Atropellos en la frontera


Imagen de Kubafotos

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El pasado 7 de marzo regresé a Cuba procedente de Miami y me decomisaron setenta libras de comida. No importó que haya comprado el boleto en la agencia de viajes, envío de dinero y paquetes a mi país llamada Va Cuba, la cual se rumora que pertenece al gobierno cubano y que por esos días ofertaba cien libras gratis. Fue un vuelo traumático el de Gulfstream Air Charter, para el que nos orientaron que estuviéramos en la terminal aérea de Miami a las 9 a.m. y que partió de allí rumbo a La Habana doce horas y media después.

Ya desde antes de la ley migratoria que entró en vigor en enero del pasado año, para un cubano del patio enfrentar a los predadores aduanales no es una contrariedad a la hora de salir al exterior. Los problemas surgen al regresar, con “la pacotilla” y otras necesidades materializadas para resolver algunas carencias personales y familiares y con algún “dinero del enemigo” en el bolsillo. Los extranjeros y cubanos residentes en el exterior corren la misma suerte cuando viajan a Cuba. Es que el gobierno de mi país ha convertido al capitalino aeropuerto José Martí en una cámara de estrés, tortura sicológica y frontera de extorsión para muchos viajeros al llegar a esta tierra. Me imagino que igual sucede con las demás terminales aéreas dispersas por el territorio nacional. Es como llegar a la intemperie de las arbitrariedades, del desamparo y del capricho de una tiranía cruda y burda, en donde la ley es una exhibicionista que se pasea desnuda por nuestras calles y aeródromos, nada más. Una regresa con la emoción del reencuentro y aquí nos decomisan hasta el entusiasmo.

Regresé melancólica por los familiares que dejaba atrás, pero me compensaba la reunión con la familia que fundé hace casi 32 años: mis dos hijos varones y mi amado esposo que esperaban ansiosos mi regreso y que me habían anunciado que irían a recogerme. Fui de las primeras en bajarme de la aeronave y también de las que enseguida recogió sus bultos cuando fueron evacuados del intestino del avión. Cuando me disponía a pasar por el último control me anunciaron el decomiso. La comida que habían compilado durante meses mi madre y hermana, personas de bajos recursos residentes en Miami, debía dejárselas por una compleja, tramposa y ladrona cuenta china de los funcionarios de la frontera cubana. ¿Será cierto que las autoridades dictan leyes tan enrevesadas para facilitar la corrupción de sus funcionarios o estaba “mandada a matar” por la policía política? Y si es así, ¿por qué? ¿Qué hice o dije que les molestara para que tomaran represalias a mi arribo a Cuba? Les repliqué todo lo humanamente posible en base a lo que me habían dicho en la Aduana General de la República en el Nuevo Vedado, a la que consulté reiteradamente antes de partir y cuyo teléfono es 881-9723.

Replicaba, pero no podía insistir demasiado para evitar que se ensañaran más. Tal parece que las leyes de la aduana son unas y las del aeropuerto, otras. Aun así, trataron de coaccionarme al decirme que traía un router, una pieza que nos prohíben importar a los ciudadanos sencillos de Cuba. Ante mi argumento —que evidenciaba conocimientos de informática—, de que era una tarjeta inalámbrica de red, optaron por callar sin consultar a un especialista para comprobar mi explicación. O sea, que ¿creyeron mansamente en mí o estaban presionándome para desestabilizarme y obtener más ventajas? La otra señora a la cual también le decomisaron aquella noche rompió en llanto ante el anuncio de confiscación. Como era una anciana, la atendieron rápido y le dieron un tratamiento especial para evitar una emergencia médica. Ella es residente en Miami y al igual que a mí, no le permitieron pagar el exceso de equipaje. Sin embargo, detrás de nosotros personas del mismo vuelo, salían risueñas por la puerta con sus carritos más repletos que los nuestros y dejaban tras de sí a los funcionarios que los habían atendido con rostros radiantes.

Me apartaron hacia una esquina de la terminal y allí me tuvieron castigada de pie por casi tres horas. Ignoraron que estaba desde las 9 de la mañana en el aeródromo de Miami. Cuando el José Martí se vació de pasajeros, asistió la jefa acompañada de un señor con un saco verde olivo, en el que echaron toda la dedicación alimenticia de mi madre y hermana. Miraba el color de la bolsa y no podía dejar de pensar que en ese hecho, había un mensaje. Salí de allí cerca de la una de la mañana.

No me extrañaría que en poco tiempo se generalice el pillaje de que las valijas pesen una cantidad al abordar los turistas en sus lugares de origen y aumenten “unos quilos” (kg) per cápita al aterrizar en los aeropuertos cubanos.

