Atropellos en la frontera


Imagen de Kubafotos

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El pasado 7 de marzo regresé a Cuba procedente de Miami y me decomisaron setenta libras de comida. No importó que haya comprado el boleto en la agencia de viajes, envío de dinero y paquetes a mi país llamada Va Cuba, la cual se rumora que pertenece al gobierno cubano y que por esos días ofertaba cien libras gratis. Fue un vuelo traumático el de Gulfstream Air Charter, para el que nos orientaron que estuviéramos en la terminal aérea de Miami a las 9 a.m. y que partió de allí rumbo a La Habana doce horas y media después.

Ya desde antes de la ley migratoria que entró en vigor en enero del pasado año, para un cubano del patio enfrentar a los predadores aduanales no es una contrariedad a la hora de salir al exterior. Los problemas surgen al regresar, con “la pacotilla” y otras necesidades materializadas para resolver algunas carencias personales y familiares y con algún “dinero del enemigo” en el bolsillo. Los extranjeros y cubanos residentes en el exterior corren la misma suerte cuando viajan a Cuba. Es que el gobierno de mi país ha convertido al capitalino aeropuerto José Martí en una cámara de estrés, tortura sicológica y frontera de extorsión para muchos viajeros al llegar a esta tierra. Me imagino que igual sucede con las demás terminales aéreas dispersas por el territorio nacional. Es como llegar a la intemperie de las arbitrariedades, del desamparo y del capricho de una tiranía cruda y burda, en donde la ley es una exhibicionista que se pasea desnuda por nuestras calles y aeródromos, nada más. Una regresa con la emoción del reencuentro y aquí nos decomisan hasta el entusiasmo.

Regresé melancólica por los familiares que dejaba atrás, pero me compensaba la reunión con la familia que fundé hace casi 32 años: mis dos hijos varones y mi amado esposo que esperaban ansiosos mi regreso y que me habían anunciado que irían a recogerme. Fui de las primeras en bajarme de la aeronave y también de las que enseguida recogió sus bultos cuando fueron evacuados del intestino del avión. Cuando me disponía a pasar por el último control me anunciaron el decomiso. La comida que habían compilado durante meses mi madre y hermana, personas de bajos recursos residentes en Miami, debía dejárselas por una compleja, tramposa y ladrona cuenta china de los funcionarios de la frontera cubana. ¿Será cierto que las autoridades dictan leyes tan enrevesadas para facilitar la corrupción de sus funcionarios o estaba “mandada a matar” por la policía política? Y si es así, ¿por qué? ¿Qué hice o dije que les molestara para que tomaran represalias a mi arribo a Cuba? Les repliqué todo lo humanamente posible en base a lo que me habían dicho en la Aduana General de la República en el Nuevo Vedado, a la que consulté reiteradamente antes de partir y cuyo teléfono es 881-9723.

Replicaba, pero no podía insistir demasiado para evitar que se ensañaran más. Tal parece que las leyes de la aduana son unas y las del aeropuerto, otras. Aun así, trataron de coaccionarme al decirme que traía un router, una pieza que nos prohíben importar a los ciudadanos sencillos de Cuba. Ante mi argumento —que evidenciaba conocimientos de informática—, de que era una tarjeta inalámbrica de red, optaron por callar sin consultar a un especialista para comprobar mi explicación. O sea, que ¿creyeron mansamente en mí o estaban presionándome para desestabilizarme y obtener más ventajas? La otra señora a la cual también le decomisaron aquella noche rompió en llanto ante el anuncio de confiscación. Como era una anciana, la atendieron rápido y le dieron un tratamiento especial para evitar una emergencia médica. Ella es residente en Miami y al igual que a mí, no le permitieron pagar el exceso de equipaje. Sin embargo, detrás de nosotros personas del mismo vuelo, salían risueñas por la puerta con sus carritos más repletos que los nuestros y dejaban tras de sí a los funcionarios que los habían atendido con rostros radiantes.

Me apartaron hacia una esquina de la terminal y allí me tuvieron castigada de pie por casi tres horas. Ignoraron que estaba desde las 9 de la mañana en el aeródromo de Miami. Cuando el José Martí se vació de pasajeros, asistió la jefa acompañada de un señor con un saco verde olivo, en el que echaron toda la dedicación alimenticia de mi madre y hermana. Miraba el color de la bolsa y no podía dejar de pensar que en ese hecho, había un mensaje. Salí de allí cerca de la una de la mañana.

No me extrañaría que en poco tiempo se generalice el pillaje de que las valijas pesen una cantidad al abordar los turistas en sus lugares de origen y aumenten “unos quilos” (kg) per cápita al aterrizar en los aeropuertos cubanos.

Además del decomiso, me multaron con mil cuatrocientos cincuenta pesos y me dijeron que tenía un mes para reclamar. Decidí que pese a mi indignación, no voy a interpelar a las autoridades aduanales, porque en Cuba no hay estado de derecho. Tampoco voy a meterme en la órbita del burocratismo y complicidad de las entidades del ramo, que solo proporcionan desgaste al que se involucra en semejante maquinaria. También, porque puede darse la coyuntura de que “gane” el caso para enviar un mensaje equivocado sobre mis compromisos y lealtades.

Este nuevo contratiempo solo me reafirma que estoy en la senda correcta a la hora de combatir y denunciar las arbitrariedades de una dictadura que se tambalea. Mis apetitos son de libertad, democracia y justicia social para Cuba y contrastan con la voracidad mezquina e injusta de los que, como los trabajadores aduanales cubanos simbolizados en “el hombre del saco”, les roban hasta el plato a los viajeros parapetados tras cuestionables y abusivas figuras legales. ¡Buen provecho!

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a Atropellos en la frontera

  1. comienzo dijo:

    son ladrones y bandoleros desde que estaban en la sierra maestra………….. pero el pueblo no quiso darse cuenta……………. hoy 5 decadas despues todavia estamos pagando el pillaje de estos desmadrados………….

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