Matar sin dar la cara


Nuevamente el terrorismo llegó a su meta asesina cuando muchos inocentes aún estaban en la línea de arrancada de un maratón que se celebra anualmente en Boston, Massachusetts, desde hace más de un siglo. Naturalmente, el bombazo también estalló en los medios, que nos remitieron a dos jóvenes de Chechenia como los autores del acto de terror que cobró tres vidas e hirió a más de 170 personas.

Me solidarizo sinceramente con el dolor de las familias de las víctimas de este vil episodio que se cometió de lejos y sin dar la cara, y por extensión, con los familiares y amigos de todos los que han perecido en iguales o parecidas circunstancias.

Hasta el momento, la prensa cubana solo se refirió al hecho desde el punto de vista noticioso; nada de los habituales análisis sociológicos y suprapolitizados —con un visible subtexto justificativo— de los motivos que propician que en algunas regiones, países o grupos sociales se inclinen por la violencia como medio de expresar su desacuerdo con determinadas políticas, políticos o centros de poder, que es lo mismo que depositar la vida de personas en la bandeja de entrada de las demandas criminales para enviar mensajes. Los medios oficiales de mi país siempre hacen mención a las injusticias sociales, a la pobreza, a la dominación de países hegemónicos, a problemas culturales y fundamentalismo religioso y usan el muletilloso y abusado término de «doble rasero» para mostrar desacuerdo con el trato que se les da a algunos reconocidos terroristas. ¿No hacen ellos lo mismo? Cuando sus aliados lanzan cócteles molotov son actividades propias de los revolucionarios, si lo hacen los contrarios, son terroristas. Sus aliados de las FARC no raptan, retienen; pero si un grupo antagónico ejecuta una acción análoga, es secuestro. Lo más triste es que estas manipulaciones no se circunscriben únicamente al campo de la semántica, sino que son vulgarmente conceptualizadas. Cuando se trata, como en el caso de Bin Laden, de un exactivo de la CIA, los medios nos sobresaturan de críticas a las administraciones estadounidenses y a sus métodos imperiales e injerencistas de dominación. Cuando hablan de gobiernos partidarios del cubano, como lo es Rusia y sus dos guerras desatadas contra Chechenia para evitar su independencia, la inmoralidad del doble discurso o el silencio cobran ribetes escandalizantes. Quizás estén a la espera del juicio al joven sobreviviente “aterrorizado de crueldades e injusticias” involucrado en la masacre, para destacar lo exagerado del castigo que el sistema judicial de los Estados Unidos le impone al acusado.

Sé que la paz es voluble y está amenazada, cuando menos, por la violencia verbal, las diferencias culturales, socioeconómicas, geopolíticas, estratégicas o intereses diversos y ocultos. Desde tiempos primitivos existieron personas que trataban de dominar a otras y gobiernos o grupos que en legítimo ejercicio de su defensa, aplicaron las leyes como está establecido —a diferencia de las dictaduras— a favor de mantener la paz y la estabilidad política y social. Esos valores y derechos de las comunidades o sociedades se mantienen hasta hoy y debemos respetar, sin injerencismos, los presupuestos que establecen las legislaciones de cada Estado para esas situaciones a la hora de impartir justicia.

Las razones que pueden predisponer a una persona para que elija la opción del terrorismo son disímiles y complejas para analizarlas en el espacio personal de una bitácora, que tiene sus códigos comunicacionales de lectura amena y digerible; pero censuro esos actos contrarios a los derechos humanos, que proclaman la agresión premeditada contra civiles inocentes —ajenos incluso, al objetivo que se persigue—, con el fin de infundir terror a una parte de la sociedad y a través del miedo lograr un fin político o de cualquier tipo. Repudio esas acciones violentas tendientes a crear alarma e inestabilidad sociales, a incitar al odio étnico, religioso o político y que se valen de cualquiera de las armas de guerra —explosivos, armas químicas o bacteriológicas— para poner en peligro la vida o la integridad física y sicológica de las personas.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a Matar sin dar la cara

  1. Arnaldo dijo:

    Queda claro Rosa,que Cuba aplica el doble rasero.

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