Reciprocidad


Desde hace un tiempo los artistas cubanos residentes en el archipiélago patrio ya pueden visitar casi sin prejuicios de las autoridades la otrora tierra prohibida: Miami. Interactúan con sus compatriotas que huyeron de Cuba —a los que humillaban las autoridades por querer emigrar—, los cuales se establecieron y triunfaron allí y los de aquí van y hacen shows en programas conducidos por algunos de aquellos, que también les sirven para promocionar sus presentaciones en centros nocturnos de esa bella ciudad. A mí me parece medianamente bien, si no fuera porque pienso en los artistas y cubanos en general residentes allá. ¿Por qué no pueden venir igualmente a cantar o actuar aquí? ¿Por qué los gobernantes de Cuba no les respetan a todos el derecho a entrar libremente a su país?

Quizás hay algunos a los que no les interesa venir. Otros no querrán hacerlo mientras estén en la pasarela política nacional los dirigentes que obligaron a su familia a marcharse definitivamente de Cuba. Muchos tienen sus razones de principios que son respetables. Es probable también que haya quienes teman a las críticas y represalias de amigos y personalidades de allá que son tan intolerantes como el gobierno cubano. Pero también es posible que algunos quieran venir a cantar o a actuar en la tierra que los vio nacer —aunque fueran minoría también tienen derechos— y eso también es honorable. ¿Por qué no permitir que aparezcan en la televisión nacional, se les entreviste, promocionen sus actuaciones en los cabarets habaneros y al igual que piden que liberen a “los cinco” algunos de aquí cuando van allá, los de allá aboguen por la liberación del estadounidense Alan Gross, encarcelado aquí?

Hasta el momento, el tramposo e irrespetuoso gobierno, que casi nunca juega limpio con sus conciudadanos, condiciona que se les permita entrar a Cuba solo a los artistas de bajo perfil de Miami o del sur de Florida o a los que muestren simpatías hacia el añejo modelo político cubano o hacia su líder histórico. Y el que no las sienta, que las actúe y sea consecuente en sus comparecencias públicas con “ese papel” y que reprima su opinión y viole su propio derecho a expresarse libremente. O sea, que stanislavskee su servilismo moral como todo un profesional de la actuación, o peor, que simule como otro de los millones de cubanos casi sin derechos que viven en Cuba.

Estos guerrilleros de la política y los medios que arribaron al poder mediante las armas, timaron a la sociedad con la abolición de las estructuras democráticas y nos impusieron esta realidad de cangrejo inamovible y desalentadora, que aún sigue siendo violenta y aplastante porque impide el ejercicio pleno de todos derechos por parte de la sociedad. Pero el futuro es esperanzador y nos muestra que muchos de los que emigraron de Cuba tienen la voluntad de reconstruir a nuestro país —sin discriminaciones políticas, como en este gobierno— junto a los cubanos de adentro, como médula del mismo pueblo, e instaurar las nuevas pautas de reciprocidad ciudadana basadas en el respeto mutuo, en los valores democráticos y una cultura de diálogo y de paz, que es la mejor forma de convivencia entre los hijos de una misma nación.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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