administraciones estadounidenses de la incapacidad del gobierno de Cuba para resolver nuestros asuntos nacionales y a la desaparecida Unión Soviética, por ejercer su derecho de cambiar de régimen en la búsqueda del bienestar de su pueblo y de una salida a la crisis sistémica que los ahogaba.

Hoy, a veinte años de aquel suceso, las almas inocentes de los infantes y de todos los cubanos perecidos en aquel siniestro y en la cincuentenaria tragedia nacional, se yerguen desde el fondo oscuro del océano de arbitrariedades y agitan las aguas a siete millas y más allá de nuestras costas pidiendo justicia.

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Penuria descriptiva


MudanzaUn conocido mío permutó su apartamento de un cuarto y medio por otro más pequeño y “una calderilla arriba” para paliar su alcoholismo y miserias. Nunca entré a su vivienda y por eso desconocía de su pobreza. Sus muebles tienen la apariencia de cachivaches en mal estado, los que probablemente —como en la mayoría de las casas cubanas— fueron comprados antes del triunfo de este modelo guerrillero que se instaló en el poder en 1959 y está ahí desde entonces. Una pintura mate de aceite, reviste la superficie de un aparador que quizás una vez estuvo cubierto de formica, el escaparate medio destartalado narra una historia de vejez y sobreexplotación, al igual que los huecos de su colchón camero, los restos de su sofá o los de su media lavadora rusa —a las que había que amputarles la secadora—, que delatan como los discursos de los dirigentes de Cuba, son palabras desdibujadas por el abandono y la demagogia.

Durante la mudanza, sacó de un nylon amarillento un montón de fotos en blanco y negro para enseñarles a sus compañeros cuán bello era ese apartamento que estrenó su padre en 1958. Entonces los muebles parecían vivos y las paredes aún vestían un atractivo y estético traje de pintura. Sentimientos monocromáticos evidenciaban la nostalgia en su rostro abofeteado por la frustración y el licor.

Sus amigos de farra lo ayudaron a sacar los añosos tarecos y los tuvieron al sol cerca de una hora en espera del transporte. Eran una decena de adictos “solidarios” convocados y alentados por el ron, que hacía las veces de combustible para mantener el entusiasmo. Un camión de los años treinta se llevó parte del “flaco” patrimonio a la “nueva casa”, que de seguro también fue construida antes del gobierno de los Castro y que albergará, como en otros muchos hogares de Cuba, los escándalos etílicos de esa parte de la sociedad que zambulle sus desengaños y miserias en un barato y sulfúrico ron casero, que es el que pueden pagar.

La solidaria y etílica brigada se quedó en tierra al cuidado del tesoro líquido que quedaba en la botella. El vaciado de esta fue el disparo de arrancada hacia sus propios armatostes y penurias acumuladas por décadas de injusticias gubernamentales, de abulia, de sometimiento antidemocrático y cansancio social. El delirium tremens o tremendo delirio de intentar engañar a las sociedades todo el tiempo con teóricas borracheras ideológicas y económicas, ha fracasado en todo el mundo.

Quizás en la tranquilidad de sus casas y antes de que el trago boxeador les dé knockout, saquen de sus personales nailons amarillentos de historia, fotos testimoniantes de lo que una vez fueron ellos —cuando la adicción no los tenía atados por el cuello—, de lo que una vez fueron sus casas y de lo que fue este país, antes de que este mal gobierno lo llevara a la ruina.

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Otra ley escoba


Tomado de Cubadebate

Tomado de Cubadebate

La Asamblea Nacional o parlamento cubano aprobó sin problemas —nada raro en ese órgano cuando se trata de algo que aunque no es divino, “viene de arriba”— la nueva ley de inversión extranjera. No hace falta una bola de cristal para saber que la nueva legislación, como la escobita del refrán, barrerá bien fundamentalmente para ellos y su rémora orbital.