Además del decomiso, me multaron con mil cuatrocientos cincuenta pesos y me dijeron que tenía un mes para reclamar. Decidí que pese a mi indignación, no voy a interpelar a las autoridades aduanales, porque en Cuba no hay estado de derecho. Tampoco voy a meterme en la órbita del burocratismo y complicidad de las entidades del ramo, que solo proporcionan desgaste al que se involucra en semejante maquinaria. También, porque puede darse la coyuntura de que “gane” el caso para enviar un mensaje equivocado sobre mis compromisos y lealtades.

Este nuevo contratiempo solo me reafirma que estoy en la senda correcta a la hora de combatir y denunciar las arbitrariedades de una dictadura que se tambalea. Mis apetitos son de libertad, democracia y justicia social para Cuba y contrastan con la voracidad mezquina e injusta de los que, como los trabajadores aduanales cubanos simbolizados en “el hombre del saco”, les roban hasta el plato a los viajeros parapetados tras cuestionables y abusivas figuras legales. ¡Buen provecho!

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Una causa justa


Heberprot-PEl pasado noviembre un grupo de cubanas y cubanos de Cuba y parte de su diáspora residente en los Estados Unidos, difundimos un documento al que llamamos Demanda Humanitaria, el cual publiqué aquí. Por su importancia y debido al interés mostrado por los que desean adherirse a la petición, les dejo el enlace para que la firmen: http://www.change.org/es-LA/peticiones/demanda-humanitaria

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Barreras de indolencia


Desde hace varios años escuchamos hablar a menudo en los medios cubanos, de las barreras arquitectónicas. Eliminarlas, es una meta inyectada hace unos años en nuestro hacer y léxico nacionales por los equipos de pregoneros del gobierno, que como radares de esponja, están atentos a cuanta campaña proponen o emprenden los organismos internacionales como la ONU, la Fao, la Unesco, la OMS, la OPS, etc., para inflar la trompeta sin sordina de la propaganda y mostrar a esas entidades y al mundo los logros de la cincuentenaria revolución.

Desde pequeña escucho referirse a la inmodestia de las personas que se alaban a sí mismas, con la etiqueta de que “no tienen abuelita”. Tal ayuno de humildad se corresponde en muchos aspectos con la conducta jactanciosa del gobierno de Cuba.

La erradicación de los obstáculos arquitectónicos es una consideración que muchos países han incorporado a su estética citadina y leyes urbanísticas y ejecutan calladamente por respeto a las madres que con sus coches de bebés transitan por las calles, a las personas con discapacidad física que se trasladan en sillas de ruedas y a los derechos y calidad de vida de los demás en general. Aquí hicieron de ese proyecto una campaña empalagosa con la que saturaban —entre otros temas histórico-políticos siempre presentes—, nuestros medios de comunicación y la mostraban en la tele con tal entusiasmo que parecía una iniciativa autóctona. La falta de información es una venda que limita la capacidad pensar y discernir libremente de los cubanos.

La aspiración de suprimir en Cuba los escollos arquitectónicos de las calles y aceras de nuestros barrios es magnífica, pero se avanza poco y mal. Por supuesto que hay excepciones, pero generalmente las rampas que hacen en las esquinas para subir a las aceras, constituyen ellas mismas una obstrucción por lo rugosas y mal hechas que están. ¡Ni hablar de la cantidad de aceras rotas que vemos en diferentes puntos de nuestra ciudad desde hace décadas! Ellas simbolizan las barreras arquitectónicas por indolencia que desdicen y desmienten la buena voluntad de los dirigentes en ese tópico. Al parecer, las autoridades tomaron de prisa esa batuta internacional para dirigir la orquesta de la chapucería y la mediocridad, pero se dieron cuenta después de que el proyecto requería la inversión de grandes cantidades de cemento, un importante rubro exportable del estado desde hace años. En resumen, que esa campaña iniciada hace unos años en nuestro país, como otros tantos asuntos, devino más rollo que película. Es lamentable que hayan convertido a toda Cuba en un país de trabas. Por eso no dejamos de abogar porque se cumpla el proyecto de eliminar los obstáculos físicos, morales y legales que impiden el tránsito de los cubanos por nuestras calles, pero también de todos los que nublan nuestros sentidos, ciegan nuestra comprensión del mundo y evitan que nos insertemos, en pleno uso de nuestras facultades soberanas, en el concierto de países democráticos del mundo.

