La línea divisoria


Una cuadra después de la Alameda de Paula —rumbo a la Lonja del Comercio— y justo en la esquina de Luz y la Avenida del Puerto, se halla el pequeño Hotel Armadores de Santander, que fue afortunadamente restaurado y embellece el entorno del lado “de enfrente” de la Bahía de La Habana, al que le ha sido lavada la cara arquitectónica. A media cuadra y por la misma acera, está enclavada la Sacra Catedral Ortodoxa Rusa. El contraste con la orilla opuesta (la del margen de la bahía) resulta deprimente; ahí está el antiguo muelle de Luz o el embarcadero de la lanchita de Regla, despintado y salitroso quejándose del tiempo y el desamparo. Pareciera que la avenida del puerto es la línea divisoria entre el saneamiento y la insalubridad, la sensibilidad y la indolencia. Quizás una alternativa a ese abandono pudiera ser que se le cree al historiador de la ciudad una oficina flotante en la rada habanera para que se preocupe y ocupe —como parece ser que solo él sabe— de darle la debida restauración y mantenimiento al embarcadero y a su entorno.

Acerca de Rosamaría Rodríguez Torrado

La rosa descalza, es el blog de una cubana que emite sus opiniones a rostro desnudo desde La Habana, Cuba. Una rosa sin máscaras...
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