Deben estar de fiesta los viejos dirigentes de Cuba, porque otra vez sus antagónicos congresistas norteamericanos de origen cubano les ponen en bandeja de oro los renovados y ancianos motivos para brindarles a sus cuadros y oficiales el banquete argumental con que justifican y “alimentan” la rigidez del modelo. Es el recurrente bofetón a distancia de los extremos en una política fósil que no ha resultado, que tiene casi 53 años y que aún así se niegan siquiera a replantearse por el bien de la sociedad cubana.
El 13 de diciembre la primera plana del Diario Granma nos informó que el Congreso de los Estados Unidos analizaba un proyecto de ley que restringiría “again” los viajes de estadounidenses y cubanoamericanos a nuestro archipiélago, así como el envío de remesas a Cuba. Citan al Chicago Tribune y destacan que la iniciativa está patrocinada por Mario Díaz-Balart, representante republicano por el estado de Florida. Añade que la medida intenta reinstaurar las restricciones aprobadas durante la administración de George W. Bush, como un solo viaje cada tres años para los cubanoamericanos por razones de “reunificación familiar” y un límite de 1200 dólares anuales por concepto de remesas; y que quedaría anulado, ipso facto, el relajamiento de las sanciones aprobado por el presidente Barack Obama. Es una estrategia diseñada para tirarle las puertas a cualquier posibilidad de diálogo, en lugar de extenderle los brazos a la reconciliación nacional.
Desde hace tiempo, de este lado, la dirección del país había anunciado —entre las tímidas reformas que han intercalado por el peso del desastre que gangrena a Cuba—, la abolición del “permiso de salida” y la facilitación para viajar a nuestra casa común a los emigrados cubanos. En las más recientes medidas publicadas continúan sin pronunciarse ni legislar al respecto. Desconozco si se apoyarán en esta senil estrategia que divide y les sirve a unos y a otros para defender sus respectivas parcelas y retóricas. Yo continúo defendiendo mi verdad, y como en el juego de dominó, escojo una tercera posición para no ser la ficha comodín de ninguna facción, doy un golpe en la mesa y actúo de acuerdo a lo que considero mejor para la nación cubana: ¡paso!
























Parte usted del razonamiento de que a mas restricciones mas privaciones para el cubano? Entonces le invito a responderse a si misma estas preguntas.
Durante el gobierno de Obama no ha tenido el cubano de la isla las restricciones del gobierno de Bush. Ha sido mejor la vida material del cubano durante el gobierno de Obama que lo que fue durante el gobierno de Bush? Tiene menos derechos secuestrados ahora?
El otro argumento acerca de brindar un pretexto a los Castro, no parece muy solido. Eliminadas hoy mismo resticciones y embargo, cree usted honestamente que faltarian pretextos al castrismo y a la izquierda internacional para apoyarse en ellos? Faltan pretextos en la Venezuela chavista o faltaron en Europa del Este?