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Arroz con intriga


Gráfico descargado de Wikipedia.org

Gráfico descargado de Wikipedia.org

Con cadáveres de gusanos, diversa basura terrestre, piedras rompe-dientes y algún que otro fragmento de roca lunar, comenzaron a vender desde el 30 de noviembre en las bodegas de la Víbora —como en las demás—, la exigua cuota de arroz que “nos toca” para diciembre por la libreta de racionamiento. Irónicamente eligieron este mes —cuando muchos celebran cenas familiares por Navidad o fin de año— para salir de una parte importante de un cereal que por su suciedad y color grisáceo más bien parece rollón del que usan para alimentar a las aves. El encargado del establecimiento donde “me toca” comprar, dice que la gramínea es pinareña y que la distribuyeron en todo el municipio 10 de Octubre para los consumidores.

Fui a otra bodega y me recitaron el mismo guión. Ante mi reclamo, me llamó a un lado un vecino para reprocharme que con mi actitud quizás provoque que un funcionario oportunista trate de buscarse méritos al proponer una asamblea de varias horas de cantaleta para aclarar el esfuerzo que realiza el estado cubano para ofertarle mensualmente ese grano a la población. Que quizás hasta un grupo de ciudadanos espontáneamente terminen gritando consignas y agradeciéndole al gobierno a través de sus granjas avícolas, porcinas o a cualquier otra que haya facilitado al ministerio de comercio interior semejante cochinada para su distribución. Dificultan la vida de los cubanos con productos de mal aspecto y pésima calidad, ya que demoran el trabajo del hogar y agotan más a los que procesamos los alimentos para el consumo familiar.

Lo que más irrita es que hasta hoy no han distribuido arroz “liberado” para que compremos sin restricciones lo que nos apetezca o podamos pagar. Como siempre, la alternativa arrogante de “lo comes o lo comes” como si fuéramos cerdos, deja a los ciudadanos en indefensión. La indignación silenciosa de los consumidores consumidos de desidia del área —parece que los cubanos tenemos un pacto de silencio ante los abusos gubernamentales— cuestiona susurrante si sucedería con el arroz lo mismo que con la papa; que una gran donación gubernamental a Bolivia la hizo desaparecer del mercado nacional —solo apareció ocasionalmente— durante casi todo el 2013.

Una vecina de la tercera edad trata de consolarme diciéndome que “cocina y sabe bien”, pero la verdad es que después de perder tres horas limpiándolo, poco me importan su sabor, cualidades o procedencia.

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Demanda humanitaria


  1. En las últimas semanas hemos conocido algunas informaciones difundidas por medios en los Estados Unidos de América, con relación al tema de la posibilidad de comercializar en este país medicamentos producidos en Cuba, especialmente el Heberprot-P, utilizado en el tratamiento del pie diabético. Por otra parte, las autoridades cubanas continúan manifestándose sobre los obstáculos que enfrentan para comprar determinados fármacos e instrumentos médicos producidos en los EE.UU., debido a las restricciones ocasionadas por la política de embargo a la isla.

  2. Alrededor de este asunto se han creado diferentes estados de opinión, tanto a favor como en contra, desestimando las urgencias de quienes prioritariamente deben ser considerados: los enfermos de diabetes en los Estados Unidos que podrían ser tratados con el Heberprot-P evitando, en algunos casos, peligrosas amputaciones de sus extremidades y de pacientes que en Cuba no pueden acceder a tratamientos para curarse o mejorar su calidad de vida, porque algunos medicamentos e instrumentos especializados producidos en los EE.UU. no pueden ser adquiridos por Cuba.

  3. Ante cualquier reflexión sobre esta problemática es importante tomar en cuenta los artículos 12 y 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la “Declaración sobre la utilización del progreso científico y tecnológico en interés de la paz y en beneficio de la humanidad” de las Naciones Unidas, entre otros.

  4. Por todo esto, los abajo firmantes, cubanos y cubanoamericanos, miembros de organizaciones independientes de la sociedad civil y ciudadanos en general, afirmamos nuestra determinación de apoyar, desde una visión del respeto de los derechos humanos, el análisis posible que permita ampliar todo lo relacionado con los intercambios científicos en las esferas del desarrollo de medicamentos y técnicas médicas. Del mismo modo, la comercialización de medicinas e instrumental especializado para estos fines, en aras de satisfacer las necesidades médicas asistenciales de las personas que necesitan ser tratadas en ambos países.