Los sofocos financieros del decimonónico modelo político cubano evidencian que para la nomenklatura es más importante la urgencia de sus bolsillos bancarios o actualizar —airear— su capitalismo de estado, que reanimar verdaderamente la maltrecha «economía socialista». Como toda ley “que se irrespete” en la Cuba posterior a 1959, fue aprobada por unanimidad, que quiere decir que todo el mundo estuvo de acuerdo —o al menos, levantaron la mano— en la caricatura de senado compuesto casi totalmente por miembros del único partido legalizado en Cuba, que está en el gobierno desde hace 55 años y que aunque se autodenomina comunista, no lo es. Cabe entonces sugerirles a las autoridades cubanas, para que sean coherentes con sus propias leyes, que hagan un aggiornamento también de las bases filosóficas de su ideología y del nombre del histórico partido de gobierno.

El estado cubano tiene puestos los ojos desde hace mucho en los inversores foráneos. Rodrigo Malmierca, ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, dijo hace unos meses en Brasil, que en Cuba continuará habiendo solamente un partido. Apuntaba, claro está, al interés en los empresarios brasileros y al mensaje de confianza y estabilidad que quiere transmitirles la clase gobernante cubana, para estimularlos a hacer negocios en Cuba.

Esta norma deviene otra ley discriminatoria “con el cebo” de los beneficios fiscales y tributarios para los extranjeros, que contrasta con los estruendosos impuestos que deben pagar los nacionales que se lanzan al sector privado. Les quitaron todo a los empresarios cubanos y extranjeros cuando este modelo arribó al poder y ahora estimulan y favorecen solamente a los capitalistas foráneos para que inviertan en nuestro país. Dicen que no lo regalan, pero cualquier ciudadano de otros lares está por encima de los nacionales, que una vez más quedan excluidos de la oportunidad de invertir en la mediana y gran empresas en su suelo patrio. Igual que nuestros antepasados españoles, cometen la desvergüenza y el abuso de marginar a los cubanos del patio y de restringirles su papel económico en su propia casa nacional. El estado sigue en posesión de «la llave maestra» de la contratación laboral —empresa empleadora— para calmar a sus seguidores e instarlos a que continúen dándoles su apoyo incondicional con la establecida y visible promesa de que serán recompensados y privilegiados, aunque solo sea con una diminuta, revolucionaria, simbólica y codiciada «tajadita» de la torta estatal.

Por otro lado, la impunidad en la gestión de los funcionarios públicos, a la par de la falta de respeto a la sociedad implícitos en el secretismo, desabotonan la camisa de la corrupción. Algunos de los muchos ejemplos a flor de piel entre cubanos de diversas coordenadas geográficas, es ¿cuál es el estado de cuentas del país? ¿Cuáles son los ingresos y egresos periódicos en diferentes etapas de la economía? ¿Por qué no le informan a la sociedad cubana acerca del monto anual de ingresos por concepto de remesas provenientes de los cubanos emigrados y el uso que le dan a esos recursos?

Mucho pudiera decir y escribir de la nueva ley y la vieja discriminación y prácticas contenidas en la legislación de marras, que para mí resulta, por mucho, otro perro pulgoso con reversible —no diferente— collar. Pero sería darle mucha relevancia a la segregacionista, chapucera, y desesperada búsqueda de dinero de la élite del poder en Cuba, la cual necesita cada vez más colosales sumas del malvado capital para “sostener” su insostenible burocracia y su ineficiente modelo. En fin, que la nueva ley, como la escoba del proverbio, siempre va a barrer bien para ellos y eso parece ser lo único que, de acuerdo a sus mentalidades dinásticas, cincuentenarios y linajudos estilos de vida, les importa.

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Hacia una nueva constitución


Idea de ConstitucionUn grupo de cubanas y cubanos de Cuba y su diáspora acordamos impulsar una hoja de ruta para un consenso constitucional. Organizaciones y personalidades públicas de diversas generaciones, de todas las ideologías, credos religiosos e intereses, creemos que es bueno que, en primer lugar, nos pongamos de acuerdo en cuanto al tipo de carta magna que queremos que se establezca o tomemos de referencia para la creación de una nueva constitución, acorde a nuestros tiempos y realidad.

El grupo gestor que viabiliza este proyecto está integrado por Rogelio Travieso Pérez, Rafael León Rodríguez, Manuel Cuesta Morúa, Fernando Palacio Mogar, Eroisis González Suárez, Veizant Voloi González, Wilfredo Vallín Almeida y Rosa María Rodríguez Torrado.

