Las cajas mágicas


Caja decodificadora de TV«Más vale tarde que nunca», me dije cuando escuché que el gobierno cubano iba a comenzar a digitalizar la señal televisiva con unas cajas decodificadoras externas procedentes de China. Justo cuando publicaron que el presidente de Venezuela estaba regalando a sus compatriotas las llamadas “cajitas” para digitalizar su señal, las autoridades cubanas, cuidadosas de su imagen a nivel internacional, anunciaron que lo harían también aquí. Entonces oímos por primera vez que el apagón analógico en nuestro país sería para el 2021.

Muchos saben que detrás de esos gestos “bondadosos y desprendidos” de los regímenes dictatoriales de izquierda, hay mucha manipulación y propaganda. Generalmente es más el ruido mediático que lo que dan físicamente, y en el caso que nos ocupa, de los decodificadores que distribuyeron de forma experimental, los designados a repartirlos e instalarlos los vendían por detrás del telón. ¿Será que las autoridades quisieron crear un mercado negro coyuntural de ese producto para calcular el precio a ponerles después?

Me imagino que Cuba sea vista por una parte del mundo, en sentido general, cual holografía en una película. Se sabe que está ahí, se le mira, se le sigue en sus dimensiones noticiosas, pero siempre es recomendable que se haga con una percepción independiente, porque si se observa como simpatizante del gobierno cubano puede suceder que se mienta inconscientemente —porque se crea y defienda de buena fe lo que dicen los voceros oficiales— o que se engañe a conciencia, que es la manera de ‘ir contra el tráfico’ de la modernidad y el desarrollo humano en sus posibilidades de plenitud material y espiritual. Por eso es mejor mirar a Cuba desprejuiciadamente desde una tercera posición para —como diría el lobo de Caperucita— verla mejor.

Este mes comenzaron a vender las cajas en las tiendas recaudadoras de divisas al abusivo y aproximado precio de 38 y 48 CUCs respectivamente. No obstante, sacan pocas a la venta —según los dependientes— y por el precio y la escasez muchos se quedan con los deseos de mejorar la imagen de lo que ven en la caja mágica mayor que es su televisor. En Cuba la programación televisiva nacional desde hace mucho es mala y está sobrepolitizada. Además, solo hay seis canales y de ellos uno es para los deportes y otro para las “retransmisiones” de Telesur. Solo a su grupo de privilegiados y a algunos extranjeros les permiten tener antena satelital. Si a eso le sumamos que la señal tiene más acné que un púber, mucha llovizna y carece de la nitidez adecuada, es comprensible que muchos quieran adquirir la dichosa cajita no solo para modernizarse, que es su derecho, sino para mejorar la recepción de lo que les permiten ver.

Vale destacar que en mi país, en algunos organismos o empresas les pagan a sus trabajadores “un estímulo” de aproximadamente 10 CUCs al mes —que equivalen a 12 dólares—, siempre que en el transcurso de los 30 días el empleado no haya llegado tarde ni faltado un día al trabajo. O sea, que aun la asignación de ese importe sería una cantidad descomunal después de todo un mes de avatares personales y familiares, de estreses y de tortuosos sacrificios con el transporte público para correr detrás del palo y la zanahoria de una miserable dádiva, que más que un incentivo es una limosna y un chantaje.

Son muchos años de este alboroto teórico —azuzado, reflotado y realimentado por imitadores sudamericanos— del que todos sabemos el final que no acaba de llegar. Una conoce de los viajes no tripulados a Marte —mientras que estamos encallados en un miércoles que nos tiene casi detenidos en el tiempo—, de los drones, de internet y las NTICs en general, del coche autónomo de Google, de smartphones, tablets, relojes de pulsera con acceso al ciberespacio y en contraste, una siente que nos guían por un reloj de sol en materia tecnológica. O sea, que en muchos aspectos estamos desfasados con relación al resto del mundo.

Ojalá que para el 2021, cuando ocurra el apagón analógico en Cuba, ya haya sobrevenido el alumbrón sociopolítico y económico que nos permitirá tener libertad, un auténtico estado de derecho y recibir salarios justos por nuestro trabajo, no por los favores o decretos oportunistas y demagógicos de ninguna institución. Espero asimismo, que cuando finalmente las autoridades “les ajusten” antes de ese año el precio a los dichosos decodificadores y todos disfrutemos de transmisiones más nítidas y de mayor calidad, encendamos nuestras “cajas mágicas” sin tener que escuchar las mismas enajenantes consignas y propagandas ni oírle decir a un adulador de la prensa oficial que “gracias a la revolución” tenemos señal digitalizada de televisión.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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