Julio Aleaga Pesant — Periodista independiente
Hildebrando Chaviano Montes — Periodista independiente
Manuel Cuesta Morúa — Arco Progresista
Siro del Castillo Domínguez — Solidaridad de Trabajadores Cubanos
Gisela Delgado Sablón — Bibliotecas independientes
Eduardo Díaz Fleitas — Alianza Democrática Pinareña
Reinaldo Escobar Casas — Periodista independiente
René Hernández Bequet — Partido Demócrata Cristiano de Cuba
Rafael León Rodríguez — Proyecto Demócrata Cubano
Susana Más Iglesias — Periodista independiente
Eduardo Mesa — Centro Emmanuel Mounier
Marcelino Miyares Sotolongo — Partido Demócrata Cristiano de Cuba
Héctor Palacios Ruiz — Unión Liberal de la República de Cuba
Oscar Peña — Movimiento Cubano Pro Derechos Humanos
Pedro Pérez Castro — Solidaridad de Trabajadores Cubanos
Rosa María Rodríguez Torrado — Proyecto Demócrata Cubano
Wilfredo Vallín Almeida — Asociación Jurídica Cubana

Noviembre de 2013

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Raquitismo de productos del agro


Los artículos del agro que consumimos hoy en La Habana, ya sea los que ofertan los cuentapropistas itinerantes —carretilleros— o los que vende el estado en los agromercados tienen una característica común: que todos son raquíticos. Así los veo en diferentes puntos de la ciudad adónde voy. Me pregunto por qué, si hasta hace unos años los vecinos de algunas áreas de la capital teníamos la alternativa de comprar en dos tipos de comercios agropecuarios, ahora estamos obligados a una sola opción. Por ejemplo, en la Víbora, los vecinos podíamos adquirir los frutos del campo en los mercados del Mónaco —más caro— o en el del Sevillano, donde vendían los del Ejército Juvenil del Trabajo —EJT, reclutas que cumplen el servicio militar obligatorio y trabajan para el estado por un salario— y cuyos productos eran más baratos y ostensiblemente de menor tamaño y calidad. Hace unos años cerraron la plaza del Mónaco porque adujeron que habían negocios colaterales e irregularidades allí. Se demoraron —como siempre sucede en Cuba— alrededor de cuatro o cinco años para reabrirlo, con una visible reducción del área de venta y la característica adicional y distintiva de que ahora todas las mercancías son tan famélicas como loas del EJT de antaño. Es decir, que ¿”arreglaron” para desarreglar? No cabe dudas que la población siempre resulta perjudicada, ya que desde hace más de cincuenta años sufre el bloqueo permanente de su propio gobierno.

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Western calabazas


No voy a abordar una trama cotidiana relacionada con el género cinematográfico o literario que sustantivó uno de los puntos cardinales en los Estados Unidos, sino a esa compañía histórica que ofrece servicios financieros y comerciales llamada Western Union.

Hasta hace algo más de tres meses, si algún familiar o amigo del exterior avisaba por teléfono que pensaba mandar “una ayudita” por esa vía a un cubano de adentro, los de aquí tenían la posibilidad de llamar a una de las oficinas de la Western y dar su nombre o el del remitente del envío para ver si ya estaba el depósito anunciado e ir a cobrarlo. Desde principios de julio hay que tener el número de la transferencia para recibir el dinero, si no te “dan calabazas” por teléfono o personalmente, aunque lleves todos los documentos y carnés que evidencien que eres el beneficiado.

Me molesta la sospecha de que esa medida sea el resultado de la gestión conjunta de las que trabajan en los puntos de la W. U. de la capital cubana —casi siempre una fémina—, pues todas las que conozco están enclavadas en comercios dolarizados y “está establecido” que las empleadas de esas oficinas simultaneen su trabajo con el de la tienda. Como es natural, les resulta más estimulante y conveniente económicamente a las de la Western trabajar con los que van a gastar a la tienda, que a los que se dirigen a sus oficinas a cobrar y que saben por sus familiares cuánto les costó hacer el envío.

Fui hace unos días a la sala de navegación o “ciber sin café” del Casino Deportivo para enviar un correo y allí me encontré con una anciana que me pidió ayuda. La informática no ha llegado aún a sus entendederas y a sus dedos artrósicos y desconocía cómo hacerse una cuenta de email para que su hija que reside en el exterior y la subvenciona económicamente, le mande el número de la transferencia. Le escribí en un papel su nombre de usuario y contraseña y se marchó muy agradecida, pero me dejó con la duda de si la próxima vez encontrará a otra persona dispuesta a dejar de lado su gestión comunicacional para socorrerla informáticamente.

¿Qué harán ahora los viejecitos cuyos familiares acostumbran a enviarles con regularidad una remesa del exterior? (En la Cuba socialista y contemporánea decir «remesa del exterior» es casi una redundancia). Sin dudas, el benefactor deberá llamar, con el consiguiente gasto telefónico para dar el número de la operación financiera y que el favorecido pueda recibirlo. ¿Y los viejecitos que padecen avanzadas cataratas, glaucoma, el mal de Parkinson u otra enfermedad degenerativa que les impida hacerlo? ¿Y los débiles visuales? Con tan pocas computadoras con acceso a internet en Cuba, esa medida contra una parte de la población es un abuso tan grande que raya en el desprecio.

