Nostradamus en almendrón


Regresaba a mi casa en un botero1 o almendrón2 que tomé en la intersección de las calles Línea y G, en El Vedado, desde donde hay una ruta establecida hacia La Víbora. Antes de llegar a la avenida 23 ya el carro estaba lleno. Al joven pasajero que abordó último se le ocurrió comentar “lo mala que está la calle” y fue el detonante por el que todos, incluso el chofer, canalizamos nuestras opiniones. Se expresaron diferentes juicios y nuevos proyectos e ideas políticas, sociales, económicas y hasta filosóficas, sobre los rumbos que debían regir los destinos de nuestro país en el futuro. Drenamos nuestra libertad en esa chatarra rodante y en el ameno y fructífero debate nos enfrascamos una buena parte del recorrido, en el que el iniciador del tema denotó una vasta cultura política que halagaron algunos de los presentes. También expresó que todos en el archipiélago éramos profetas del escenario político, social y económico que inevitablemente prevalecerá en Cuba en los próximos años.

Al pasar el semáforo de Santa Catalina y Vento, el protagonista del debate dijo en voz alta y tono autoritario:

—Chofer, ahora me vas a conducir, sin chistar, el carro hacia Villa Marista, que todos están detenidos.

Nos quedamos atónitos y por unos segundos lentos como la espera, se me ocurrió pensar el problema que tendría al llegar a la sede de la policía política y descubrieran en el proceso investigativo mi añejo expediente de actividades disidentes. Deseé más que nunca tener un “bejuco celular”3 para alertar a mi familia sobre lo complicada que podría salir de aquella circunstancia. No obstante, y dado el mutismo de los presentes, le repliqué algo molesta:

—¿Y por qué? Si aquí solo hemos ejercido nuestro derecho a la libertad de expresión ¿Cuál es el problema? Chofer, ¡no vayas a ningún lado, que este supuesto oficial aún no se ha identificado!

—Señora —me arguyó el botero con acento increpante—, ¿usted me está sugiriendo que desacate a la autoridad? Yo soy revolucionario, aunque no esté de acuerdo con algunas cosas, pero doy mi vida por la revolución y Fidel.

Justo cuando esperaba otra intervención con el mismo incorporado bocadillo de miedo, doblamos hacia Mayía Rodríguez y el joven Nostradamus le ordenó al dueño del vehículo:

—Para en la próxima esquina.

Cuando el almendrón detuvo la marcha le extendió el billete de diez pesos, se bajó y riéndose a carcajadas se fue caminando por la calle San Mariano.

Algunos desde el carro le gritaron improperios de todos los colores, pero él no le respondió a nadie. Se alejó desparramando nerviosamente sus estrepitosas risotadas, y volteándose cada varios pasos como un perseguido enajenado. Después, hubo un largo silencio que duró hasta cerca del final del trayecto, donde me apeé.

No sé si los que viajábamos allí ese día perdimos el sentido del humor o ganamos humor en el sentido, el caso es que sucedió como lo cuento aquí.


1. Botero: el que conduce un vehículo particular y transporta pasajeros como medio de vida.

2. Almendrón: coche o auto, generalmente con más de cincuenta años, que ponen en explotación los trabajadores por cuenta propia y que prestan a la población el servicio de taxi en pesos cubanos.

3. Bejuco: es el término con el que algunas personas nombran jocosamente al teléfono en Cuba.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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3 respuestas a Nostradamus en almendrón

  1. Pingback: Barefoot Rose, a blog from Cuba

  2. habananueva dijo:

    Los cubanos se rien de sus propias desgracias y la doble moral prevalece.

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  3. lazaro dijo:

    bueno a ese tipo hay que buscarlo ahora mismo, porque nos vamos a perder al chaplin del siglo xxi

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