Barreras de indolencia


Desde hace varios años escuchamos hablar a menudo en los medios cubanos, de las barreras arquitectónicas. Eliminarlas, es una meta inyectada hace unos años en nuestro hacer y léxico nacionales por los equipos de pregoneros del gobierno, que como radares de esponja, están atentos a cuanta campaña proponen o emprenden los organismos internacionales como la ONU, la Fao, la Unesco, la OMS, la OPS, etc., para inflar la trompeta sin sordina de la propaganda y mostrar a esas entidades y al mundo los logros de la cincuentenaria revolución.

Desde pequeña escucho referirse a la inmodestia de las personas que se alaban a sí mismas, con la etiqueta de que “no tienen abuelita”. Tal ayuno de humildad se corresponde en muchos aspectos con la conducta jactanciosa del gobierno de Cuba.

La erradicación de los obstáculos arquitectónicos es una consideración que muchos países han incorporado a su estética citadina y leyes urbanísticas y ejecutan calladamente por respeto a las madres que con sus coches de bebés transitan por las calles, a las personas con discapacidad física que se trasladan en sillas de ruedas y a los derechos y calidad de vida de los demás en general. Aquí hicieron de ese proyecto una campaña empalagosa con la que saturaban —entre otros temas histórico-políticos siempre presentes—, nuestros medios de comunicación y la mostraban en la tele con tal entusiasmo que parecía una iniciativa autóctona. La falta de información es una venda que limita la capacidad pensar y discernir libremente de los cubanos.

La aspiración de suprimir en Cuba los escollos arquitectónicos de las calles y aceras de nuestros barrios es magnífica, pero se avanza poco y mal. Por supuesto que hay excepciones, pero generalmente las rampas que hacen en las esquinas para subir a las aceras, constituyen ellas mismas una obstrucción por lo rugosas y mal hechas que están. ¡Ni hablar de la cantidad de aceras rotas que vemos en diferentes puntos de nuestra ciudad desde hace décadas! Ellas simbolizan las barreras arquitectónicas por indolencia que desdicen y desmienten la buena voluntad de los dirigentes en ese tópico. Al parecer, las autoridades tomaron de prisa esa batuta internacional para dirigir la orquesta de la chapucería y la mediocridad, pero se dieron cuenta después de que el proyecto requería la inversión de grandes cantidades de cemento, un importante rubro exportable del estado desde hace años. En resumen, que esa campaña iniciada hace unos años en nuestro país, como otros tantos asuntos, devino más rollo que película. Es lamentable que hayan convertido a toda Cuba en un país de trabas. Por eso no dejamos de abogar porque se cumpla el proyecto de eliminar los obstáculos físicos, morales y legales que impiden el tránsito de los cubanos por nuestras calles, pero también de todos los que nublan nuestros sentidos, ciegan nuestra comprensión del mundo y evitan que nos insertemos, en pleno uso de nuestras facultades soberanas, en el concierto de países democráticos del mundo.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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2 respuestas a Barreras de indolencia

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