La partida de un mortal


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No juzgo al militar y político, me solidarizo con el hombre, el hijo, el padre, el abuelo, el venezolano líder del Partido Socialista Unido de Venezuela e ídolo de sus adeptos: murió Hugo Chávez, el 52º presidente de Venezuela. Desde el 2 de febrero de 1999 salió electo mandatario de su país y el pasado octubre de 2012 fue reelegido una vez más para otro periodo. A partir de su arribo a la silla cimera del gobierno, trató de prolongar buenamente su permanencia en el poder y para ello impulsó un referendo ‘justo’ y modificó la constitución —una práctica repetida en otros procesos llamados revolucionarios— para garantizar la continuidad de un pequeño grupo al frente del país y eternizarse en el cargo con el pretexto “revolucionario” de desarrollar sus programas de gobierno.

Fidel Castro puso su atención en él cuando encabezó en febrero de 1992, un golpe de estado “justificado y bueno” contra el presidente constitucional Carlos Andrés Pérez. Por ese hecho cumplió dos años de prisión —de haberlo hecho en Cuba, probablemente le hubieran sentenciado a más de tres decenios (aunque es especulativo hay ciertos precedentes) o condenado a muerte— y fue invitado por el gobernante cubano a visitar nuestro país. Aquí se le dio un tratamiento de jefe de estado y aparentemente contrajo compromisos que marcaron su recorrido en la política, culminaron con su arribo a la presidencia de Venezuela y rubricaron pública y reiteradamente su eterno agradecimiento al exdirigente cubano. Nadie ha contado la génesis del maridaje político entre un oficial de alto rango de la sabana como él, con un guerrillero de la sierra como Fidel; entre un hombre humilde como Chávez y uno de origen burgués como Castro; entre un dictador que asesinó las estructuras liberales de Cuba y el caudillo con la imagen más democrática que registra la historia de América Latina.

Tiene que crearse una forma de gobierno en los países de nuestra América, en la que los líderes que arriban al poder de forma democrática, defiendan el mantenimiento de los mecanismos que les posibilitaron a ellos llegar hasta allí; ningún sistema político que se sustente sobre la coacción, la violencia física o verbal, la violación de derechos, o sobre la negación de la libertad de expresión de los pueblos y el miedo, puede considerarse realmente libre.

Aunque nunca simpaticé con las ideas y los proyectos de la llamada revolución bolivariana de Chávez —tan parecidos a los que han empobrecido a Cuba a través de 54 años— lamento su deceso y me solidarizo con el dolor de sus familiares y con el de los millones de seguidores que todavía lloran su pérdida física.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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