Flor de caña


Ecuación gráfica del daño ocasionado con el cierre de las dos terceras partes de los centrales en Cuba.Cual si se tratara de un pasaje erótico, cada día se desnuda más la naturaleza arbitraria e improvisadora del sistema o política de precios en Cuba. Igual que la política en sí misma —que diseñada desde la pirámide de poder nos parece caprichosa e ilógica en ocasiones—, permea todos los estratos de la sociedad y marca el hacer y decir de diversos aspectos de nuestra realidad, incluyendo la economía doméstica. Como una arraigada cultura de voluntarismo sultanístico, muchos precios parecen establecerse desde la portañuela (bragueta) de algunos dirigentes, no en dependencia de la ley de oferta y demanda; más aún después de un proceso tan largo como el cubano, que el 1 de enero de 2012 cumplirá cincuentitrés años de hacer y deshacer al antojo de “los guías” primigenios. Lo digo porque después de “digerir” y concatenar ciertas noticias ofrecidas en diferentes ocasiones en el diario Granma, órgano del partido comunista, sobre la agroindustria azucarera, la caña, los centrales y los aperos de labranza, reflexiono sobre esa importante rama que durante siglos fue el renglón fundamental de nuestra economía.

El problema no es sencillo, y pasa primero por la mala decisión de cerrar las dos terceras partes de los centrales azucareros en Cuba con la consiguiente decapitación de la actividad económica de los bateyes y toda la infraestructura creada en torno a los centrales, afectando a otras comunidades campesinas que se desarrollan alrededor de esos centros agroindustriales; lo que conllevó también a reducir los puestos de trabajo en la siembra y cosecha de la gramínea, deprimió las producciones de mieles, energía eléctrica y otros derivados de la caña como alcoholes, alimento para el ganado, bagazo para la confección de muebles, etc. Es medular para la economía la diversificación de la siembra en el sector agrícola, pero no se combate el monocultivo acabando con la industria azucarera, sino creando otras ramas productivas o bases agroindustriales para evitar depender solamente de un producto. La mala decisión de clausurar los ingenios, ocurrió en momentos en que estaba en pleno auge y expansión el mercado de la producción del etanol a escala internacional; lo que transpira una falta de previsión y representó la carencia de una importante fuente de ingresos al país. Las determinaciones económicas de cualquier estado deben estar sujetas a satisfacer las necesidades de los ciudadanos y orientadas siempre a ese propósito, no es justo ni sensato supeditarlas a los caprichos irresponsables e irracionales de una persona o grupo de ellas en detrimento del bienestar y calidad de vida de las mayorías. Otro de los elementos de importancia lo evidencia la potencial pérdida de la tradición azucarera al reducirse el número de trabajadores involucrados en la industria agrícola; además, el desperdicio de los recursos invertidos al desarrollo de los intangibles dedicados durante siglos al fomento de la cultura azucarera. Igualmente parece que olvidaron o ignoraron la importancia que tiene la multiplicidad de las fábricas de azúcar para conseguir que las áreas culturales de caña estén lo más cercanas posible a los ingenios.

En el diario señalaron también la rebaja de los precios de los insumos y el incremento de casi el doble en el pago de la tonelada de caña a los productores independientes. Aquí, me encadeno a la vieja sentencia: “más vale tarde que nunca”, pero ¿por qué esperaron tanto? Sería bueno que fuera del conocimiento de la población asuntos tan relevantes como quién o quiénes ponen los precios a los arados y otras herramientas agrícolas. También trascendió la extinción del Ministerio del Azúcar y la creación en su lugar del Grupo Empresarial de la Agroindustria Azucarera. De igual manera, mencionaron las deficiencias en aspectos diversos en el Ministerio de la Agricultura y “(…) se aprobó la instrucción del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros para esclarecer las políticas generales sobre la elaboración de los objetivos y planes de trabajo en los órganos, Organismos de la Administración Central del Estado, otras entidades nacionales y las Administraciones Locales del Poder Popular.” ¿No es la exagerada centralización la que ha perjudicado ostensiblemente el desarrollo y enajenado el buen desempeño de la sociedad cubana en lo económico, político y social? Tantas contradicciones nos persuaden de que no se puede avanzar con una mentalidad controladora de megapropietarios de un país. Se estimula la producción precisamente descentralizando e interesando a los trabajadores en el proyecto común y en el resultado de las labores, todo lo contrario a lo que han hecho por más de cincuenta años y aparentemente se proponen continuar haciendo. Si no son capaces de instituir los fundamentos para que la sociedad crezca y se desenvuelva sanamente en pro de mejores rendimientos productivos individual y colectivamente, es hora ya de que se produzca la real liberación de las mentalidades y la transición hacia modelos más justos y eficientes para el desarrollo de Cuba.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a Flor de caña

  1. How do I sew chiffon? Is it slick or hard to sew? Guidelines appreciated!.

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