El ojo tras la puerta


El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

 
Antonio Machado (Proverbios y Cantares)

A veces en Cuba, visitamos casas en las que sus habitantes cuelgan la imagen de un ojo en la parte interior de la puerta principal. Es un símbolo asociado a las religiones de origen africano; al igual que otra que muestra una lengua atravesada por un puñal.

Existen muchos ojos sobre nuestro país y sus ciudadanos; ojos foráneos y nacionales focalizados en la sociedad civil que está emergiendo y en los cambios que urge hacer en todos los órdenes de la vida nacional. Y no es que quiera engancharme de una creencia para adornar mi punto de vista con respecto a estos temas, es que están empotrados en nuestra realidad desde hace décadas y concitan la atención de muchos.

En el presente, las autoridades están enfrascadas en la implementación de sus “lineamientos de buenas intenciones”, que es un plan al que ellos llaman ‘programa de actualización’ de su modelo, y en el que enumeran lo que entienden que hace falta hacer —únicamente en lo económico; nada que ponga en peligro su sacrificado e histórico status—, sin que especifiquen cómo realizarlo, ni los pasos y plazos para su aplicación. Los periodistas de la televisión cubana nos muestran en sus audiovisuales informativos, a los representantes de la alta dirección del gobierno en constantes reprimendas a sus cuadros municipales y provinciales, porque no han logrado avanzar en ese aspecto, o lo han hecho muy poco. ¿Cómo poner en funcionamiento lo que hasta ahora era tabú?, es probable que sea una de las interrogantes. En las asambleas de «puñetazos morales en la mesa» y ‘regaños públicos a gritos’, se evidencia la frustración, pero también la desesperación. Han edificado un modelo de gobierno a precio de propaganda y de mirar la paja en el ojo estadounidense y en el de los países capitalistas en general; pero se despreocuparon demasiado en mirar hacia su propio país, y hoy, a pesar del nivel de vida que Cuba tenía hasta 1959 y del potencial humano con que cuenta, somos como el Polifemo discordante por la falta de libertades y democracia en plena modernidad, que buscamos a tientas reestablecer un orden más justo, rescatar nuestros derechos y todas las garantías constitucionales de las que gozábamos cuando ellos arribaron al poder. No hacen falta lineamientos ambiguos: solo reconocer que se equivocaron y revertir lo que cambiaron para mal con el fin de someter a la sociedad y perpetuarse en el poder.

Es injusto que se la pasen sermoneando, a la vez que desconocen su responsabilidad en el desbarajuste económico, político y social que lacera a Cuba desde hace décadas. Después de muchos años de programas y sugerencias de la oposición política cubana, hoy constatamos cómo han ido incorporando algunas de sus ideas en el mencionado folleto, aún cuando la desconocen y condenan a la ilegalidad. Pero esta vez las autoridades aparentan una voluntad real de montarse en el tren de las necesarias reformas. Estamos pasando del “gradualismo” casi inmovilista con que nos adormecían, a una transición galopante que perfila estar condicionada por la enfermedad del presidente de Venezuela, aunque no lo admitan. Pero un verdadero proceso reformador en Cuba, para que sea perdurable, debe garantizar un auténtico estado de derecho y afianzarse en el reconocimiento y legitimidad de las alternativas políticas. Aunque nos atraviesen la lengua con un puñal, debemos continuar insistiendo en estas premisas fundamentales para la salud de los pueblos y mantener «nuestro ojo» centrado en la vida nacional, que hay mucho por hacer todavía.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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Una respuesta a El ojo tras la puerta

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