Parece que cuando el dinero ya forma parte de las arcas bancarias del gobierno, nada le preocupa a este la suerte que corra para llegar a sus destinatarios, si está en las únicas manos que realmente le interesa al estado cubano: las suyas.

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Restos al viento


Descubrí el cadáver de un perro muerto cual calcomanía en el piso de la intercesión de las calles Amado y Goss, en la Víbora, y veinte metros más cerca de Mayía Rodríguez, a un pájaro también laminado en el asfalto. Esa estampa la obturó mi retina en la cuadra del mercado del Mónaco. Así se deteriora diariamente la higiene en cualquier barriada habanera para los cubanos de a pie. Allí donde murió el animal —no importa si atropellado por un vehículo o debido a una enfermedad—, se dejaron sus entrañas al sol para que la podredumbre infectara el entorno y viciara el espacio olfativo de los transeúntes. Lo peor es el alto nivel de contaminación a que son expuestos los que habitualmente transitan por ahí —entre ellos muchos niños— y el posible foco de transmisión de enfermedades y riesgo de contagio para otros perros vagabundos y hambrientos animales carroñeros que van a curiosear o a alimentarse con los restos del can.

A Cuba la han convertido —también— en un basurero o cementerio abierto de animales insepultos y parece que a nadie le importa. Ese tipo de situaciones no debieran producirse, pero ya que suceden ¿a quién dirigirse o escribir? Es posible que nos llegue una réplica sin rostro ni nombre de entidad y aunque lo tuviera, no llena el vacío de décadas de indefensión, indolencia y cochambre. Lo más lamentable es que las respuestas casi siempre se quedan en el papel, en el artículo e interés personal de un periodista, en una denuncia pública y nada más. ¿Cuándo superaremos la etapa de las explicaciones y enfrentaremos con hechos y soluciones concretas los problemas? El remedio no sería —como acostumbran a hacer las autoridades—, crear más entidades para que atiendan los asuntos y necesidades sociales acumulados por décadas, sino que se deben desburocratizar los organismos o empresas y darles los recursos y potestades para que solucionen rápida y satisfactoriamente este tipo de cuestiones que enfrenta la población y que el estado no resuelve.

Me gustaría ver los alrededores de las residencias, los mercados y centros comerciales que frecuentan los mandamás, sus familiares, amigos y altos jefes militares. ¿Habrán perros callejeros en esas áreas? Es posible que no, para evitar residuos fecales, olores desagradables o el atropello de uno de esos animales. Pero si alguno se extraviara, accidentara y pereciera en uno de esos sitios, seguramente será debida y diligentemente “trasladado” para recibir “rápida” sepultura o cremación. La lógica funciona de manera expedita para los sectores “de arriba” como un ascensor horizontal y vertical que aunque lo parece, no está atascado, sino realmente diseñado para no bajar más acá de determinado nivel.

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Antenas y oídos de los dioses


No es un invento mío, fue en la tele cubana donde dijeron que crearon una red social nacional llamada “La Tendedera” para los usuarios del patio. ¿Pensarán respetarnos por fin nuestro derecho a internet? ¡Ojalá!, pero de cualquier manera no sería un ‘medio respeto’ ni un respeto a medias siquiera, sino una falta total del mismo, que nos limiten o prohíban el acceso a sitios como Twitter o Facebook para constreñir nuestras fronteras sociales, virtuales y mentales. Obligarnos a interactuar dentro del patio es una violación de un derecho humano fundamental y también, irónicamente, casi igual a que nos inviten a una prisión para participar en una conferencia sobre la libertad que ofrecerá un condenado a 55 años de cárcel.

