Maleconazo


Este 5 de agosto de 2014 recordamos el vigésimo aniversario de la manifestación antigubernamental espontánea más grande ocurrida en Cuba después de 1959. Es una fecha que oprobiosamente, entre muchas otras, ha sido borrada del almanaque histórico cubano por la dictadura. Menos de un mes antes de ese día, el 13 de julio, habían asesinado a 41 compatriotas —de ellos 10 menores de edad— por intentar huir a los Estados Unidos en un remolcador estatal. Este hecho, sumado a rumores y otros asaltos a embarcaciones que se produjeron en poco tiempo, fue el que suscitó que cientos de personas se lanzaran al litoral habanero buscando la manera de «montarse en lo que fuera» para escapar del sistema político imperante.

Las autoridades por su parte, multiplicaron la concentración en su práctica tradicional de oponer al pueblo contra sí mismo para apagar cualquier manifestación popular antagónica. No les importó incrementar para la historia el número de congregados inconformes con el modelo, sino obtener la victoria final. En eso son muy eficientes y también ha sido su abecé estratégico a la hora de combatir a la oposición pacífica. En ómnibus y camiones desembarcaron destacamentos de personas en varios puntos del malecón para coaccionar a los asistentes e implosionar la multitud. Eso, unido a la acción coercitiva de los órganos policiales y a múltiples detenciones, lograron poner fin a los disturbios, que se prolongaron por varias horas.

El gobierno cubano se ha cuidado mucho de evitar que la sociedad tome las calles en una iniciativa que no sea concebida y dirigida por ellos a través de sus organizaciones políticas y de masas. Indiscutiblemente, le temen a una multitudinaria protesta —como las que se producen en los países democráticos y que tanto ellos publicitan— que promueva la solidaridad internacional y sirva de pretexto para una intervención foránea. Así lo han expresado sus voceros en los medios nacionales.

A 20 años de aquel evento, el gobierno cubano básicamente continúa sometiendo al pueblo a la misma rutina política: un revolucionismo monárquico que los mantiene en el poder con el pretexto de defender a la revolución que fue y se les fue cuando la institucionalizaron y convirtieron en el permanente medio de vida del grupo primigenio. Poco o casi nada ha cambiado. Lo más significativo ha sido precisamente, la ley migratoria, que después de 54 años les respeta a los ciudadanos el derecho a viajar, quizás para entregarle a sus sucesores una sociedad con menos estrechez y un poco de esperanza. También, para que parte de ella que viaje al exterior, regrese y traiga el patrimonio ganado en el capitalismo para sufragar su ineficiente, burocrático y fracasado modelo; y con la intención paralela de evitar que hechos como el del 5 de agosto se repitan.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a Maleconazo

  1. Armienne dijo:

    Una pena que abortó tan pronto se fecundó.

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