El niño alado del amor


Bajado de la Wikipedia offlineComo a Dios, las diferentes culturas lo representan de distintas maneras y con nombres dispares, pero su sentido es el mismo: celebrar cada 14 de febrero el “día de los enamorados, del amor o de San Valentín“. Roma, que al revés es amor, fue el lugar donde comenzaron a adorar a Cupido, al que también se le denomina Valentín o Eros, según la cultura. Es una tradición universal que ese día se den obsequios, postales, flores y marcadas expresiones de cariño a su pareja, amigo o cualquier persona por la que se tiene afecto.

El amor, como apunta una vieja canción europea, es la fuerza que mueve la tierra, es el valor humano esencial entre El Creador, las personas y la naturaleza. Es el conjunto de sentimientos que suscitan que hayamos imaginado y creado en nuestro medio obras perdurables —tangibles o no— para el disfrute de todos y continuemos haciéndolo a través de la vida. Es el sagrado deber de no dañar a las personas, proteger a los animales, ser mejores seres sociales, más éticos y serviciales con los demás.

En el archipiélago cubano, en los últimos años, observamos la tendencia del aumento de las uniones consensuales en nuestra sociedad. No obstante, somos un pueblo que ha superado muchos prejuicios y le ha concedido una moratoria a la clásica boda, pero no al amor. De cualquier manera, la falta de un espacio habitacional propio para la pareja cubana —el casado casa quiere, apunta el refrán—, ha incidido en que se hayan impuesto nuevas prácticas amatorias y estilos de vida en las duplas heterosexuales en nuestra población. Si bien la familia constituye el ADN de la sociedad, cuando algo cambia o se interrumpe “en su cadena genética”, toda la estructura se compromete. El hombre y la mujer modernos cambiaron el sentido tremendista a la aseveración «hasta que la muerte (del amor) nos separe».

En Cuba no celebramos Halloween, pero a ese niño con alas, con su carcaj lleno de emociones profundas y sinceras que se dedica a lanzar flechas para atrapar sentimientos, le abrimos las puertas de nuestros afectos y pasiones sin preguntar siquiera. Es parte de nuestro crecimiento y libre albedrío amar; es el ciclo interminable de la historia humana que nos induce a “aparear los pájaros de nuestros sentidos” con nuestra pareja, a abonar el cariño de nuestros amigos, o a consagrarnos a la familia.

¡Feliz día del amor, de la amistad y ¿por qué no?, de la convivencia entre todos!

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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