Una amiga —amiguísima— y lectora me llamó por teléfono para señalarme lo de la malla social cubana. Destacó la coincidencia con un escrito mío del que no recordaba el título, pero sí la metáfora. A mí también me sonaba, pero no tenía idea de la fecha aproximada del trabajo ni el contexto en que lo usé. Cacé más tarde la información y pude actualizarme al respecto. Introduje en el xml que guardo del blog el sustantivo “tendedera” y apareció en el escrito SOS: el arma de la palabra que publiqué el 16 de agosto de 2011. En el tercer párrafo del texto expuse: “Pero aquí estamos y estaremos mientras Dios lo permita. Continuaré auxiliándome de la tendedera —en el escrito original no está en negritas— de WordPress, para colgar mis opiniones sin dejarme amilanar por aquellos que andan con su cizalla de derechos, cortando libertades para alimentar despotismos.” ¿Coincidencia o inspiración? No sé si realmente a un oficialista “le gustó” y tomó prestado el término, como dice Aida. Si es así, considero una verdadera lástima que no tengan «las orejas» igualmente atentas para las múltiples propuestas sociopolíticas y económicas que hemos elaborado los opositores a través de los años y cuya implementación coadyuvaría a desatar los nudos de muchos de los problemas que nos aquejan como país y nación. No obstante, los invito a continuar visitando los cibersitios de las organizaciones políticas —ilegítimas para la dictadura— y los de la blogosfera de la emergente sociedad civil alternativa en las que hay muchas personas talentosas que llevan décadas manando antídotos y caminos cual fuente inagotable, preventiva y terapéutica de soluciones e ideas. Bebamos de nuestras fuentes en un diálogo respetuoso, participativo, diverso e inclusivo de identidad cultural. Pese a lo que digan los discriminadores líderes históricos, aún tenemos más, ¡muchísimo más para dar!

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Lauros, Laura


Hace dos años que Laura Pollán abandonó su presencia física y se volvió eterna. Ahora está en la Parroquia de Sta. Rita, en el paseo de Quinta Avenida y en muchas calles habaneras que la vieron caminar invencible empuñando su pacífico gladiolo. Está también en su familia, que vivió y vio crecer su ejemplo de mujer pequeña que reclamaba la liberación de los presos políticos y los derechos de los cubanos en general y se enfrentaba a las turbas paramilitares cual gigante. Está en el mundo, que siguió su valiente camino ciudadano y la distingue y recuerda con el respeto y la dignidad que merece, y está también en todos los que le rendimos tributo a viva voz de los medios o en el anónimo silencio de nuestro pensamiento. Desde sus ojos claros nos dio la claridad de un camino que se acorta cada día más para instituir verdaderamente el respeto a los derechos fundamentales de toda la sociedad y democratizar a nuestro país. Ella contribuyó con su entereza y esfuerzos a lograr la disminución de esa distancia y a que los decadentes inmovilistas del gobierno liberaran —aun con la figura legal de su elección— a los prisioneros políticos cubanos que habían sido condenados a penas descomunales por disentir pacíficamente de la dictadura castrista.

Este 14 de octubre conocimos de un nuevo acto represivo, intransigente y abusivo por parte del gobierno cubano hacia las Damas de Blanco. La irrupción violenta de bandas progubernamentales en Neptuno #963, la sede de la organización que fuera la casa de Laura, cuando estas se disponían a realizarle un homenaje por el segundo aniversario de su deceso, es una prueba de cuánto se esfuerzan algunos dirigentes oficialistas por alimentar la fábula infantil de “la justicia ciudadana” que defiende “espontáneamente” al gobierno ineficiente que arruinó a Cuba y que ‘se sacrifica’ en el cargo desde hace más de cincuenta años. Esa bien elaborada, aunque indigna estrategia de enfrentar a la sociedad contra sí misma, es una patraña diseñada para amedrentar al pueblo, mantenerlo paralizado y ellos continuar ejerciendo fácilmente el poder y el control.

Entre los años 2010 y 2012 perdimos a varios compañeros de lucha. Fueron tres años consecutivos que hicieron que el mundo mirara más atentamente hacia nuestro país y se preocupara por esas oportunas defunciones para el régimen cubano. Laura se nos fue en el 2011 y el futuro de Cuba aún se dirime entre los cambios impostergables que necesariamente vendrán, los mínimos propuestos hasta ahora por la gestión de Raúl Castro, que no solucionan los grandes problemas de Cuba y los virtuales, que el gobierno se empeña en tratar de realizar para mantenerse o reciclarse en el feudo que heredarán a sus familiares e incondicionales de la más alta nomenclatura militar.

El 2013 casi termina y despeina sus canas para Cuba con verdaderas y falsas señales que elaboran las autoridades con el propósito de confundir a la comunidad internacional, pero sobre todo con el fin de evitar que la alta dirección del país cambie de manos. Laura, como muchos, lo sabía, por eso desde el campo de flores donde su hija la esparció se alza alerta, combativa y victoriosa, y su ejemplo se multiplica y masifica en otros muchos jardines de gladiolos en marcha permanente por instaurar un auténtico estado democrático de derecho en Cuba, e impedir que otro grupo de hombres deshonestos secuestre el gobierno del país.

