Disentir de un gobierno y embargar a su pueblo


Como un típico brindis con la aromática bebida de ginebra, se repetirá una vez más en New York, como cada año, la votación que condena el estadounidense embargo comercial a Cuba.

El resultado seguramente será el de siempre, porque los participantes votan también por la extraterritorialidad de la ley Helms-Burton, que con el propósito de agudizar las sanciones y castigar a los gobernantes cubanos, los ha empoderado indefinidamente. Algunos en la cúpula de gobierno celebrarán “de mentiritas” con los dirigentes y personas intermedias que no apoyan esas políticas injerencistas de aislamiento a nuestro país y después, en la privacidad de algún sitio secreto, festejarán con su selecto y reducido grupo de estrategas —quizás con menos estrellas que los generales, pero con más autoridad y privilegios— que mientras tengan éxito intrigando a favor del mantenimiento del embargo, tendrán también garantizada la permanencia en sus puestos, con sus respectivas cuotas de poder.

Por supuesto, hay que dar por descontado que a los gobernantes ni a su familia y altos oficiales y amigos les falta nada. Sin embargo —y a pesar de él—, donan hospitales, los amueblan, equipan con todo tipo de aparatos —tecnología de punta— y suministran toneladas de medicamentos. Ante esas informaciones que publica la propia televisión oficialista, junto a otros ejemplos de desprendimiento gubernamental, —demasiado le ha costado a este país y a esta sociedad la política exterior de la dictadura— muchos se preguntan dónde está el llamado bloqueo y por qué no destinan esos recursos o parte de ellos a la población cubana y a su ruinoso sistema de salud.

Sabemos de las campañas que el gobierno cubano ha desatado por el mundo en su papel de pobre David contra el gigante y bloqueador Goliat, pero detrás de la edición y postproducción de esa película hay muchos rollos que no nos dejan ver en Cuba, un guión manipulador del que solo conocemos una parte y que no plasma realmente la compleja y multifacética situación cubana.

Este año el gobierno ha desatado una gran campaña y presentará en las Naciones Unidas una larga resolución con un nombre también largo en el que exponen los daños que el embargo ha ocasionado a la sociedad cubana, cómo ha limitado su desempeño, la ha privado de tecnología, medicamentos, etc. Por supuesto, ni una sola mención al antropófago bloqueo nacional, al daño sociopolítico y antropológico que ha ocasionado la dictadura con su concentración absoluta de poder, que ha facilitado a un pequeño grupo de cubanos que ejerza el mando de forma arbitraria, inconsultamente y por tiempo indefinido. También, que se haya «tirado a Cuba por la ventana» en busca del apoyo político de diferentes países ante los organismos internacionales.

Mi posición antiembargos o antibloqueos —cubanos o extranjeros— ya está definida en escritos anteriores: me opongo a todo lo que limite o afecte la salud democrática de los pueblos y el ejercicio pleno de sus derechos y libertades. Nuestra sociedad es la que sufre las consecuencias del embargo estadounidense, no el gobierno cubano, cuya élite militar, familiares y amigos están bien posicionados en el presente y lo estarán en el futuro; con relaciones normales o no con nuestro vecino estadounidense.

Queda pues que los poderes del país norteño —como le corresponde realmente a un buen vecino— derriben el muro donde se exhiben las justificaciones del gobierno cubano y que le abra los brazos a la normalización de relaciones entre las sociedades de ambos países en un abrazo definitivamente esperanzador que nos tienda la mano en la reconstrucción y reconciliación de nuestra nación.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a Disentir de un gobierno y embargar a su pueblo

  1. teresacruz18 dijo:

    Eliminar el embargo o no, está en ámbito de la soberanía estadounidense y del éxito de los cabilderos. Un buen vecino no expropia propiedades sin aviso y sin compensación. No es fácil.

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