Apagones mentales


En la cuadra donde vivo la empresa eléctrica puso luminarias nuevas el 7 de mayo y el 23 de julio se fundieron. Anteriormente duraron solamente treinta días y se apagó casi todo el barrio, como si en lugar de luminaria se tratara de seres vivos y se hubieran puesto de acuerdo en oscurecer más las noches o iniciado simultáneamente una huelga.

Los residentes del área nos preguntamos cómo pueden romperse o fundirse tan pronto. Un vecino, que se acercó a los enviados de la empresa el día que las estaban colocando, cuenta que le dijeron que las lámparas son chinas y de mala calidad. ¿Será cierto? No son pocos los que piensan que “hay maraña” y mala intención en el asunto del alumbrado público. Algunos, conocedores de las habituales trampas puestas en práctica por el gobierno a través de tantos años de “lo mismo” y asimiladas por toda la sociedad, opinan que son los propios trabajadores de la empresa quiénes las cambian para después vendérselas al que esté dispuesto a pagar por ellas. El procedimiento parece simple: las dejan unos días para que sus jefes o inspectores comprueben que efectivamente fueron instaladas, que la población a su vez también lo confirme, para reemplazarlas después —gracias a las escaleras automáticas de sus camiones— por las fundidas y colocarlas en otros lugares. No es la primera vez que sucede, por eso ya todo el mundo “está sobre la bola eléctrica” de la estafa y la corrupción.

Esta vez, sin embargo, llama además la atención que el apagón público se circunscribió únicamente a los cuatro postes de esta cuadra y no sabemos por qué. Esas pequeñas travesuras eléctricas, no son más que el resultado de la pobreza y el reflejo del mal ejemplo del gobierno que se ha pasado más de medio siglo esgrimiendo pretextos para mantenerse en el poder.

Los vecinos estamos preocupados con esa situación y nos imaginamos que “los cacos” estarán complacidos. Basta lanzar el anzuelo de las oportunidades para pescar delitos; pero parece que a las autoridades no les interesa el posible incremento del pillaje en la cuadra o la localidad. Tampoco piensan en los accidentes que pueden provocarles a los que transitan en la noche por las aceras y calles rotas de indolencia y olvido. Hace años que los que tenemos vista a la calle adquirimos el hábito de dejar encendidos portales y terrazas para proyectar un poco de claridad hacia afuera, pero esa no debiera ser nuestra ocupación y preocupación, sino del gobierno municipal. Es la indolencia de cincuenticuatro años que ya pesan demasiado sobre “el lomo” de la sociedad. Los altos dirigentes del país se han mostrado incapaces de resolver muchos de los males —sistémicos— que aquejan al modelo, por el contrario, con el malsano interés de perdurar en el gobierno, han reincidido en ellos una y otra vez por décadas.

Es hora de evitar los apagones de viejas concepciones inoperantes que nos tienen sumidos en el atraso y alumbrar definitivamente a Cuba con nuevas disposiciones jurídicas y rumbos políticos y económicos que estimulen el progreso de nuestra sociedad. Merecemos un gobierno que sin pretextos políticos distractivos y paralizantes nos encamine hacia el estado de bienestar que merece nuestro pueblo y que seguramente iluminará el futuro de nuestra nación.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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2 respuestas a Apagones mentales

  1. Rosa, ¿qué no es un desastre en Cuba?

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