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Pausa impuesta


Estimados cibercómplices y visitantes en general:

Reaparecen mis escritos ahora que las circunstancias me permitieron volver a publicar. Pasé más de quince días —no sé si por un problema técnico o de censura— sin poder entrar a administrar el blog. Ahora que gracias a un amigo resolvimos el problema, voy a continuar con mi sicoterapia democrática y drenando mi libertad de conciencia por medio de la bitácora. Me disculpan los textos desfasados, es que como ya dije una vez, quiero dejar constancia de mi opinión o posición con relación a algunos temas.

Bueno, después de casi un mes, aquí estoy otra vez. No es la vuelta, pues nunca me fui, lo haré solo cuando Dios quiera.

Mis respetos para todos siempre,

Rosamaría.

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Bañarse días alternos


Imagen tomada de Todo fugas

Imagen tomada de Todo fugas

Cada noche alterna entre las 8 y las 10 “le toca” el agua a la zona donde vivo y cuando pasa un rato, mi cuadra se exhibe brillosa cual espejo de la luna. Es que la tubería conductora del acueducto “se sale” en ese tramo —y en muchos otros de diferentes cuadras, barrios y municipios— y a falta de carros limpiadores de calles, que no se ven desde hace años en las barriadas habaneras, nos queda la impotente alternativa de mirar como el escape de agua higieniza y lustra mi arteria de asfalto bajo la luz opaca de una efímera luminaria china.

En la Víbora es ya tradición que cada vez que llueve se inunden las vías y los vecinos y transeúntes se sientan como náufragos a la deriva de agua y desechos, pues como tampoco barren las calles y la basura de los contenedores la recogen cuando les da “la (mala) gana”, los desperdicios son arrastrados hacia los sistemas de drenaje más cercano y los tupen. Después que pasa el aguacero, es común ver mucha inmundicia trabada en los neumáticos de los autos parqueados a un lado del camino y mucha suciedad y objetos diversos —flotantes o no— cambiados de lugar por las aguas.

Resulta irónico sentarse frente a la tele y ver spots dirigidos a los ciudadanos que hablan de medidas higiénico-sanitarias e incitan al ahorro del líquido vital en nuestros hogares, lo cual me parece bien. “Gota a gota el agua de agota”, dice uno de ellos. Todos conocemos de la importancia de ese líquido para satisfacer necesidades humanas fundamentales y que de él dependen actividades industriales y recursos energéticos que nos son muy necesarios. Sin embargo, el líquido vital que consumimos en el uso doméstico está contaminado con las aguas residuales debido a la cantidad de tubos y sumideros rotos que existen y que son el resultado de años de negligencia. De igual modo, mientras que en muchos lugares de La Habana son públicos los salideros, en otros no tienen agua corriente por años, meses o días por la mala organización y distribución en el abastecimiento y porque las redes del acueducto son demasiado viejas. Casi todas datan de antes de 1959, o sea, que en más de 54 años no ha existido la voluntad política de resolver este tópico primordial para la población. Cuando se rompe una tubería de la calle y los vecinos llaman a la entidad estatal “Aguas de La Habana”, sus fontaneros asisten como si fueran poncheros, armados con pedazos de cámara de neumáticos para enrollar la cañería y resolver el problema como si se tratara de un pinchazo en una rueda.

Quizás alguien piense que debía estar contenta porque mi cuadra se baña días alternos, pero ¡hay tantos lugares en nuestro país y en la capital cubana que carecen de ese valioso líquido!, que no me queda sino pensar en el aseo que también necesitan en Cuba muchos cargos públicos, cuyos burócratas no permanecen en ellos por su eficiente gestión ni por el servicio que brindan a la población que supuestamente los eligió, sino por su adhesión incondicional a un régimen contaminado de ineficiencias administrativas y políticas albañales durante décadas.

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Oscar in memóriam


Conocí a Oscar Espinosa Chepe† en casa de otro opositor alrededor del año 1997. Después tuve la posibilidad de relacionarme más con él cuando iba a la sede de CubaPress, ubicada entonces en la residencia de Ricardo González Alfonso, en Miramar, para que el editor de esa agencia de prensa le examinara el escrito próximo a publicarse. Tan atento estaba de emitir su criterio responsable y de la mejor manera posible, que al cabo de un tiempo, Germán Díaz Castro me dijo que los trabajos que Chepe le llevaba ya no necesitaban revisión. En su empeño por “decir y escribir bien” había adquirido la pericia necesaria para aportar con inteligible maña periodística sus observaciones económicas sobre la situación cubana.

