Modelar una farsa


Gráfico de "commons.wikimedia.org"

Recientemente Rafa, mi esposo, fue a renovar su carné de identidad. Debía hacerlo porque estaba vencido y lo necesita actualizado para otra tramitación en la que está inmerso. Fue a la oficina encargada de esa función, esperó paciente su turno en la sistémica cola de cincuentitrés años, entregó las fotos, el sello de cinco pesos reglamentarios y se marchó tras varias horas con cansancio, dolor de pies por la larga espera, y con la información de que debía volver al día siguiente para recogerlo. Al comparecer nuevamente, le dijeron que no podían entregárselo debido a que está ilegal en el país, pues en las computadoras aparece que se quedó en Canadá durante una misión en el año 2000; que debía dirigirse a la Dirección Nacional de Inmigración y Extranjería, ubicada en 3ra. y 22, en Miramar, para arreglar su situación. Por supuesto que protestó, porque sabe que es un error manufacturado que pretextan las autoridades para desestabilizarlo y que resurge cada vez que es invitado a participar en algún evento en el extranjero y solicita el ignominioso ‘permiso de salida’. Pero es la primera vez que se niegan a entregarle el imprescindible documento de identidad.

Como es natural, se negó a meterse en la órbita burocrática donde lo querían centrifugar. “La equivocación es de ustedes, que representan a la autoridad y por lo tanto, son los llamados a resolverla. Si yo emigré en el año dos mil —le argumentó a la funcionaria—, ¿cómo esta misma oficina me extendió el carné en el 2002?” Ante ese desliz evidente, la encargada le prometió que se ocuparía y lo llamaría con posterioridad para informarle del resultado de sus gestiones. Y así lo hizo unos días después. Hoy mi cónyuge ya está documentado, pero solo para permanecer dentro del territorio nacional. ¿Qué hacer? ¿A quién acudir? Ese es otro de los abusos de la élite histórica cubana que somete a sus gobernados a la indefensión. Es inconcebible que otra persona tenga los mismos nombres y apellidos, haya nacido el mismo día, y sus padres se llamen igual. No, tratándose de un opositor al antiguo y anticuado modelo totalitario cubano.

Esta es la cara real de las autoridades que violan los derechos de sus conciudadanos y con saña los de los disidentes políticos, en un régimen dictatorial que les permite con impunidad esculpir un nadie o triturar con malintencionado descrédito y ‘oficialmente’ a los que se oponen al sistema. No está en las manos de Rafa —ni le corresponde— enmedar «la equivocación» que aparece en la red de la Dirección Nacional de Emigración y Extranjería de Cuba, que lo atraparía en el juego vano, humillante y agotador de someterlo a las —quizás interminables— ‘travesuras burocráticas’ de la policía política. Por ahora solo nos queda la opción de denunciarlo por escrito una vez más.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a Modelar una farsa

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