Convicta 1959-0711


Era una de las tantas reclusas del infortunio, de las que por negarse a usar el verde olivo de conciencia fueron privadas de libertad. Le dieron permiso para salir y se fue sin equipaje, como la imagen que les gusta regalar a los poetas. Pensaba que con su mochila a la espalda con lo más necesario era suficiente. Eso sí, resultaba imprescindible la documentación correspondiente en el país de los salvoconductos. En la puerta de salida, la oficial acreditada, luego de revisar tres veces los papeles, puso seis cuños y autorizó su licencia. Montó la nave celeste hacia una vida nueva sin mirar para atrás. Lo hizo aprisa, porque temía que algún inconveniente de último minuto la halara por el brazo.

Su primer aire libre lo respiró hondo y se aturdió de lleno. Se dio cuenta entonces que debía repetir el acto despacio, que por mucha hambre de emancipación que tuviera, era preferible asimilar gradualmente su reciente condición. Se deleitaba en rescatar olores olvidados; gustos que ya había perdido y descubrir otros que le eran gratamente nuevos. Se sintió pequeña y desorientada en ese entorno desconocido, pero se regocijaba viendo cómo otros ejercían los derechos que a ella le habían robado.

No esperó mucho para buscar trabajo; le gusta ser independiente y satisfacer sus deseos sin pedirle permiso a nadie. Comenzó limpiando los baños de un establecimiento por un sueldo que, después de pagar el alquiler y el resto de las cuentas, solo le permitía una comida al día y un café con leche en la noche. No era mucho, pero el invierno estaba haciendo su entrada y no había tiempo para escoger.

Los primeros días pasaron lindos, como una novela rosa. Después, se asemejaban más al melodrama, con sus nostalgias por lo dejado atrás y el olor asfixiante de los desinfectantes de baño. Su primer abrigo de cierta calidad le consumió casi todo el salario de una semana y tuvo que buscar un trabajo extra para compensar el resto de los gastos. En la noche, caía tan rota en su cama que se le descomponían en fragmentos los sueños. En lo que armaba los pedazos desperdigados por el insomnio, comenzó a ponerle nombres a los objetos para paliar la sed de calor humano en medio de su nevada existencial. Por la mañana se levantaba mareada, porque el mal dormir de toda la noche de almohada, le daba coces en la cervical.

Pasados seis meses ya contaba con un ajuar mejor y mayor de lo que se había permitido soñar. De esa forma descubrió que partiendo de cero —sin herencias— y percibiendo un salario adecuado, se puede adquirir lo más necesario y vivir del resultado de su trabajo. Pero se percató de que en los últimos tiempos la línea de su vida se negaba a curvarse, que estaba siendo presa de la abulia de días iguales y actos repetitivos, y se le secaba la savia con que sazonar su comida de lejanía.

Al año comenzó a reexaminar sus anteriores conductas y antiguos conceptos. Se preguntaba si no había sido demasiado intolerante al juzgar algunos actos de los otros o si no había sabido defender sus derechos cuando se sintió estafada. También, si era normal que guardara rencores porque le habían penalizado los anhelos. Estaba tan ensimismada en su meditación que llegó a pensar si no estaba sufriendo una especie de “síndrome de Estocolmo tropical”. De todos modos, envalijó lo que pudo de lo adquirido en ese periodo, compiló sus quilos y se vio otra vez junto a un ave de metal. Echó una última mirada a lo que podía ver de ese lindo y generoso territorio; se subió al avión y regresó a Cuba.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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3 respuestas a Convicta 1959-0711

  1. These two forms of clothing ties help prevent a wearer from unveiling their bare body. Many surfers appreciate the side pocket on their shorts, that way they can carry important items while in the water, such as a key. Surfers use wax on their surfboards to provide resistance against their feet. Though surf wax helps a surfer when standing on the board, it can accidentally harm them when kneeling on the board. Though made for functionality, the design of beach shorts is known to change more often based on the latest trends in popular clothing style. Many guys prefer wearing their beach shorts low enough that their butt shows. Hurley Board Shorts Board shorts have a waistband that is usually held together by a lace tie, unlike swimming shorts that generally contain elastic waist bands, additionally there is a velcro fly. In addition, it is common for these shorts to have a small side pocket shut with velcro. This pocket is used to carry a key while out in the water. Trunks are usually much longer and baggier than standard shorts or speedos. So as not to slip, surfers rub wax on the end of their surfboards. The length of these shorts is based off of fashion. Shorts come in all different lengths. Some people wear swim wear exceptionally baggy. A persons fashion can be critiqued depending on their choice of swimwear.

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