Vida de perro


La diferencia de clases en Cuba, tanto en los humanos como en los animales

Mi perra Wendy, de once años, enfermó sin que su médico —que siempre la ha atendido y hasta operado en casa— supiera qué tenía. Después del celo más reciente continuó sangrando y mostraba dificultad para orinar. Su galeno necesitaba resultados de investigaciones que lo ayudaran a diagnosticar qué la aquejaba —porque estaba dando tumbos valorativos— para indicarle el tratamiento adecuado. Alquilé un carro y mi niña cuadrúpeda y yo nos dimos “un paseíto” de 10 CUC de la Víbora a la clínica veterinaria de Carlos III y Ayestarán. Si por algo he tratado de mantener a Wendy lejos de esos lugares, es porque en ellos puede entrar con una enfermedad y salir con varias. ¡Tal es el riesgo de contagio!

Después de la cola (fila) para hacerle el hemograma que le indicaron —no le mandaron rayos x porque el equipo estaba roto—, fuimos por medio de su arreo y cadena al departamento de ultrasonidos. Durante el tiempo de espera, la ansiedad de mi can por conocer los olores del lugar nos acercó a dos contenedores de basura que están cerca de la entrada de Ayestarán. El olor putrefacto que despedían hizo que rápidamente me alejara con ella del área y consultara a un trabajador del centro sobre el tema, el que me respondió con absoluta naturalidad que allí ¡desechan los órganos! Me pregunto por qué no hay un crematorio para esos menesteres y para los casos graves que fallecen en el centro.

Como tuve que volver dos veces con posterioridad para llevar y recoger el resultado del análisis de orina, descubrí que alguien dejó a un poodle mediano amarrado y abandonado en la reja de entrada por su estado aparentemente terminal. Si no cuentan con el equipo para incinerar esos casos, deduzco que le aplicarían a la mascota el mismo procedimiento que a la basura y a los órganos.

Unos días después de gastos y consultas estériles —el resultado del hemograma de la clínica de Carlos III era insuficiente, ya que según su veterinario y otro que consulté, ella requería de uno diferenciado— me enteré por una amiga que por 5 CUC podía hacerle una radiografía —por la izquierda— en un policlínico de personas. La placa se haría cual maniobra militar ultrasecreta a altas horas de la noche, amén de que debía volver a alquilar un almendrón porque dicho establecimiento de salud estaba en otro barrio; era tanto el temor de la técnica de rayos x y tan larga la lista de previsiones, que decidí abortar la operación.

Todos los perros van al cielo

No es casualidad que haya escogido el título de dos películas para contar algunas de las vicisitudes y carencias que afrontamos los cubanos de a pie y nuestras mascotas por el deficiente servicio de salud que reciben. Por ejemplo, la clínica veterinaria más cercana a mi domicilio, que está en Calzada de Vento y Aranguren, es un peladero de necesidades en recursos tecnológicos y medicamentos. Para colmo de males burocráticos, los médicos no están autorizados a recetar y por esa razón los dueños de los animales somos sometidos a la angustia adicional de tener que hacer la cola en el cuerpo de guardia del policlínico de nuestra localidad o en la consulta del médico de la familia para solicitarle la prescripción farmacológica acreditada para adquirir los medicamentos. Sin embargo, en las llamadas farmacias internacionales —dolarizadas— venden todo tipo de medicinas sin recetas. O sea, salir del doctor de animales para ver al de humanos. Por consiguiente, de acuerdo a las mentes rígidas que dirigen el sistema de salud cubano, tampoco pueden indicar estudios de laboratorio que los ayuden a confirmar o a descartar un diagnóstico.

Los perros son cariñosos y leales y duran muy poco para tanto amor que desinteresadamente regalan. Con sus atributos, se les debía retribuir al menos, con una atención médica adecuada cuando lo requieran. La diferencia de clases en la atención a ellos no está establecida de acuerdo a su pedigrí, sino al standing de sus dueños, a su filiación política, y a la indolencia, envilecimiento y discriminación de las autoridades competentes.

Un modelo político y dos sistemas de salud

Mucho se ha denunciado y escrito que el sistema de salud en Cuba es engañoso, discriminatorio y clasista, y sabemos de los centros sanitarios habilitados solo para la élite gubernamental y ciudadanos extranjeros.

En la calle 1ra. #18, e/Santa Beatriz y N, está enclavada la clínica veterinaria del Reparto Altahabana que todos conocen como la del MININT, porque está destinada al cuidado de los animales —perros fundamentalmente— del Ministerio del Interior de Cuba. A veces amplía el servicio a la población y muchos animales se benefician con la calidad de la atención y los recursos tecnológicos del centro. Pero no todos pueden llevar a sus animales, pues cobran en moneda convertible.

Para allá me fui a averiguar si podía llevar a Wendy y alquilar nuevamente el almendroncito de Chicho. Pero resultó que están reparando la instalación y solo reciben los casos que ya fueron tratados y ameritan seguimiento. Al mirar hacia el interior a través de la portada de hierro vi un lugar limpio con la apariencia de villa de recreo y con grandes áreas verdes bien cuidadas, que contrasta con la hediondez de la clínica de Carlos III y Ayestarán.

Desde hace tiempo las autoridades insisten en que cuando las personas acudamos a consulta, se nos haga preferiblemente un examen clínico por lo caras que resultan las investigaciones electromédicas especializadas. En el caso de los animales, que no pueden expresar qué tratamiento les resulta más efectivo o de alguna manera los alivia, resulta opresivo e indolente, negarles o limitarles servicios que deben estar al alcance de todos. A menudo muestran en los medios cómo los médicos cubanos que ejercen solidariamente fuera de Cuba, les dispensan una atención esmerada a los naturales de cada país y los someten a todo tipo de pesquisas sin detenerse a pensar en los costes.

¿Debemos esperar a que una afección indeterminada de una mascota empeore por un mal diagnóstico, se haga crónica o le produzca la muerte por la falta de una asistencia sanitaria apropiada? Hasta el presente, parece que a los que deciden les importa poco. Si más allá de la propaganda estatal hay personas que son tratados por este gobierno con desprecio, ¿qué queda para esos fieles animalitos?

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
Esta entrada fue publicada en Política y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Vida de perro

  1. AURORA dijo:

    Hace unos anos, conoci a un hijo de Ramon Castro que criaba lebreles afganos. Este sobrino de los numeros 1 de Cuba se movia por todo el pais a bordo de un carrito regalado por su tio el Kaka, el cual tenia una dedicatoria grabada en el cristal del parabrisas. Supongo ninguno de los perros de este “sobri” tendria que ser tratado en la clinica veterinaria de Carlos lll y Ayestaran

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s