Queremos desdibujar el círculo vicioso y viciado de una élite que desde hace décadas marca el rumbo de nuestro país sin tener en cuenta la opinión de sus ciudadanos. La hoja de ruta constitucional nace también para derrumbar el mito perverso que nació con el modelo político imperante, en el cual Cuba es solo para una parte de sus hijos: que extiende una mano para tomar el dinero de los emigrados y con la otra los empujan y apartan del entorno al que por derecho pertenecen. Por ello trabajamos en común para la búsqueda de un consenso y orden constitucional y legal que dimane de los ciudadanos, a partir de su diversidad, lugar de residencia y pluralidad.

Miles de cubanos ya han firmado el llamado por una constituyente en Cuba y continuamos convocando a todos nuestros compatriotas, donde quiera que estén o residan, a que se sumen a este esfuerzo, para armarnos con un nuevo blindaje civilizado de coexistencia. En este derrotero, invitamos a los cubanos a que ofrezcan sus ideas de cómo lograr definitivamente, una Cuba para todos desde la ley.

En aras de promocionar estos esfuerzos, compatriotas del exterior crearon el sitio http://consensoconstitucional.com/ en el que existe información actualizada sobre este proyecto.

Redactamos una metodología en la que recomendamos a los cubanos interesados en participar a que presenten ponencias en la que argumenten, en alrededor de diez puntos, las razones de por qué defienden una u otra propuesta constitucional como punto de partida hacia el cambio de la ley de leyes para enrumbarnos a la democratización de nuestra nación.

El próximo mes de mayo, los cubanos de dentro y fuera de Cuba, comenzaremos a realizar encuentros en los que debatiremos las ideas sobre este proceso de promoción de consensos. Ahora mismo, estamos trabajando para la creación de mesas de iniciativa en el territorio nacional y este diseño es solo el comienzo de un largo camino de justicia, equidad y estado de derecho para todos los cubanos.

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Hasta siempre, Adolfo Suárez


Adolfo SuárezAdolfo Suárez, abogado y político católico español nos extendió definitivamente su mano del adiós físico. De ahora en adelante recurriremos a la memoria, a las fotos y a los audivisuales para verlo saludar con su gesto amable de gallardía inclaudicable en la lucha por la democracia en su país. La historia lo recoge como el arquitecto de la transición española. Para mí es cimiento y pilar él mismo del conjunto magnífico de la democracia y de todo el proceso de desarrollo político acontecido allí tras el deceso de Francisco Franco. Como hombre público y estadista decente, trabajó para la reconciliación de los españoles, para la erradicación de los vestigios dictatoriales en España y para ayudar a levantar a su país, no para arrodillarlo, como suelen hacer los dictadores y sus parciales de uniforme.

Su sonrisa cálida de hombre gentil, de líder sin rencores que no escondía tras de sí el cuchillo de la venganza, sino el abrazo de la reconciliación, le valió el amor y el respeto de todo el mundo. Protagonizó la conformación de una monarquía democrática y dio lecciones de respeto por las instituciones y las leyes con la alternancia en el poder que se ha mantenido desde 1976 hasta hoy. Los cubanos, que sufrimos desde hace cincuenticinco años una dictadura que derrotó a otra de siete para permanecer más tiempo y arruinar a Cuba, valoramos la estatura moral de políticos que sirven a sus países y a sus sociedades, no de los que los usan de pedestal, como dijo José Martí, para erigirse sobre ellos.

Recuerdo durante mi infancia como el dictador cubano criticó al caudillo de El Ferrol por sus años en el poder y como con el decursar del tiempo le rompió el récord de instalación en el más alto cargo de Cuba.

Las sociedades democráticas están de duelo en estos días por el descanso eterno de ese ciudadano y político que mostró al mundo que las intenciones “se demuestran” con hechos, no “se muestran” con palabras. Que descanse en paz este ilustre hijo de España y discípulo ejemplar de la democracia.

