Retos para un pensamiento analítico


Pirámide de MaslowEl modelo dictatorial de «partido único» ha conformado e impuesto igualmente un «pensamiento único» en el contexto social y político cubano y es por ello que después de casi 56 años, lega a la sociedad una lectura y resultados negativos en torno a muchos aspectos de la vida nacional.

En la actualidad no son pocos los que manifiestan públicamente su preocupación por la crisis de valores que signa a la sociedad, y así como una parte de la intelectualidad al interior de nuestro país analiza el consumo cultural, debiera debatirse también, en una misma mesa, el político. Porque la política además es cultura y es diversa, y al igual que las personas tienen derecho a consumir la expresión cultural de su preferencia —música, danza, literatura, audiovisuales, etc.—, lo tienen también de recepcionar y aceptar —o no— los proyectos políticos que les son afines de acuerdo a sus conceptos, educación, valores morales e intereses.

No es casual ni fruto de un diseño real y desinteresadamente progresista, sino más bien lo contrario, que en los regímenes dictatoriales hablen, “se preocupen” y ocupen tanto de la ‘formación’ de las personas, pues esta es la herramienta por excelencia para violarles a las sociedades el acceso a todos los temas a los que tiene derecho, adoctrinarlas, paralizarlas “por agradecimiento” y pretender cobrarles con obediencia toda la vida. Una deuda sobrevalorada que no se termina de pagar nunca de acuerdo a los intereses inmovistas y continuistas del gobierno cubano.

El estado totalitario en Cuba —dueño de los medios y centros educativos, entre otros— ha instruido a los ciudadanos acorde a su conveniencia desde 1959. La formación de las personas, que es también un proceso de diálogo, ha estado carente en nuestro país de la apertura y de los instrumentos legales que les garanticen la libertad y los derechos primero a los maestros y pedagogos para educar a un sujeto autónomo —con capacidad para discernir frente a los temas de su contexto sociopolítico y económico—, y después a la sociedad en su conjunto para ejercerlos. A los ciudadanos cubanos se les ha impuesto un modelo de partido único ignorando que aceptarlo o no es un acto de libertad en el cual las personas expresan también sus principios. Se ha desconocido así, deliberadamente, que no todos los individuos están dispuestos a aceptar el mismo proyecto político y a vivir en el mismo sistema. Desconocimiento que es a la vez, una violación de un derecho humano elemental.

Por eso se hace imprescindible la transición hacia un estado nacional democrático que garantice el ejercicio pleno de los derechos y libertades de los cubanos. Solo el pluralismo —con su libertad de expresión y de pensamiento— y la democracia —con su alternancia en el poder—, mueven a los actores comprometidos con la política a que aspiren y luchen por llegar a convencer a la mayoría de la viabilidad de sus proyectos políticos, y a los sujetos, a que elijan en elecciones al partido de su preferencia. La diversidad política es uno de los derechos que estimulan la capacidad de observación, la recepción y comparación de criterios contrastantes y el desarrollo del pensamiento analítico. Sin embargo en Cuba, durante décadas y hasta el presente sin consultas, diálogos ni consensos nacionales se ha anulado la voluntad popular y sustituido por decisiones totalitarias del grupo del poder.

Las ideas preelaboradas por las autoridades para el consumo de la población es una práctica reduccionista de la capacidad de observación social, una incongruencia con el elevado nivel de instrucción de los cubanos y una falta de respeto que disminuye a los individuos. Hay que formar a personas y entrenarlas en el uso de las herramientas cognitivas que les permitan encontrar la verdad sin limitaciones y a través de la interrogación constante. Para ello, el papel de las prensas —radial, televisiva y plana—, la familia y la escuela son fundamentales. Pero elevar el nivel de instrucción no equivale al desarrollo del pensamiento crítico. Creo que una de las tareas más urgentes del país es la promoción, estimulación y desarrollo del pensamiento crítico multidimensional —no solo al que tanto gusta a las autoridades cubanas para criticar a sus antagónicos— en los diferentes niveles del sistema educacional cubano.

Para salir de la profunda crisis sistémica en que se encuentra, Cuba necesita la contribución de todos los cubanos, algo que el gobierno no acepta, aunque —parafraseando a Martí—, sea para el bien nacional. En los últimos tiempos las autoridades parece que “promueven” la diversidad, pero sesgada o parcial —típica de los regímenes dictatoriales—, es decir, solo en lo sexual y lo cultural. Considero que hablar de diversidad sin tomar las medidas pedagógicas y antropológicas que favorezcan la formación y desarrollo de seres sociales activos, objetivos, responsables y con un cimentado pensamiento crítico —sin excluir a su contexto sociopolítico—, es una manipulación y una hipocresía.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
Esta entrada fue publicada en Política y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s