Años de actividades opositoras y periodísticas nos hicieron coincidir varias veces, y en él siempre hallé a un conciudadano decente, cordial, solícito y solidario, a un compañero de lides pacíficas tan correcto que nunca “tiró la tiza” del mal proceder con sus compatriotas de lucha. Sus derroteros civilistas, opositores y economistas, sumados a la naturaleza dictatorial e intolerante de las autoridades cubanas, lo llevaron a la injusta prisión en marzo de 2003. Fue sancionado a veinte años y excarcelado con licencia extrapenal al año siguiente. Salió con la misma humildad y sencillez, sin los rencores que corroen y debilitan la moral y el carácter, y que caracterizan a algunos de los dirigentes dictatoriales que ordenaron su encierro. De la prisión salió rotulado con el padecimiento que cerró sus ojos a la vida hace unos días y se los abrió a la inmortalidad.

Este domingo 22 de septiembre se nos ausentó físicamente. Yo prefiero recordar esa parte de la biografía del Chepe que conocí: educado como un diplomático y tan sencillo y soñador como cualquier patriota opositor al régimen totalitario. Ese que trabajó tanto por y para Cuba, que aún tendremos por muchos años la luz de sus análisis y sabiduría guiando nuestros rumbos económicos democratizadores. Esos que inevitablemente vendrán a crear e incentivar leyes que estimulen el comercio y la producción para que nuestro país pueda prosperar definitivamente sin este fracasado socialismo planificador —centralismo— en el que el gobierno ha sido el gendarme azotador y destructivo de nuestra economía y del archipiélago en general.

Les envío mi sincero pésame a su viuda y demás familiares por el deceso de Oscar, así como a todos los que como yo, se afligen por tan sensible pérdida. Q. E. P. D.

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En clave de sol


Cero internetEl sol asesino que se posa sobre Cuba cada año me golpeó más fuerte este agosto, pues tuve que moverme varias veces hasta la dependencia de ETECSA que está en el Casino Deportivo para usar la sala de navegación que allí tienen. La misma está a dos quilómetros de mi casa y no hay cómo llegar a ella si no es a pie, a temperatura de alfalto bajo las suelas y ardor de mediodía en el pellejo. Los carros de alquiler cobran dos CUCs o el equivalente en pesos cubanos por transportar a alguien desde el Mónaco hasta allá. En ese centro tienen solo tres tristes maquinitas para una población de varios miles de habitantes. Una de las dos porteras de turno, la rolliza “buena gente” que dormita a ratos en su silla de aburrimiento, les reserva y cuida los lugares, mientras descansan en sus casas, a los vecinos de los edificios de enfrente, quizás para combatir el soporcito que a cada rato la hace cabecear. Así que amén de esperar y luchar con la cola de la población, también hay que hacerlo con los “turnos reservados” de esa cuidadora dormilona.

Lo más triste es cuando nos urge conectarnos y descubrimos que no nos queda crédito de la tarjeta que cuesta $ 4,50 CUCs la hora y que solo tiene vigencia de un mes. Si al querer comprar otra coincidimos con la oferta especial de rebaja de la línea telefónica móvil que brinda esa empresa —la única— en Cuba, es un problema realmente irritante. El apiñamiento demográfico se concentra en la entrada, acera y parterres de esa entidad por la reducción de precio y las trabajadoras en su interior te hacen permanecer al sol, la, sí tropical y otras notas disonantes que te solfean obscenamente. Es indignante que castiguen a los usuarios por asistir a ese centro y hacerlas escribir a la increíble velocidad de una tecla por segundo. A los que van allí en esos días los denigran con una sola cola para todo, cuando la venta de la tarjeta es un proceso más sencillo y rápido que el “cuéntame-tu-vida” que tienen que llenar con el contrato telefónico.

Este pentagrama veraniego coincidió con las vacaciones escolares. Adonde quiera que una iba todo estaba repleto, y ese ciber “en straight” no podía ser una excepción. Una reposaba su sentadera frente a la compu algo cansada y frustrada por la espera y además de eso tenía que soportar el calor y que el administrador de red deshabilitara el clic derecho, con lo cual imposibilitan “copiar y pegar”. Es decir, que aunque se lleve el correo previamente escrito, hay que transcribirlo en sus máquinas y consumir más tiempo de conexión. La velocidad es de carreta de bueyes, quizás por la incapacidad de los informáticos o por los programas espías que instalan en el servidor para monitorear lo que hacen y escriben los usuarios.

En este septiembre volví y todo sigue más o menos igual. En cuanto a que puedan tenerlo los particulares en casa, nadie pierde las esperanzas a pesar del bloqueo informático e informativo —entre muchos otros— de las autoridades cubanas. Nada, que parece que aún nos queda mucha “patica” que dar para navegar descalzos en el asfalto caliente de una dictadura con un discurso político agotado, pero que aún mantiene un férreo control en muchos aspectos de la vida nacional.

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