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Soldados de la información


Gráfico de "Emisoras Unidas"

Gráfico de “Emisoras Unidas”

El 14 de marzo transcurrió otro día de la prensa cubana con más penas que glorias. Igual que años anteriores, algunos guerrilleros de los medios se comprometieron a hacer un periodismo más crítico. Me pregunto con quién o quiénes. ¿Con la sociedad y con los dirigentes de base? ¡Así no se vale! Criticar a cualquiera, menos a los responsables de la devastación de Cuba parece ser la divisa de los soldados de los medios, pues nadie quiere poner en riesgo su parcela y prebendas, que traducido del cubano posterior a 1959 quiere decir “que el muerto lo ponga otro”. La clave está dada por los cincuenticinco años de dictadura castrista en general o por los cuarentisiete del primigenio dictador, que dejó la cicatriz caudillista nacional de “como digo yo”, en una estela de violencia verbal, irrespeto y discriminación hacia el que piensa diferente. Entonces, ¿criticar qué o a quién? Por supuesto que al capitalismo, a los Estados Unidos y al que no se alinea o simpatiza con su mal llamada revolución.

El grupo del poder siempre tuvo oídos receptivos para sus propios intereses y sordos para las demandas reales de la sociedad. El monopolio de la información en Cuba está en manos del estado, que prohíbe oficialmente la circulación de publicaciones independientes, la libertad sindical y el pluripartidismo.

La prueba más escalofriante la protagonizó en cámara alrededor del 2005 la periodista Arleen Rodríguez, en los días que habían aumentado el precio de kilowatt. En una visita de Fidel Castro a la Mesa Redonda en la cual ella participaba, se quejó del alza eléctrica ante él, que expresó evidente molestia y con la velada amenaza de “tu esposo es mi amigo”, la hizo comparecer al día siguiente, al inicio del programa, con un texto escrito para no equivocarse o decir ni una letra más de la debida y aclarar que “lo que ella quiso expresar fue…” ¡Ni qué decir del escritor y poeta Heberto Padilla!, fundador del grupo Orígenes, al que en los años 60 hicieron comparecer públicamente denunciando a sus compañeros y haciéndose un haraquiri con la hoja oxidada de la extorsión.

En lo personal, reafirmo lo que ya he dicho otras veces, que mientras nuestros profesionales de la comunicación no tengan y sientan la libertad de expresar lo que realmente quieran y preocupa a una parte o a todo el pueblo, no habrá una verdadera transparencia informativa que facilite y estimule la libertad de expresión de los trabajadores del ramo y de la sociedad en general. Desde ellos mismos, sin cambiar la violencia que acabó con las estructuras democráticas, que subsiste para perpetuarlos en el poder y una prensa dependiente y manipulada, no podrán obtener lo que hace tiempo los dirigentes del gobierno quieren: que en lugar de “caerles a piropos políticos” al modelo —como es habitual— en los medios cubanos, se cree el atrezo para un teatro mediático que envíe al mundo el falso mensaje de que en Cuba existe libertad.

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Atropellos en la frontera


Imagen de Kubafotos

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El pasado 7 de marzo regresé a Cuba procedente de Miami y me decomisaron setenta libras de comida. No importó que haya comprado el boleto en la agencia de viajes, envío de dinero y paquetes a mi país llamada Va Cuba, la cual se rumora que pertenece al gobierno cubano y que por esos días ofertaba cien libras gratis. Fue un vuelo traumático el de Gulfstream Air Charter, para el que nos orientaron que estuviéramos en la terminal aérea de Miami a las 9 a.m. y que partió de allí rumbo a La Habana doce horas y media después.

Ya desde antes de la ley migratoria que entró en vigor en enero del pasado año, para un cubano del patio enfrentar a los predadores aduanales no es una contrariedad a la hora de salir al exterior. Los problemas surgen al regresar, con “la pacotilla” y otras necesidades materializadas para resolver algunas carencias personales y familiares y con algún “dinero del enemigo” en el bolsillo. Los extranjeros y cubanos residentes en el exterior corren la misma suerte cuando viajan a Cuba. Es que el gobierno de mi país ha convertido al capitalino aeropuerto José Martí en una cámara de estrés, tortura sicológica y frontera de extorsión para muchos viajeros al llegar a esta tierra. Me imagino que igual sucede con las demás terminales aéreas dispersas por el territorio nacional. Es como llegar a la intemperie de las arbitrariedades, del desamparo y del capricho de una tiranía cruda y burda, en donde la ley es una exhibicionista que se pasea desnuda por nuestras calles y aeródromos, nada más. Una regresa con la emoción del reencuentro y aquí nos decomisan hasta el entusiasmo.

