Sembrar de inmundicias


La pobreza, abandono e indolencia generales que evidencian los basureros en Cuba

Palacio de los matrimonios de la Víbora.

Mayía Rodríguez y Patrocinio —a una cuadra del Mónaco—, esquina transversal al Palacio de los Matrimonios (al fondo) de la Víbora. Clic para agrandar la imagen.

Cuba parece romperse cual dibujo desanimado. No sé cuántos años tendremos o tendrán las futuras generaciones que recoger los pedazos de tanta indiferencia e ineptitud, que solo generan desidia, pérdida del sentido de pertenencia y de valores en general. La hediondez e insalubridad se empoderaron de nuestras calles y de la vida nacional debido a la negligencia o falta de la debida gestión de las autoridades.

Los contenedores de basura se pasan tantos días sin recogerlos que se desbordan y forman vertederos en las esquinas, con la consiguiente atracción de animales y vectores. ¿Qué les pueden pedir entonces —mucho menos exigir— las autoridades a los ciudadanos si continuamente les envían el mensaje nada subliminal que poco les interesan su suerte o asuntos? No es raro descubrir cordilleras de estercoleros de varios metros de largo en múltiples puntos de la ciudad.

A menudo vemos a ciudadanos que opinan en las crónicas audiovisuales en la televisión nacional de acuerdo a la tradición asumida de lo que quieren escuchar los dirigentes y el periodista para no buscarse problemas. Los directivos de la Empresa de Servicios Comunales, la entidad que se encarga de recoger los residuales, se defienden con el simplista argumento de que es un asunto multifactorial y no asumen su responsabilidad por el mal funcionamiento del sector. Pero ¿no es Comunales una empresa estatal? Algunas veces aducen que no pueden cumplir con el trabajo por falta de camiones, otras veces de combustible y otras, de ambos. El resultado es una rama ineficiente, incapaz de cumplir el objetivo para el que fue creada. Esa es “la basura” que no quieren revolver mucho los periodistas, realizadores y pueblo en general, por eso llevan años dándole vueltas a la noria de los desperdicios y como otros muchos temas, no les hallan solución.

Los contenedores suelen romperse debido al peso excesivo de desechos y a la cantidad de días que demoran en vaciarlos. Se quejan de los maltratos de la población, pero esa demora en el servicio de recogida también lo es, al tiempo que constituye una agresión al medio ambiente y a la sociedad.

Antes, los vecinos sacaban sus sobras cuando iba a pasar el camión para no tener esa peste delante de su casa y evitar que “los animales” las regaran. Ahora están diseminadas —peste e inmundicias— por cada esquina de la ciudad. Después de 54 años tampoco se ha creado una infraestructura que provea las bolsas de nylon para almacenar los desechos. El reciclaje de los desperdicios no es más que propaganda. No se han habilitado contenedores ni centros de recogida selectiva, ni se realiza una clasificación y preselección de los residuos para su reintegración y posterior reaprovechamiento.

El mal se ha complejizado a tal punto que lo mismo vemos vertederos de basura en los denominados barrios marginales que en el Vedado, el reparto Kohly o Miramar. En los municipios superpoblados como 10 de Octubre, el Cerro o Centro Habana se agudiza el problema.

Hace más de veinte años que nos finiquitaron el servicio de distribuir el gas a las casas en camiones de la empresa correspondiente para ahorrarse el gasto de combustible. El estado determinó que era mejor ofrecerles a la sociedad la venta de recipientes metálicos con el fluido para cocinar —en Cuba les llamamos balitas, en otros países bombonas—, lo racionó aún más y creó puntos de venta para que cada cual lo fuera a buscar por sus medios. Pero solo al principio se preocuparon de vender un puñado de carritos para esa tarea, a través de los años, las personas han tenido que inventar o improvisar carretillas para ese fin. Urgidos por la necesidad, la pobreza, la impunidad y el desamparo oficial, vandalizan los contenedores de basura, les quitan las ruedas y se las ponen a las carretillas para transportar las bombonas vacías e intercambiarlas por llenas desde el punto de venta hasta las casas.

El espectáculo de los contenedores volteados no es raro, puede significar que los hayan tirado los propios camioneros —que reciben salarios que no cubren sus necesidades ni las de su familia y trabajan disgustados—, o que los haya “preparado” cualquier hijo de vecino para acudir en la madrugada a sustraerles el rodamiento.

Algunos se niegan a adquirir esas rueditas arrancadas a los depósitos de basura para no contribuir a ensuciar, afear y contaminar nuestras calles y ciudad, pues opinan —con razón— que esa conducta no solo atrae a los vectores y por consiguiente a las enfermedades, sino que perjudica a las personas, a otras especies y dañan los ecosistemas. Si desde hace años las autoridades han demostrado que son incapaces de resolver la recogida de desechos, ¿por qué no privatizan al menos parcialmente, el sector? Este es uno de los tantos problemas acumulados por años que se han endemizado en nuestro país y del que aún no vislumbramos una solución.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a Sembrar de inmundicias

  1. Adela. dijo:

    Penoso, triste, e inaudito. Es esa la razón por la cual se tiene allí cólera y otras epidemias que irán naciendo a medida que crezca la cantidad de basura, bacterias, ratones, cucarachas y otros animales. Es increíble lo que uno lee sobre Cuba. Ni aun pagándome un viaje de primera clase iría yo a mi tierra. Prefiero el recuerdo de la isla que ya no existe que me queda en mi memoria. Los tiranos no se dan cuenta que su proceder ante estas situaciones lo único que hace es aumentar su imagen de opresores ante el mundo entero. Han convertido al cubano en gente sin higiene.

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