Regresé melancólica por los familiares que dejaba atrás, pero me compensaba la reunión con la familia que fundé hace casi 32 años: mis dos hijos varones y mi amado esposo que esperaban ansiosos mi regreso y que me habían anunciado que irían a recogerme. Fui de las primeras en bajarme de la aeronave y también de las que enseguida recogió sus bultos cuando fueron evacuados del intestino del avión. Cuando me disponía a pasar por el último control me anunciaron el decomiso. La comida que habían compilado durante meses mi madre y hermana, personas de bajos recursos residentes en Miami, debía dejárselas por una compleja, tramposa y ladrona cuenta china de los funcionarios de la frontera cubana. ¿Será cierto que las autoridades dictan leyes tan enrevesadas para facilitar la corrupción de sus funcionarios o estaba “mandada a matar” por la policía política? Y si es así, ¿por qué? ¿Qué hice o dije que les molestara para que tomaran represalias a mi arribo a Cuba? Les repliqué todo lo humanamente posible en base a lo que me habían dicho en la Aduana General de la República en el Nuevo Vedado, a la que consulté reiteradamente antes de partir y cuyo teléfono es 881-9723.

Replicaba, pero no podía insistir demasiado para evitar que se ensañaran más. Tal parece que las leyes de la aduana son unas y las del aeropuerto, otras. Aun así, trataron de coaccionarme al decirme que traía un router, una pieza que nos prohíben importar a los ciudadanos sencillos de Cuba. Ante mi argumento —que evidenciaba conocimientos de informática—, de que era una tarjeta inalámbrica de red, optaron por callar sin consultar a un especialista para comprobar mi explicación. O sea, que ¿creyeron mansamente en mí o estaban presionándome para desestabilizarme y obtener más ventajas? La otra señora a la cual también le decomisaron aquella noche rompió en llanto ante el anuncio de confiscación. Como era una anciana, la atendieron rápido y le dieron un tratamiento especial para evitar una emergencia médica. Ella es residente en Miami y al igual que a mí, no le permitieron pagar el exceso de equipaje. Sin embargo, detrás de nosotros personas del mismo vuelo, salían risueñas por la puerta con sus carritos más repletos que los nuestros y dejaban tras de sí a los funcionarios que los habían atendido con rostros radiantes.

Me apartaron hacia una esquina de la terminal y allí me tuvieron castigada de pie por casi tres horas. Ignoraron que estaba desde las 9 de la mañana en el aeródromo de Miami. Cuando el José Martí se vació de pasajeros, asistió la jefa acompañada de un señor con un saco verde olivo, en el que echaron toda la dedicación alimenticia de mi madre y hermana. Miraba el color de la bolsa y no podía dejar de pensar que en ese hecho, había un mensaje. Salí de allí cerca de la una de la mañana.

No me extrañaría que en poco tiempo se generalice el pillaje de que las valijas pesen una cantidad al abordar los turistas en sus lugares de origen y aumenten “unos quilos” (kg) per cápita al aterrizar en los aeropuertos cubanos.

Además del decomiso, me multaron con mil cuatrocientos cincuenta pesos y me dijeron que tenía un mes para reclamar. Decidí que pese a mi indignación, no voy a interpelar a las autoridades aduanales, porque en Cuba no hay estado de derecho. Tampoco voy a meterme en la órbita del burocratismo y complicidad de las entidades del ramo, que solo proporcionan desgaste al que se involucra en semejante maquinaria. También, porque puede darse la coyuntura de que “gane” el caso para enviar un mensaje equivocado sobre mis compromisos y lealtades.

Este nuevo contratiempo solo me reafirma que estoy en la senda correcta a la hora de combatir y denunciar las arbitrariedades de una dictadura que se tambalea. Mis apetitos son de libertad, democracia y justicia social para Cuba y contrastan con la voracidad mezquina e injusta de los que, como los trabajadores aduanales cubanos simbolizados en “el hombre del saco”, les roban hasta el plato a los viajeros parapetados tras cuestionables y abusivas figuras legales. ¡Buen provecho!

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